Libro. El Prisionero del Cielo – Zafón, 2011

Después de haber leído “La Sombra del Viento” y “El Juego del Ángel” no dejé pasar un segundo antes de correr a comprar “El Prisionero del Cielo”, la tercera parte de la saga del Cementerio de los Libros Olvidados del afamado autor español Carlos Ruiz Zafón. Siendo yo amante de las dos primeros textos de la colección, esperaba que este tercero me atrapara con el drama, la intriga y el inteligente humor de los dos anteriores. Aquí el resultado de esa pesquisa.

La historia comienza en donde se quedó “La Sombra del Viento”. Daniel Sempere es un joven entregado que vive una vida feliz con su esposa Bea y su hijo, el pequeño Julián. Trabaja en la librería de su padre y no vive cómodamente, pero es muy feliz. Su mejor amigo, Fermín Romero de Torres, trabaja en la librería más por cariño hacia los Sempere que por las ganancias económicas que ello le representa.

Un buen día, un extraño visita la librería y compra uno de los ejemplares más caros en existencia, una edición especial poco común de “El Conde de Montectisto”. Ya pagado el libro, le hace unas anotaciones en la primera página y lo deja como regalo para Fermín. En cuanto éste recibe el regalo de manos de Daniel, palidece… sin embargo no dice qué le da tanto miedo y miente, pretextando que son los nervios de su próxima boda.

No sin trabajo, Daniel logra que Fermín le diga qué está pasando. Lo que sigue es un viaje al pasado de ambos personajes. Un viaje que nos introduce a los años más oscuros en la vida de Fermín durante la Guerra Civil española y a hechos que, una vez desvelados, podrían cambiar la vida de Daniel Sempere para siempre.

El Autor

No puedo escribir este texto sin pensar en los tres libros de la colección y darme cuenta que éste es el único que no funciona por sí mismo. “La Sombra del Viento” y “El Juego del Ángel” funcionaban bien en sí mismos. Para entender y gozar a profundidad “El Prisionero del Cielo” hay que haber leído los dos libros anteriores, estar bien enterado de los hechos que éstos nos cuentan y tener una relación cercana con sus personajes.

Y, lamentablemente, esto es lo que no me gustó de esta novela. Mucho de lo que sucede es con relación a las dos entregas anteriores. Personajes que aparecen en ésta no tienen mayor valor que ser aquellos que fueron entrañables antes. Lugares, situaciones y hasta relaciones pasan sin impacto ni razón, pero son menciones anteriores y entonces, se supone, eso los hace valiosas. Me sentí como si Zafón estuviera escribiendo sólo para fanáticos extremos que se emocionarán al leer nombres como “Nuria” o “Bernarda” sólo porque fueron importantes en novelas anteriores sin que aquí hagan mucho más que aparecer en párrafo y medio.

El libro inicia muchas historias y nunca llega a nada en ninguna. Nos abre un conflicto entre Daniel y Beatriz que nunca resuelve del todo (o bien, resuelve de manera facilista); abre la presencia de un personaje justo a un capítulo de terminar y nos dejan la interrogante como si fuera a ser contestada en una novela futura; el conflicto inicial de Fermín se cierra de manera harto sencilla en un capítulo de apenas un par de páginas.

Lo que me encantaba de Zafón en sus novelas anteriores es que iniciaba una trama de suspenso llena de misterios, secretos y trampas de ratón que lograba sostener a lo largo de toda la novela, hasta cerrarlo todo en un climax extraordinario y emocionante. Eso sucedió en las anteriores. Aquí, los misterios con los que inicia la novela se cierran de manera facilista, se olvidan por completo o se abandonan para ser, supuestamente, respondidos en una novela futura.

Zafón en esta historia también hizo algo que me sacó de quicio: inicia en varias ocasiones lo que parece ser un misterio o una gesta y no la vuelve a tocar hasta que, en una o dos líneas, nos afirma que todo está solucionado. Por ejemplo, durante un par de capítulos Daniel planea crear una identidad falsa para Fermín y se hace de la ayuda de varios personajes. En sus conversaciones de planeación, no se deja de decir que “es peligroso”, que es “complicado”. Todo está construido para que pensemos que esa misión será parte importante de la novela. Y, sin embargo, varias páginas después nos dicen que todo se resolvió satisfactoriamente y que todos son felices. A lo que sigue.

No es el estilo de las otras dos novelas. Vaya, ni siquiera es un estilo de una novela por sí sola. Repito: el valor de esta novela está en lo que pasó antes y en lo que, supongo y espero, pasará después, cuando en otra entrega Zafón nos responda algunas de las preguntas que dejó abiertas en éste. Aunque, siguiendo la tradición de sus previos volúmenes del Cementerio de los Libros Olvidados, ¿por qué no cerró todos los círculos y ató todos los cabos? ¿Por qué la necesidad de dejar el libro inconcluso para terminarlo en otra entrega?

Ahora, no puedo dejar de señalar sus partes valiosas: el estilo en el que escribe Zafón siempre me ha parecido extraordinario y su modo de hacer de Barcelona un personaje más de la historia es maravilloso. Es un verdadero transportador que nos lleva, sin dificultad, al lugar donde se desarrolla la historia, haciéndonos sentir, en compañía de los personajes, el frío de las calles y el aroma de cada esquina opaca de la Barcelona de la posguerra.

Si leímos las entregas anteriores, entonces nos atrae saber los caminos que siguieron nuestros personajes más amados. Pero el libro cae en contradicciones con lo que se había presentado en los anteriores volúmenes. Esto es un poco frustrante. Zafón nos cuenta una historia haciéndole movimientos a lo que nos había dicho antes. Intenta hacerlo con todo respeto hacia su novela y hacia el lector, pero uno puede encontrar con facilidad las contradicciones nacidas del hecho de que el autor aun no sabía que escribiría al respecto años después.

Los buenos momentos de esta novela son fascinantes. El problema es que tiene flashazos de estos momentos, en lugar de que se extiendan a lo largo de todo el texto. La secuencia del encarcelamiento de Fermín es extraordinaria, pero se queda en un recuerdo. Y de este recuerdo surgen problemáticas que, repito, se resuelven fácilmente, desaparecen en el aire o se dejan para la cuarta novela.

En resumen, acabo de dejar el libro y todavía me siento confundido. Me agradó su lectura y, sin embargo, me dejó profundamente insatisfecho. Me trasportó a la Barcelona de la guerra y la posguerra y, sin embargo, no me emocionó como las otras dos novelas previas. Me llevó durante páginas a la orilla de mi asiento sólo para burlarse del misterio unas páginas después; me hizo temer por los personajes para descubrirme, poco después, que en realidad nunca estuvieron en peligro alguno.

Léanla sólo si son seguidores de la saga del Cementerio de los Libros Olvidados. De otro modo, ni la entenderán del todo, ni hallarán mucho valor en su contenido. Creo firmemente que esta novela, por si sola, no llega a ningún lado. Habrá que ver si su sucesora le ayuda a crear una historia más redonda, más completa, más apasionante, una historia que nos haga temblar mientras leemos, así como lo logró aquella imagen en donde padre e hijo, en busca del misterioso cementerio, se perdían entre las ramblas.

¡Buena Suerte!

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2 pensamientos en “Libro. El Prisionero del Cielo – Zafón, 2011

  1. Pingback: Libro. El Laberinto de los Espíritus – Carlos Ruiz Zafón, 2017. – AQUÍ VA EL NOMBRE

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