Libro. Un Juego de Tronos – George R. R. Martin, 1996.

George R.R. Martin empezó a escribir su colección de novelas llamada “Canción de Hielo y Fuego” a finales de los años noventa. Sin embargo, esta historia fue catapultada al conocimiento popular cuando fue adaptada a la televisión con la serie de HBO “Juego de Tronos”. No puedo negar que no estaba enterado de la existencia de estas novelas antes de ver la serie. La primera temporada del programa me enamoró, así que no tardé en comprarme la colección completa de las novelas escritas hasta el momento. Al inicio había pensado en terminar todas las que tengo a la mano antes de comentarlas, pero prefiero ir de una en una. Comienzo, pues, con “Un Juego de Tronos”.

Para el desarrollo de su “Canción de Hielo y Fuego”, George R. R. Martin creó un mundo medieval completo lleno de traición y fantasía. La historia principal se desarrolla en Westeros, un continente que en el pasado albergó a siete reinos todos ellos leales y poderosos. En tiempos en que se desarrolla la historia, todo el continente de Westeros es sólo un reino, con la capital en “King’s Landing” y los que anteriormente habían sido los otros seis reinos se convirtieron en ciudades importantes, todas ellas al servicio de la capital.

El libro comienza cuando Jon Arryn, “La Mano del Rey” (el segundo al mando del gobierno en Westeros) muere envenenado. El rey Robert, buscando quién pueda ocupar ese puesto, visita la ciudad de “Winterfell”, la más poderosa del norte del continente. Su intención es que su mejor amigo Eddard Stark (señor de aquella ciudad) se haga del puesto que ha quedado vacante. Stark recibe la petición con desconfianza, pues no quiere dejar a su familia para irse a vivir a la capital, que queda a un mes de viaje hacia el sur. Sin embargo, una misteriosa carta le llega de parte de su cuñada (viuda de Arryn), pidiéndole que no vaya a la capital, pues su esposo fue asesinado por los Lannister, quizá una de las  familias más poderosas de todo el reino.

La reina es una Lannister, así como un miembro de la guardia del rey y el señor feudal más rico de todo el continente, que siempre buscan estar en las más altas esferas del poder y son capaces de todo para lograrlo. Stark acepta tomar el puesto con tal de investigar qué está pasando en el reino y desenmascarar a los asesinos de su antecesor, con todas las consecuencias que esto traiga consigo.

Sin embargo, este no es el único argumento, pues la novela no deja de contarnos otras tantas historias que acompañan a ésta, difíciles de resumir sin dejar escapar nada de lo que sucede durante todo el libro. Martin nos ofrece un intrincado y complejo cuento en donde no sabemos quién es quién, la traición ronda en cada esquina oscura y las consecuencias de un mal paso son letales para cualquier personaje, sea éste secundario o protagónico. Cuando Eddard Stark llega a la capital, se convierte en una pieza del Juego de Tronos, en donde la única manera de continuar con vida es resultando el vencedor.

La versión televisiva de Winterfell

Muy seguido se dice que George R. R. Martin es el Tolkien de los Estados Unidos, y que su “Canción de Hielo y Fuego” es una versión norteamericana del “Señor de los Anillos”. La comparación no me parece forzada, pues ambos libros se desarrollan en un mundo medieval fantástico plagado de influencias de la mitología anglosajona y normanda de los primeros siglos del medioevo. Dragones, muertos vivientes, transformaciones, gigantes, espadas de acero colorido, viajes en barcos por mares agresivos, todo está presente en esta historia. Pero, a diferencia del Señor de los Anillos, creo que los personajes están mucho mejor construidos.

Críticos literarios dicen, y con razón, que el Señor de los Anillos no se trata tanto de los personajes sino del lugar y el simbolismo. Tolkien lo que pretende es llevarnos a un mundo nuevo, transportarnos a las tierras que se construyeron en su mente después de años de trabajo y creación de geografía, razas y lenguajes. Pero los personajes que pueblan estas tierras misteriosas no son siempre realistas ni únicos, incluso hay quienes son unidimensionales o completamente sobrados, en ocasiones confusos. Por ejemplo, quien ha leído los libros de la colección del Señor de los Anillos no puede de manera eficiente encontrar diferencias reales entre Merry y Pippin. Los elfos son todos iguales, los malvados (orcos, uruk-hai, goblins) se parecen en demasía. Incluso la versión cinematográfica intercambia diálogos sin que la historia cambie en lo absoluto, dejando claro que los personajes son arquetípicos y, en algunas tristes ocasiones, estereotípicos.

