Libro. Un Choque de Reyes – George R. R. Martin, 1998.

George R.R. Martin empezó a escribir su colección de novelas llamada “Canción de Hielo y Fuego” a finales de los años noventa. Sin embargo, esta historia fue catapultada al conocimiento popular cuando fue adaptada a la televisión con la serie de HBO “Juego de Tronos”. Después de terminar el primer libro no pude esperar para correr y robarme el segundo tomo de las estanterías. Al inicio había pensado en terminar todas las que tengo a la mano antes de comentarlas, pero prefiero ir de una en una a como las vaya terminando. Esto es “Un Choque de Reyes”.

Después de los hechos narrados en “Un Juego de Tronos”, todo se convierte en un caos. Noticias de que el nuevo rey no es hijo de su predecesor recién fallecido sino resultado del incesto entre la reina y su hermano han llevado a que los hermanos del rey busquen el trono. Por un lado está Stannis, que es el hermano mayor del rey muerto. Para él, el honor y los protocolos son lo más importante. Si Jeoffrey es realmente hijo de un incesto, no puede heredar el trono. Por el otro lado está su hermano menor Stannis, que es mucho más popular y cree que el trono le pertenece porque es el más amado por la gente. Mientras tanto Jeoffrey, que no cree ser hijo del incesto entre su madre y su tío, se agarra del trono con uñas y dientes.

En el norte, mientras tanto, Robb Stark no sabe a cuál de los dos hermanos apoyar (si bien está en contra de Jeoffrey, el asesino de su padre). Sus caballeros lo convencen para que no apoye a ninguno y mejor busque su propio trono. De ese modo, Robb se nombra a sí mismo “Rey del Norte” y empieza una lucha contra los Lannister no para vencer a Jeoffrey, sino para que éste le dé al norte su independencia. Jeoffrey, apoyado por sus consejeros, se niega a regalar más de la mitad del reino al hijo de quien él considera el peor de los traidores.

Y finalmente, el gobernante de las Islas de Acero, un revoltoso que más de una vez ha buscado independizarse del reino, decide que es buen momento para intentarlo de nuevo. Balon Greyjoy aprovecha que Robb Stark está luchando en sus tierras del sur para invadir todo el norte y nombrarse a sí mismo el verdadero Rey del Norte.

De ese modo, tenemos cinco reyes: Jeoffrey, quien gobierna sin derecho, pues es el hijo de un incesto; Stannis, que se ha nombrado el rey legítimo; Renly, que se ha nombrado el rey legítimo por amor de su pueblo; Robb, que se ha nombrado el rey del Norte y Balon, que se ha nombrado el verdadero rey del Norte y las Islas de Acero. Un solo reino, cinco reyes diferentes y muchas espadas entre ellos. La guerra, la sangre y el caos son inminentes.

La versión televisiva de las Islas de Acero

En mi texto sobre “Juego de Tronos” califiqué las novelas sobre la “Canción de Hielo y Fuego” como historias que le daban muchísimo valor a los personajes, el realismo de su psicología y la importancia de las relaciones entre ellos, hasta el punto de convencernos de que la historia que estamos leyendo bien pudo haber sucedido, sin importar que esté llena de dragones y otras criaturas que jamás esperaríamos ver en un verdadero mundo de guerra medieval.

Algo que se  logra maravillosamente la segunda entrega es crear un ambiente muy realista de guerra. A pesar de que el libro por su manera de estar escrito (con base únicamente en puntos de vista específicos) comúnmente nos deja en una narración que nos lleva más a lo específico que a lo general. Por ello nunca encontramos, como sucede en otras novelas de fantasía, al autor desde un punto de vista omnisciente narrando cómo la guerra tuvo esta o aquella consecuencia. Sin embargo, la historia nos muestra de maneras muy realista las consecuencias de la guerra en la sociedad, en la economía y en la política. Aunque las personas comunes nunca son protagónicas, Martin nunca pierde la oportunidad de mostrarnos cómo están sufriendo las consecuencias del conflicto entre los cinco contendientes al trono.

Tenemos varios personajes que son punto de vista, cada uno posicionado de manera estratégica para que el lector pueda tener a través de sus ojos un amplio panorama de lo que sucede a lo largo de todo el reino de Westeros. No lo hace, repito, desde las narraciones omniscientes que se acostumbran en otras obras similares porque ello dejaría al lector ajeno a la historia y los personajes; lo hace, de manera mucho más creativa, a través de lo que los protagonistas ven y viven día con día. De esa manera, Sansa Stark nos habla de los hechos que se dan en las salas de la corte; Tyrion nos habla de las jugarretas políticas y económicas para defender la capital de sus enemigos; Catelyn nos habla de las batallas y los planes de su hijo Robb para llevar el triunfo a su “Reino del Norte”, etcétera.

De este modo, también el lector se entera de la historia a través del punto de vista de absolutamente todos los lados del conflicto. Aquí no hay villanos ni héroes, hay seres humanos que están luchando por lo que ellos piensan que es valioso, por su vida, por el amor, por la supervivencia, por el poder. Pobres, ricos, gente de la corte y gente de las calles, grupos de rebeldes y soldados en busca de  justicia, traicioneros y traicionados, damas y caballeros, carniceros, soldados a sueldo,  herreros y cocineros. Todos se ven rodeados por el fuego y la sangre de la guerra y no sólo los poderosos se ven influidos por el conflicto.

La Bahía de Blackwater

Igual que en el primer volumen, la historia no se comporta como la esperamos. El autor juega con nuestra cabeza, seguro de que estaremos esperando que sucedan las cosas según la manera en la que las reglas de la literatura y el cine nos han venido educando a través de los años. ¿De qué estoy hablando? Las reglas de la literatura nos dicen que si el autor le está dando muchas páginas a un personaje es porque este personaje será importante a lo largo de toda la historia, influyente en el desarrollo de la misma. Martin, sin embargo, disfruta de engañarnos. Nos presume, nos invita, nos vende un conflicto gigantesco que luego terminará con un plumazo.

Aunque, para ser justos, también hace lo contrario, dándole roles muy importantes y resultados muy influyentes a personajes a los que apenas ha presentado. Con esto se asegura no sólo para jugar con el lector y mantenerlo a la orilla del asiento constantemente, sino robarnos la capacidad de predecir lo que va a suceder. Con estos libros aquello de: “se me hace que al final X y Y se van a enfrentar en una lucha terrible” se va por el caño, porque X muere de un tropezón y Y quizá se pierde entre un grupo de guerrilleros luego de una batalla en la que perdió todo su honor.

Y para terminar, creo que esto lo hace más realista. La vida no siempre es justa. No siempre el asesino termina mal ni el justiciero tiene recompensa. No siempre el ofendido podrá tomar con sus propias manos la venganza contra quien lo injurió y no siempre la muerte nos llega de maneras heroicas e idealistas. “La Canción de Hielo y Fuego” ha llegado a las repisas de las librerías no para darnos gusto a nosotros, sino para narrar los hechos tal y como sucedieron en el mundo de Westeros, una tierra de ficción y fantasía que, sin embargo, se parece demasiado a nuestro pasado medieval.

¡Buena Suerte!

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