Película. Argo – Ben Affleck, 2012.

Primero que nada, me disculpo con los lectores del blog por mi ausencia y lo retrasado que voy con las películas, pero el trabajo me ha tenido bastante ocupado y alejado de estos textos. Sin embargo, regreso con el filme que se ganó el Óscar a la mejor película del año pasado: Argo. Ben Affleck dirige esta historia que muchos aplaudieron en los cines y vitorearon luego de que se ganara la estatuilla dorada. A decir verdad, no sabía nada de ella en el momento en que las luces del cine se apagaron, sólo que había ganado el Óscar y que tenía que ver con Medio Oriente, así que pude verla sin ningún tipo de prejuicio. Aquí lo que fue la experiencia.

Argo - Poster

En la década de los años setenta, Jimmy Carter, presidente de los Estados Unidos, le abrió las puertas de su país a Shah de Irán luego de que una revolución en su país lo sacara del poder. Los iraníes están muy enojados de que el gobierno norteamericano esté protegiendo a un dictador asesino que sembró terror en su país durante tantos años, así que invaden la embajada de Estados Unidos en Irán. Cincuenta estadounidenses son secuestrados, pero seis de ellos logran escapar y se esconden en la casa del embajador canadiense.

La situación es muy tensa, porque el gobernante de Irán, el Ayahtolla Khomeini, exige a los Estados Unidos que dejen de apoyar al Shah y tiene a todos los secuestrados para imponer presión. Mientras tanto, los seis que escaparon viven escondidos y aterrorizados, pues ser hallados equivaldría a la muerte. El gobierno de Estados Unidos, por un lado, negocia con Irán para salvar la vida de los cincuenta que ya se encuentran prisioneros, pero sabe que con aquellos que lograron huir la cosa no estará fácil.

Es aquí cuando entra en escena Tony Mendez, un agente de la CIA experto en rescates de norteamericanos en el extranjero. Él es el encargado de sacar a esos seis de Irán, pero la misión es engañosa, porque el gobierno de Irán no debe enterarse de la misión pues los cincuenta prisioneros podrían pagar el precio, además de que los seis que escaparon serían asesinados sin mayor interrogante. ¿Cómo le hará Tony Mendez para cumplir su misión? Pues un buen día, viendo la televisión, se le ocurre una idea loca, arriesgada, pero posible: quiere fingir que trabaja para una productora cinematográfica canadiense y que su visita a Irán tiene el propósito de buscar locaciones para “Argo”, una película de ciencia ficción al estilo de “La Guerra de las Galaxias”.

El gobierno escucha su idea con perspicacia, pero Tony confía en que el plan puede funcionar y se empieza a asociar con gente de Hollywood, en especial con un maquillista que ya antes ha trabajado con la CIA y un atrevido productor que no tiene problema alguno en fingir que realizará la película, de modo que todo el viaje a Irán resulte una mascarada perfecta para el rescate. Pero las cosas son mucho más difíciles de lo que parece, pues no sólo Tony debe enfrentarse a la desconfianza de su gobierno y de la CIA, sino también deberá luchar contra sus paisanos escondidos en Irán, que temen mucho por su vida y no creen que el plan sea tan eficiente como Tony lo presume. Y el gobierno iraní, lleno de ira hacia los Estados Unidos, no deja de mirar con lupa a ese supuesto productor canadiense.

Argo - Cineastas

Lo primero que tengo que decir de la película es que es un viaje al pasado, la cámara de cine como la verdadera máquina del tiempo. La recreación de los años setenta es impresionante, sobre todo cuando vemos en pantalla los hechos reales que se dieron en el Irán de aquél entonces (la invasión a la embajada, los muertos en plena calle, los edificios iraníes, el dogmático amor a Khomeini, etcétera). Ver fotografías de aquellos tiempos y ver los encuadres de Affleck me hicieron pensar que más que una recreación, el director se fue al pasado a filmar los hechos.

Y no nada más hablo de los vestuarios, los escenarios, el detalle de los objetos, las marcas, los autos y todo eso, me refiero también al trabajo que se tomó Affleck en buscar actores que se parecieran a sus contrapartes históricos. No todos son idénticos, pero muchos sí lo son. Y aplaudo aún más el esfuerzo cuando vemos que se buscó el parecido no sólo en los personajes famosos, sino también en los seis norteamericanos ocultos. Affleck bien pudo poner a seis actores cualesquiera que nadie hubiera dicho nada, porque no sabemos cómo eran esos personajes en la vida real… sin embargo, hizo su tarea y nos brindó la recreación del pasado de la manera más detallada posible, aún sin que ello fuera necesario. Bravo por eso.

