Libro. La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire – Stieg Larsson, 2007.

A diferencia del primer capítulo de la Trilogía Millennium, “La Chica que Soñaba con un Cerillo y un Galón de Gasolina” no tiene un final cerrado, sino que deja las cosas en suspenso para que continúen en el siguiente libro. Es por eso que al terminar de leer aquél no pude hacer otra cosa que correr a conseguir el tercer capítulo de la serie. Si bien creo que el final del segundo libro pudo dejar las cosas en un mayor suspenso, nos conmina a leer el tercero. Por esto les dejo aquí mis comentarios sobre el último libro de la serie: “La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire”.

El libro comienza, como he dicho, en donde terminó el anterior. Lisbeth Salander y su padre son transportados a un hospital de emergencias en donde los médicos trabajan con ahínco para salvar sus vidas. Mientras tanto, el hombre que intentó asesinar a Lisbeth, Ronald Niedermann, ha escapado. La policía ahora lo persigue por los asesinatos que se le imputaban a Lisbeth en el segundo libro, pero parece que se desvaneció en el aire.

Mientras Lisbeth lucha en el hospital por salvar su vida, una sección ilegal de la policía secreta de Suecia, la Sapo, empieza a mover sus piezas para terminar con el problema de Zalachenco de una vez por todas. Y el problema de Zalachenco tiene dos vertientes: por un lado el mismísimo Zalachenco, que utiliza a todo el sistema político de Suecia bajo amenaza de hablar, de decir quién es y así ridiculizar el sistema de política externa del país. Por el otro lado, Lisbeth Salander sabe quién es Zalachenco y podría poner patas arriba a todo el sistema sueco.

“La Sección” criminal de la Sapo no está dispuesta a detenerse ante nada antes de lograr su cometido y está dispuesta a asesinar a quien se le ponga enfrente. Pero quienes se le ponen enfrente son todos los amigos que apoyan a Lisbeth y quieren evitar que se convierta en una víctima de este cruel grupo de espionaje. Por un lado Mikael Blomkvist conoce la historia de “La Sección” y desea publicar sus crímenes; por el otro Dragan Armanskij, dueño y presidente de Milton Security, hace todo lo posible por defender a Lisbeth de sus poderosos enemigos. Ninguno de los dos tiene la menor idea de con quién se están metiendo.

El resto es una lucha de poderes. ¿Será capaz el grupo de Lisbeth de salvarse de la persecusión y las crueles tácticas de “La Sección” secreta de la Sapo? ¿Podrá Lisbeth salvarse de los intentos de asesinato de su padre? ¿Quien creerá que las acusaciones que pesan sobre Lisbeth son en realidad invenciones de un grupo criminal de espías dentro del gobierno sueco? ¿Cómo podrá Lisbeth desde el hospital defenderse de sus enemigos, asociados con policías respetados, fiscales admirados y psiquiatras con una credibilidad intocable?

A diferencia de las primeras dos novelas, llenas de datos sobre un tema en específco (la primera sobre el maltrato de las mujeres en Suecia y la segunda sobre el tráfico de mujeres en el mundo de la psorstitución), ésta no se inserta en una temática similar, sino que le da vueltas a los procesos gubernamentales de Suecia, los gobiernos socialistas, los gobiernos de centro y un poco de relaciones exteriores. Sin embargo, todo el jugo de la novela está en las estrategias de ambos grupos (el de Lisbeth y los espías de la Sapo) para fastidiar al otro.

El formato de la novela es bastante similar a Millennium 2, con todo el libro describiendo una investigación. Así como en el segundo libro la investigación reza sobre los presuntos asesinatos cometidos por Salander, ésta reza sobre los actos cometidos por “La Sección”, que van mucho más allá de asesinatos. A diferencia de una Lisbeth escondida, “La Sección” está activa y no deja de moverse durante toda la novela: fingen un suicidio aquí, asesinan a alguien allá, intentan inculpar a alguien acullá.

