Película. X-Men: Primera Generación – Matthew Vaughn, 2011.

Desde que vi “X-Men” en el año 2000 me volví seguidor de la serie. Nunca he leído un cómic de esta serie de súper héroes, pero a película me fascinó por su acción y su temática. Luego de la primera, la segunda y la tercera no me decepcionaron en lo absoluto y considero que, entre las tres, hacen una saga bastante redonda y valiosa. Por eso empecé a sentirme ansioso cuando llegó a los cine “X-Men Orígenes: Wolverine”. Aunque bien sé que en el cómic los mutantes son muchos y cada uno merecería por su complejidad su propia película, sencillamente no pude dejar de ver en ese filme los ojos de productores codiciosos que buscaban los últimos dólares de una franquicia que ya parecía haber terminado. Aquí mis comentarios sobre la más reciente (y quinta) entrega: “X-Men: Primera Generación”.

La película arranca, como la primera del 2000, con la demostración de los poderes de Eric Lehnsherr cuando apenas es un niño en los campos de concentración nazis. En la angustia por ser separado de su madre, tuerce las rejas de grueso metal que hacen la prisión de los judíos. Un científico que trabaja con los alemanes, Sebastian Shaw, llama a Eric para informarse mejor sobre sus poderes y lo obliga a mover con la mente una moneda. Eric, que aun no domina su mutación, es incapaz de hacerlo. Como pago por su incapacidad, Shaw mata a su madre.

Mientras eso sucede en Alemania, viajamos a Estados Unidos para encontrarnos con un niño norteamericano con un poder especial con el que lee la mente de otros. En una noche oscura, encuentra en su casa a una niña menor que él que tiene el poder de transformarse en la persona que ella desee. El niño es Charles Xavier y la pequeñita es Raven. Charles le promete que la cuidará por siempre.

Un salto de muchos años al futuro nos llevan a un Eric adulto que va por el mundo buscando a Shaw y otros sobrevivientes del régimen nazi, dejando en el camino un rastro de muerte. Mientras tanto, Charles Xavier estudia a fondo el fenómeno mutante y descubre que hay muchos otros que, como él y su pequeña amiga, tienen habilidades especiales. A su vez, en otro lugar del mundo Shaw (que también resulta ser un mutante) inicia un plan para que los Estados Unidos y la Unión Soviética se ataquen e inicien la Tercera Guerra Mundial. Su plan es que los seres humanos se aniquilen y los mutantes (que seguro sobrevivirán a la guerra) dominen el mundo.

¿Suena complejo? Pues no lo es, el director sabe llevarnos por cada una de las tres historias de manera escueta y clara. Vemos cada desarrollo con claridad e incluso podría decir que mucha diversión. Además, no podemos dejar de lado que estos personajes son aquellos viejos amigos que ya conocemos en los trabajos de Ian McKellen, Patrick Stewart y Rebecca Romjin.

La cosa empieza a ponerse interesante cuando Xavier salva a Eric en uno de sus intentos de venganza contra Shaw. Desde entonces, le pide que lo acompañe para que pueda maximizar sus poderes a través de la calma y no soltarlos a lo bestia a través de la furia (como aprendió a hacerlo desde sus días en el campo de concentración). Juntos, Eric y Charles van por el mundo reclutando otos mutantes y fortaleciendo su amistad.

Para cuando llegamos al clímax sucede lo mismo que en todas las películas de los Hombres X: un grupo de ellos quieren defender a la humanidad y un grupo de ellos quiere destruirla. Eric y Charles están a la cabeza de quienes quieren defenderla y Shaw es el líder del grupo que desea destruirla. Como en “X-Men: La Batalla Final”, el conflicto no puede ser más claro.  Sólo que a diferencia de la tercera película, aquí Eric busca una venganza que lo ha consumido durante años.

La película tiene todos los elementos que funcionaron en los filmes anteriores y que se dejaron de lado en “Wolverine”. Las relaciones entre los personajes son intensas e interesantes, sobre todo entre Eric y Charles y Eric y Shaw. Vemos de manera clara y entretenida como los luego dos grandes enemigos eran en realidad amigos entrañables y tenemos la oportunidad de cómo esos vínculos de cariño se fueron construyendo.

Las actuaciones son mayormente buenas. James McAvoy es convincente como el muy joven doctor Charles Xavier y Michael Fassbender está extraordinario como el joven Magneto. Gracias a este filme podemos ver los orígenes de personajes como Mystique y Bestia y conocer a otros que nunca habíamos visto, como Riptide, Azazel o Emma Frost.

Quiero sobresaltar los esfuerzos del guión para colocar los acontecimientos en un momento histórico bien claro e importante: la crisis de los misiles de Cuba. Aunque ya al final insertan cosas que claramente no sucedieron, la película intenta en la mayoría de su desarrollo apegarse a los hechos históricos de aquellos críticos días de los años sesenta. Ello llena la historia de interés y un dramatismo especial que la enriquecen.

El mensaje que permeó las tres primeras películas de los X-Men sigue presente: la tolerancia (o intolerancia). En ocasiones podemos reemplazar a los mutantes con las minorías y darnos cuenta que esta saga tiene, en realidad, un mensaje maravilloso de comprensión a las minorías, de respeto a los seres humanos por ser mucho más de lo que nos describe el prejuicio o las ideas ignorantes de la mayoría. Y, como siempre, tenemos a un Magneto que no está dispuesto a soportar que lo humillen y lo consideren menos valioso que la mayoría y un Xavier que, si bien sabe que Magneto tiene razón, considera que hay que tener paciencia, amor y comprensión por aquellos que lo persiguen.

Matthew Vaughn, el director

Una de mis quejas hacia la película es los problemas de continuidad que hay con la trilogía previa. Hay contradicciones claras que siguen la técnica de George Lucas, aquella en donde no importa lo que digan las películas posteriores, podemos poner en las precuelas lo que se nos pegue la gana, al fin que la mayoría de nuestra audiencia ni se acuerda de esa clase de detalles. Pero hay quienes se acuerdan, sobre todo si son detalles tan importantes como cuándo Xavier pierde la capacidad de caminar, los colores y diseños en los trajes o las personalidades de algunos de los mutantes. Sencillamente ésta ya no parece continuar en las que ya vimos, estos detalles la hacen parecer una historia aparte.

Un par de notas finales. Primero, que la música es extraordinaria. Henry Jackman nos entrega un soundtrack que a mí me pareció muy bueno, sobre todo para un músico que apenas había trabajado en cosas como “Kick-Ass” o “Winnie the Pooh”.

Segundo, que la película tiene un par de cameos que no sólo son muy buenos sino que además no se sienten forzados, vienen perfectamente al caso y uno de ellos, en específico, es tremendamente divertido.

Recomendaría que la fueran a ver si quieren pasarse por el cine (y porque no creo que haya nada mejor en las salas por el momento), pero no les pido que corran a verla. Es entretenida, tiene un mensaje poderoso y necesario, pero no es la gran película del verano que muchos estábamos esperando.

¡Buena Suerte!

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