Película. HIM: Más Allá de la Luz – Frank Darier Baziere, 2010.

Sé que esta película no es nueva ni es el último estreno en las salas cinematográficas. Sin embargo, acaba de llegar a mis manos por varios familiares que, aseguran, cambiaron su vida luego de verla. ¿No les parece una extraordinaria manera de venderla? Hay gente que, abiertamente, dice que su vida cambió luego de ver un filme mexicano de poco más de hora y media de duración… eso sí que es motivación. Quizá uno, más escéptico, no creerá que su vida cambiará por un filme, pero si es tan poderosa, debe ser una cinta extraordinaria. Aquí mis percepciones sobre “Him: Más Allá de la Luz”

Nathan es un científico que lleva un buen rato trabajando sobre células enfermas. No nos dejan bien claro en qué se basa su investigación o cuáles son sus objetivos, sólo lo vemos trabajando intensamente en su laboratorio, siempre con los mismos resultados nulos. Su jefe enfermo de cáncer (pero orgulloso fumador de puros) lo llama a la oficina para asegurarle que le va a retirar el financiamiento si no consigue resultados pronto.

La madre de Nathan está enferma de algo que tampoco dicen al inicio. Parece estar como en coma. Una muchacha que también tenía una madre enferma de lo mismo, le dice a Nathan que vaya a ver a Jacques, un francés todopoderoso que da su vida para llevar a otros un mensaje de optimismo y una visión nueva sobre la vida.

Nathan va a verlo y lo que Jacques logra con su madre lo impacta de tal modo, que decide hacer de este hombre tan poderoso la base de sus nuevos experimentos. A partir de ahí, la relación entre Nathan y Jacques se hace más cercana a la vez que el primero logra los resultados científicos que siempre deseó bajo la instrucción filosófica del segundo. Las enfermedades comienzan a sanar y todos los personajes, en la medida en que se vinculan con Jacques, cambian su vida de manera milagrosa y positiva.

De eso se trata toda la película. No, esperen, en realidad esa es toda la película. Hora y media de ver a Jacques hacer actos milagrosos una y otra vez. Y todos los personajes que lo rodean, en especial Nathan, sonríen y se sorprenden una y otra vez como si no fuera lo común. Digo, si tu amigo lleva meses haciendo 100 milagros, ¿qué tanto te puede sorprender el milagro 101?

Y no digo “milagros” por exagerar. Jacques es capaz de detener su propio corazón, dejar de respirar veinte minutos bajo el agua, teletransportarse durante sus meditaciones, curar a las personas con tan sólo tocarlas, detener el motor de una camioneta a distancia y adivinar en qué casilla de la ruleta parará la pelota una y otra vez. No podía dejar de pensar, a cada momento, que “Him” es la versión mexicana de “Los X-Men”. Lo que Jacques hace pertenece a una película de ciencia ficción norteamericana, no a un filme mexicano que pretende ser la biografía de Rene Mey (Jacques en la vida real).

No voy a meterme a hacer una crítica del verdadero Rene Mey o a etiquetarlo como un verdadero hombre espiritual o un charlatán. Ese no es el objetivo de este texto; no conozco el trabajo de René Mey, no conozco a nadie que haya sido curado por sus manos ni alguien que haya cambiado su vida luego de asistir a una de sus conferencias.

La película es demasiado irreal para estar basada en hechos reales. Comprendo la parte en la que un hombre espiritual puede cambiarle la vida a una persona y llenarle la vida de esperanza… ¿pero teletransportarse mentalmente? ¿Detener un auto a diez metros de distancia con la mente? Sencillamente son trucos demasiado fantásticos para que cualquiera los haga en la vida real.

Además, la película se desarrolla todo el tiempo con un tono de fantasía increíble. No le creemos a los actores sus actuaciones. Fuera de Jacques (Nando Estevané) y del jefe de Nathan (Roberto D’Amico) el resto de los personajes están sobreactuados, obvios, ridículos hasta el punto de la pena ajena. A Nathan (Guillermo Larrea) no le creemos que sea médico nunca a lo largo de la película, se ve a leguas que no tiene ni idea de lo que está haciendo. Y luego de él, todo el resto del reparto lo acompaña.

Los diálogos de Jacques son obviamente tomados del verdadero René Mey y nos hablan de la vida, de la filosofía, del amor, de los vínculos con la conciencia, etcétera. Pero el resto de los diálogos son una desgracia, una obviedad desagradable. “Mira, mira lo que está haciendo”, para señalar que Jacques está haciendo un milagro. “Es maravilloso” cuando Jacques hace… bueno, pues algo maravilloso. “Es que eso es imposible” cuando Jacques hace… bueno, pues algo imposible. Pero más odioso es que los personajes lo repitan como merolicos. Ya a la vigésima vez que Jacques hace algo imposible, Nathan poniendo gesto de sorpresa y diciendo “es imposible” se vuelve molesto.

¿De qué más se trata? De nada. No hay antagonista, no hay camino, no hay cambios, no hay dificultad, no hay obstáculos que vencer ni descubrimientos personales (el único cambio de postura viene de un personaje que es una científica atea, a quien le creemos su ateísmo tanto como a Benedicto XVI). La película es una exposición de 95 minutos sobre los milagros de Jacques. Uno tras otro, tras otro, tras otro. Milagro, sorpresa, ohhh y ahhh. Milagro, sorpresa, ohhh y ahhhh. Milagro… ustedes me entienden. Y ya que se terminan todos los milagros en el tintero del guionista, la película acaba.

Pero no acaba sin ser ridículamente obvia en uno de sus “símbolos”. Me sacó de quicio la manera en la que un ángel se aparece a los personajes. Un conserje de raza negra, cabellos en rastas, la sonrisa más blanca y angelical del mundo junto al overol anaranjado más llamativo del universo. No hay modo de no verlo y, sin embargo, nadie lo nota. Se aparece cada que Jacques hace un milagro y sonríe hacia la pantalla como un niño divertido con su última travesura. Al final, con un efecto digno de los videos musicales de los ochenta, se convierte en una llama azul y persigue a May en una carrera por el bosque para luego salir de la tierra y perderse en el espacio.

La película es un caos total. No tiene historia, no tiene conflicto, sólo un personaje (menos que secundario) cambia y aprende algo. El resto de los personajes es unidimensional; los diálogos, terribles, apenas salen de actores que no se los creen y que los presentan de la peor manera posible. Los efectos especiales son pobres y la música olvidable. Es terrible. Es aburrida, es obvia, es repetitiva.

Es, sin duda alguna, un comercial de 95 minutos sobre Rene Mey y su ideología espiritual. Extraordinaria para aquellos seguidores de Mey o de las religiones New Age, el poder de los Ángeles en la vida y ese tipo de creencias. Muy ad hoc para los seguidores de Depak Chopra o Ramtha (sí, la de “¿Y Tú Qué Sabes?”). El resto de los mortales poco encontrarán en ella, al menos que se crean lo que afirman los títulos al inicio, que los fenómenos que se muestran en este filme son todos reales y que Mey puede realmente brindar paz, calma y salud a quienes le buscan.

Yo creo que es una pérdida de tiempo, un lamentable trabajo del primerizo Frank Darier-Baziere (que además de director es también escritor y guionista) que poca ayuda recibe de todo su equipo técnico y creativo.

¡Buena Suerte!

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2 pensamientos en “Película. HIM: Más Allá de la Luz – Frank Darier Baziere, 2010.

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