Película. La Invención de Hugo – Martin Scorsese , 2011.

Después de una carrera llena de éxitos en el cine, mayormente con películas que lidian con el mundo oscuro de las mafias, los criminales, la muerte, la traición y la venganza, el director Martin Scorsese decidió incursionar en el cine fantástico de aventuras. Un movimiento interesante de este director que, además decidió echar la casa por la ventana y trabajar, por primera vez, en tercera dimensión. El trabajo resultante lo llevó a otra nominación al Óscar por mejor director. Su película, también nominada a la mejor del año… “La Invención de Hugo”. Aquí mis percepciones.

20120305-110627.jpg

El filme se desarrolla en los años treinta, casi en su totalidad en una estación de trenes. Hugo es un niño que vive entre las paredes de la estación, limpiando y poniendo en hora los gigantescos relojes. Sin embargo, su mayor interés está en la tienda de juguetes de un viejo serio y amargado. Cada que el dueño se distrae, Hugo le roba juguetes, pero no para jugar con ellos, sino para sacarles piezas que le son necesarias.

Un día, el viejo lo engaña y evita su último robo. En la pesquisa, le quita al niño una especie de diario en donde están escritas las instrucciones para reparar un robot con mecanismo de reloj. El juguetero se inquieta mucho al ver la imagen de ese robot en el diario y obliga a Hugo a trabajar con él hasta pagar lo robado. Hugo, sin embargo, no entiende qué fue lo que molestó tanto al viejo, así que se enfrasca en una misión para terminar de arreglar al robot destartalado y, al mismo tiempo, descubrir cómo éste se relaciona con el pasado del juguetero.

Hugo es una película mágica. La fotografía de Robert Richardson se ganó un muy merecido Óscar. Por primera vez veo una película en tercera dimensión sin que por ello pierda su contenido. Scorsese hizo uso de la tecnología tridimensional en favor de la magia de esta historia. Como espectadores, estamos inmersos no sólo en la historia, sino en las hermosas imágenes, que son siempre claras absorbentes. No vemos a Hugo, vivimos en su mundo y podemos percibir, junto con él, el vapor de los trenes y el frío piso de la estación.

Los efectos especiales son los mejores: los que no se dan a notar. La historia es valiosa por sí misma, sin la necesidad de atraparnos a través de los efectos especiales. Éstos están ahí para contar una historia, nada más. Y eso no significa que las imágenes pasen a segundo plano, pues el director logró hacer de esta película un paquete completo: una imagen maravillosa sin dejar de lado una historia entrañable llena de personajes mágicos e interesantes.

Y quiero seguir con eso: los personajes. Como casi toda la película se desarrolla dentro de la estación de trenes, vivimos alrededor de todos aquellos que pueblan el lugar día a día. De ese modo, Scorsese nos presenta al guardia de la estación, un herido de la primera guerra que hace su vida de atrapar niños huérfanos que merodean por la estación; también conocemos al dueño de la librería, un anciano sabio que domina volúmenes y bibliotecas; una vendedora de flores, siempre sonriente a pesar de las pérdidas familiares de la guerra; la dueña de un perro, siempre en la misma mesa del mismo café y un viejo gordo y tímido que apenas se acerca a ella de a un paso cada vez.

Martin Scorsese

Algunos de estos personajes son protagónicos mientras que los demás son el telón de fondo, una parte de la escenografía, pero la parte necesaria para que ésta cobre vida de manera majestuosa. Sí, son clichés, pero clichés siempre presentes en las historias de aventura y fantasía, la manera en la que el director nos inserta en su historia y nos dice, sin lugar a dudas, de qué está hecha su película.

Pero la base de toda la aventura son, sin duda, Hugo, el jugetero Georges y la ahijada de éste, Isabelle. Esta última motiva a Hugo a seguir adelante en su aventura y corre con él de un lado a otro, hambrienta de emociones. Georges, interpretado por el genial Ben Kingsley, oculta un dolor profundo. No el de la guerra y la muerte, como los otros personajes, sino uno más grave: la muerte de la trascendencia.

Esta película es un beso al cine. Scorsese nos demuestra con esta historia el amor que siente por el séptimo arte. Este filme, el aplauso a uno de los más grandes cineastas de toda la historia, es la herencia que este director nos regala, la manera en la que nos grita a la cara que ama hacer películas. Es el respeto y tributo al padre del cine de ficción, el llamado creador de los efectos especiales, un hombre tan creativo como hoy se ven pocos.

Desafortunadamente, este filme ya salió de las salas cinematográficas. Pero no esperen a verla cuando puedan echarle la mano en Blu Ray. Si pueden verla en tercera dimensión… ¡adelante! Es una experiencia que vale la pena. Desde mi punto de vista, este filme merecía el Óscar a la mejor película. Tiene todos los elementos necesarios de un buen filme y, además, brinda honor al séptimo arte como tal y a todos los que soñamos con él.

¡Buena Suerte!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s