Algo que festejo de “Un Juego de Tronos” es que le apuesta a todo lo contrario. La novela está llena de personajes tremendamente humanos, con motivaciones humanas y respuestas humanas. Todos ellos caen ante las pasiones más básicas, el sexo, la avaricia, el deseo de amor, el deseo de poder… la novela abre la cloaca de la naturaleza humana y pone frente a nuestros ojos todo nuestro abanico de afectos realistas. A diferencia del Señor de los Anillos, “Un Juego de Tronos” nos logra convencer de que lo que estamos leyendo es una historia real, a pesar de que haya dragones y muertos vivientes entre sus páginas.

Otra cosa que amé de la novela que no está presente historias similares de fantasía medieval es la inclinación de los personajes y la lealtad que guardan. En el “Señor de los Anillos” sabemos que hay el bando de los “buenos” y el de los “malos” como elementos independientes y cerrados. Sí, de vez en cuando un bueno comete una traición, pero siempre se arrepiente y termina corrigiendo el camino (además de ser una excepción a la regla). Incluso nos dividen el mundo de los buenos en seres coloridos, luminosos y de forma humana mientras el de los malos está formado por monstruos feos, oscuros y sin brillo. Las ciudades de los buenos están cercanas a la naturaleza, las ciudades de los malos están cercanas a la tecnología y las herramientas. Hay una línea divisoria muy clara que nos permite darnos cuenta desde muy pronto que ningún bueno se verá afectado por las decisiones de otro bueno, pues unos siempre estarán en apoyo y crecimiento de los otros.

“Un Juego de Tronos”, en cambio, nos presenta un grupo de personajes que van de un lado al otro según les convenga, en un mundo en el que la lealtad tiene pies muy veloces, dispuestos a correr hacia otros lados con la menor de las provocaciones. Aquí todos los personajes son humanos (no seres monstruosos), todos los personajes son parte de familias importantes, con una larga historia de alcurnia y honor. Sin embargo, pocos se portan de manera honorable. Como lector la historia te mantiene al borde del asiento porque no sabes en qué momento un personaje pivotal va a cometer una traición o darle la vuelta a todo el argumento. Lo mejor es que R. R. Martin nos logra mantener sin conocimiento alguno de estos cambios, de modo que éstos nos resultan impactantes cuando suceden.

La versión televisiva de King’s Landing

Por si fuera poco, el autor no tiene miedo de seguir las consecuencias de la historia que nos ha planteado. Si un personaje construye un camino que lo llevará hacia la muerte, entonces Martin no tiene problema alguno con matarlo. Y no importa quién sea el personaje, qué tan importante sea en la historia o qué tan enamorados estén de él o ella los lectores. La historia nos enseña que las decisiones en la vida tienen consecuencias y, como en la realidad, estos personajes de ficción se ven arrastrados a la muerte, la humillación o el sufrimiento por sus propias decisiones, su personalidad, su sentido de la lealtad, de la responsabilidad y del amor. En ninguna otra historia había leído un sentido tan claro del destino… una vez que sabemos cómo ha terminado un personaje, podemos volver al inicio y releer su historia, siendo testigos esta vez de cómo ese personaje, efectivamente, construyó el camino que lo llevó a su final.

De este modo, no podemos quejarnos del autor, no podemos decirle que salvó a un personaje de manera forzada o que mató a otro sin que tuviera sentido. Sencillamente, esta novela funciona más como la vida que como el mundo de la fantasía Tolkeniana o Endeniana. Y al decir esto también incluyo que al autor le importa un bledo la justicia divina. Sí, hay personajes que mueren a manos de desconocidos; sí, el mal triunfa más de lo que nos gustaría a nosotros (o a los personajes); y sí, hay personajes que mueren a manos de quienes no era “justo” que terminaran. Esto nos causa como lectores, por un lado, mucha frustración, pues la historia no está construida como estamos acostumbrados, pero por el otro lado nos arranca de las manos toda certeza y nos mantiene sin saber qué va a suceder… poder adelantarnos a lo que sigue se torna demasiado complicado, si no imposible.

Lo que he dicho de esta novela puede decirse también de las otras de la colección. Hay algunos problemillas y aún más detalles maravillosos de esta saga que prefiero dejar para las revisiones de las siguientes. Por ahora me despido.

¡Buena Suerte!

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2 pensamientos en “Libro. Un Juego de Tronos – George R. R. Martin, 1996.

  1. Malena

    Has dado en el clavo. El gran atractivo de la obra de Martin son los personajes que trascienden el universo fantástico en que viven y que podrían existir en cualquier momento histórico de nuestro mundo.

    Responder
  2. Enrique L. Autor de la entrada

    Malena:

    Gracias por tu comentario. Efectivamente lo que más atrae de esta novela es su humanidad y quienes la siguen (tanto en su versión literaria como televisiva) tienen una profunda identificación con ciertos personajes que se convierten en el asidero de la historia.

    Sigue visitando el blog y leyendo otras de sus entradas.

    Un abrazo.
    Enrique.

    Responder

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