También agradezco la honestidad de Affleck al momento de poner los hechos históricos sobre la mesa. En ningún momento lava las manos del gobierno de Jimmy Carter en los hechos que se desarrollan en la película, ni intenta tapar el hecho de que Estados Unidos le abrió las puertas al Shiah de Irán aún sabiendo que fue un cruel dictador que provocó muerte y sufrimiento al por mayor en su país natal. En una industria que lucha por presentar a los norteamericanos siempre como los buenos salvadores del mundo, un filme que empieza diciendo: “la verdad es que nosotros nos buscamos este problema” es una bocanada de aire fresco. Sí, no dudo que después de esa afirmación los norteamericanos otra vez se vuelven los valientes amos de la inteligencia internacional, heroicos rescatadores que sacrifican la vida por los demás. Pero de que hay una aceptación de la verdad histórica, la hay.

Argo - Ayathola

Sí, “Argo” ganó el Óscar a la mejor película del año, pero Affleck ni siquiera estuvo nominado. ¿Merecía la nominación por mejor director? Sin duda. Y creo que merecía el premio mucho más que Ang Lee por “Una Aventura Extraordinaria”. No sólo hay que aplaudirle a Aflleck que logra resolver la película sin depender y/o abusar de la pantalla azul, sino que además nos brinda una historia que nos mantiene constantemente a la orilla del asiento. Logra combinar los momentos de calma con los momentos de estrés y ansiedad, de manera que la película nunca se hace lenta pero tampoco cae en una emoción constante que termina cansando. Los últimos minutos del filme son sencillamente extraordinarios, un buen ejemplo de lo que debería ser siempre el verdadero clímax de una narración cinematográfica.

Además de esto, la película llega en un momento crucial. ¿Qué tan diferentes son las relaciones entre Estados Unidos y el Medio Oriente hoy de lo que eran en los años setenta? Al parecer, la relación de los norteamericanos con las naciones musulmanas no ha mejorado nunca. En “Argo” los problemas son con Irán, a nosotros nos tocaron con Irak y Afganistán, pero no deja de ser una buena analogía de la larga batalla del oriente contra el occidente, una re creación de las cruzadas en el mundo moderno, una lucha ideológica, una batalla cultural, una guerra religiosa. Y podrán decirme que soy un prejuicioso o lo que quieran, pero “Argo” nos recuerda que occidente, con todos sus errores y sus injusticias, es un mucho mejor lugar que el Medio Oriente, con sus gobiernos castrantes, sus leyes religiosas dogmáticas, su misoginia institucionalizada y su ignorancia tan aplaudida.

Me parece que es una gran película de suspenso y de intriga, con una maravillosa puesta en escena; es un viaje en el tiempo, una perfecta reproducción del pasado; es una clase de cómo escribir ese cine clásico norteamericano en donde tenemos personajes entrañables frente a un enemigo mucho mayor que ellos, una batalla entre David y Goliat en donde vencerá el que tenga la astucia y la paciencia. Es un llamado de atención a las relaciones internacionales, los conflictos políticos y la necesidad norteamericana de meter el dedo en muchas heridas mientras mira al otro lado, causado dolor donde presume cura, con esa doble moral que mucho los caracteriza. Es una tarima desde la que Ben Affleck demuestra lo bien que sabe portarse detrás de una cámara (creo que mucho mejor que delante de ella). Es, también y aunque se lea contradictorio, un aplauso a los sistemas de inteligencia de Estados Unidos, un grito patriótico y la presunción de una cultura de libertad e independencia.

Argo - Ben Affleck

Ben Affleck, el director

“Argo” es todas estas cosas, pero no creo que sea la mejor película del año. Me parece que es una película que te tiene emocionado cada minuto, en suspenso cada instante, en tensión contínua, pero una vez que termina, no se queda en esa estantería que tenemos en el cerebro que dice arriba: “esta película la recordaré por siempre”. No veo a ningún joven siendo inspirado por “Argo” para convertirse en cineasta. No veo en este filme la pasión que nos lleva a las lágrimas frente a la pantalla, el afecto que nos pone la piel de gallina. No sentí todo ese enorme abanico de sensaciones que me topé con “Los Miserables” de Hopper o con “Amour” de Haneke. Es una maravillosa película de suspenso e intriga, repito, pero no la mejor película del año.

Y no puedo terminar sin aplaudir a Alan Arkin y John Godman, dos maravillosos actores que aquí también están extraordinarios a pesar de su poco espacio en película. Estos dos fulanos nunca quedan mal. Arkin es ese productor insensible de Hollywood que se las sabe de todas todas y que está dispuesto a poner su nombre en riesgo con tal de auxiliar a los norteamericanos. Goodman es otro mafioso del cine que sabe cómo mover los hilos de la industria y que tampodo da un centavo por entrar en un proyecto fantasma. Bravo para ambos actores, que suelen iluminar las pantallas en las que aparecen. 

La recomiendo mucho para quienes gusten de Affleck como actor y/o director. También llenará de sonrisas a quienes sigan el cine de detectives, de intriga internacional, de suspenso. Es la película perfectas para amantes de la historia contemporánea y la recreación de los hechos recientes de la historia, además de un dulce para los ojos de aquellos amantes de los años setenta. No podrás soltar la película, te tendrá en la orilla del asiento y, una vez que termine, la tensión se esfumará y no quedará mucho de ella en tu corazón.

¡Buena Suerte!

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