Sin embargo, el libro no logra nunca hacernos creer que los héroes están en peligro. A pesar de que “La Sección” supone ser un grupo amenazante, los vemos todo el tiempo un paso detrás de sus enemigos. Blomkvist, Salander y Armanskij dominan todo lo que hacen y no hay nada que “La Sección” haga que no termine siendo descubierto por “los buenos” de la novela. Todo lo contrario le pasa a “La Sección”, que nunca saca las conclusiones correctas y siempre termina decidiendo justo lo que “los buenos” necesitan en el momento justo.

El clímax del libro es extraordinario, pues vemos al grupo de Lisbeth pisotear y destruir a sus enemigos de manera que es, para “La Sección” sorpresiva e inesperada (aunque no para el lector). Ahí se reúnen todos los datos, todas las enemistades y todos los antagonismos de la trilogía. Es la venganza de “los buenos” de una manera pulcra y sin queja. Como lectores podemos amar esta secuencia porque nos cumple una fantasía compartida por todos: la fantasía de que ciudadanos comunes y corrientes pudiéramos vencer a los poderosos a través de los sistemas de justicia sin que quepa duda alguna y sin que haya repercusiones para nuestra vida y nuestra libertad.

Además de la historia de “La Sección” la novela hace algunos paréntesis para contarnos una historia sobre acoso laboral. Larsson usa estos paréntesis para hablar un poco sobre el tema, especialmente enfocado a las empresas suecas llenas de hombres en los puestos directivos y el maltrato laboral de la mujer en los rangos superiores. Estos paréntesis son entretenidos pero llegan fácilmente a un cierre que, desde mi punto de vista, debió ser mucho más complicado. Quizá Larsson, y esta es sólo una suposición, estaba dispuesto a seguir estas historias en otro volumen de Millennium, pero su muerte no se le permitió.

Algo de este tercer volumen que me recordó la primera novela de la trilogía es la paja del final. Después de secuencias emocionantes y de casi mil páginas de acción que no se detiene, volvemos a los aburridos viajes de Lisbeth donde el autor profundiza en algo que ya sabíamos y que no es tan importante. ¿Realmente necesitábamos conocer el lugar en donde Salander tiene a un fulano invirtiendo su dinero? Y aun peor, ¿necesitábamos conocerlo cuando que ya el autor nos había dicho hasta el cansancio cómo manejaba Lisbeth su dinero? Y aun peor, ¿necesitábamos verlo a veinte páginas del final de la trilogía cuando ya no agrega nada de valor para el cierre de la historia?

Las últimas veinte páginas son extraordinarias y cierran el último cabo suelto que quedó abierto en “La Chica Que Soñaba con un Cerillo y un Galón de Gasolina”, pero antes de esas veinte páginas, hay otras cincuenta de paja sin sentido que no nos dicen mucho. Y, al igual que en el primer volumen de Millenium, la paja de cuarenta páginas podrían ser resumidas en tan sólo una o dos.

Stieg Larsson, el autor

Para mí, el segundo libro de la trilogía es el mejor. El tercero logró atraparme mejor que el primero, pero no alcanza el nivel del segundo. Finalmente creo que la trilogía Millennium es una colección entretenida pero nada más. Lisbeth Salander es un maravilloso personaje, apasionante, clásico de golpe, un personaje que se vuelve más apasionante con cada página y más profundo con cada novela.

Pero la historia que se narra alrededor de ella no es la maravillosa obra literaria que muchos críticos describen, no es el pináculo de la literatura del siglo veintiuno, no es la obra máxima de la ficción sueca moderna.  Es una buena colección de novela negra, pero nada más.  “La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire” no es tan entretenido como la segunda entrega, pero no tiene pedazos tan aburridos como “Los Hombres que No Amaban a las Mujeres”.

Lo recomiendo si quieren divertirse con una novela como lo harían con una buena película de verano, sobre todo porque es la obvia y necesaria continuación de Millennium 2. De hecho podría decirse que el dos y el tres son un solo libro partido en dos. Si les gustó Millennium 2, entonces no pueden dejar de leer éste.

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