Libro. Los Juegos del Hambre – Suzanne Collins, 2008.

No voy a mentir, la primera vez que escuché el nombre de “Los Juegos del Hambre” no fue en el ámbito de la literatura, sino que el nombre llegó a mis oídos debido a la primera y exitosa película de la saga. Y no tanto por la película en sí, sino por su protagonista, Jennifer Lawrence, cuya carrera despegó como cohete de la noche a la mañana. Pero, por razones que yo todavía no entiendo, me negué a ver el primer filme de la saga sin haber leído el libro. Así que aquí va lo que pienso no del primero, sino de la trilogía completa.

The-Hunger-Games-Book

“Los Juegos del Hambre” suceden en un futuro casi post-apocalíptico en lo que hoy es Estados Unidos y que en tiempos de la novela es Panem, una nación dividida en trece distritos y una capital. Muchos años antes de que se comience a desarrollar la historia, los distritos se rebelaron contra la capital y ésta los hizo pedazos. Desde entonces, para “conmemorar” el fin de esa guerra, la capital organiza anualmente “Los Juegos del Hambre”.

¿Qué son?  Pues cada uno de los distritos debe entregar a dos jóvenes (un hombre y una mujer) para que se maten entre sí en un evento televisado para que todo Panem lo disfrute. Una especie de Coliseo moderno en donde sólo hay un vencedor, aquél que pueda matar a todos los demás. Con “Los Juegos del Hambre”, el Capitolio tiene controlados a los distritos y les recuerda que no hay que andarse levantando en armas. El único distrito que no participa es el trece, porque quedó completamente destruido después de los bombardeos de la guerra.

La cosa se pone aún mejor porque “la arena”, el lugar en donde se llevan a cabo los juegos, cambia año con año y cada año tiene un tema distinto. En ocasiones es una selva, otras veces es un desierto, etcétera. El chiste es que los “tributos” de cada uno de los distritos se maten entre sí y que el vencedor se convierta casi casi en un héroe nacional.

La protagonista de la historia es Katniss, una joven del distrito minero (el distrito 12) que durante mucho tiempo ha sido el sostén de su casa. Luego de la muerte de su padre se convirtió en una chica solitaria, poco social, cínica incluso, que no hace otra cosa que preocuparse porque su madre y su hermana menor tengan qué comer y puedan salir adelante. Está llena de rencores y odios. Odia al Capitolio y los juegos del hambre con razón, pero también odia a su madre y al gato de la familia.

La versión cinematográfica de Katniss Everdeen

La versión cinematográfica de Katniss Everdeen

Aunque la caza es ilegal, Katniss es fanática de salirse de los límites legales de su distrito e internarse en el bosque a cazar. Luego vende los animales muertos en el mercado negro o los intercambia por algunas dádivas. Y así va su vida día tras día. Pero no va sola al bosque, sino que va con su mejor amigo, Gale, un joven que también gusta de saltarse las reglas y que odia profundamente a la Capital.

Y todos los días son una copia del anterior hasta que Prim, la hermana de Katniss, es elegida para participar en los próximos juegos del hambre. Katniss no puede soportar siquiera la idea de que su hermana muera, así que se ofrece ella en lugar. El reglamento lo permite, así que sin problema mandan a Katniss (y a un panadero del distrito, Peeta) hacia la capital para que sean representantes del distrito 12 en los Juegos del Hambre de ese año.

Ya fue mucho resumen. Lo termino diciendo que lo que sigue son todas las penurias de Katniss en la arena, su lucha por sobrevivir y proteger a su compañero de distrito.

“Los Juegos del Hambre”, el primer libro de la saga, me gustó mucho. No sólo me pareció entretenido, sino crítico y escrito de una manera que no se esperaría en una de las novelas que se encajonan en “literatura juvenil”. Luego de leer otras historias que están en el mismo cajón, como “Crepúsculo”, la frialdad de la autora se agradece. Collins no cree en las respuestas fáciles, no nos resume el dolor, la sangre y el sufrimiento de la pobreza, ni intenta cubrir románticamente la lucha del día a día que existe dentro de la pobreza y la necesidad de llevarse pan a la boca.

Katniss es un personaje que se ha vuelto duro porque así la ha hecho la vida. Perdió a su padre en la explosión de una mina sin poder hacer nada al respecto, una mina de la que se extraen las materias primas para que la gente del Capitolio pueda vivir con todo lujo mientras que la gente del doce se muere de hambre en casas que apenas se sostienen. ¿Suena familiar? Claro, la Panem del futuro es una dolorosa crítica al mundo del presente. Podría decir que a los Estados Unidos del presente, pero sería poco honesto de mi parte no ver que es el mundo entero el que funciona igual.

Suzanne Collins

Suzanne Collins, la autora

Todos los jóvenes que participan en “Los Juegos del Hambre” saben que son payasos que entretienen a la superficial sociedad del Capitolio a través de sus luchas y su sangre, pero aun así no pueden unirse, no pueden ser misericordiosos, no pueden negarse a matar, no pueden detenerse. Si uno de ellos baja las armas como una muestra de rebelión hacia la capital, habrá otro que lo cruce con una lanza, sobre todo los jóvenes de los primeros distritos, que son entrenados desde pequeños como guerreros para vencer en los juegos.

Collins nos presenta a un montón de personas tan acostumbradas al maltrato y la opresión que ya ni se cuestionan si deben hacer lo que les exigen sus opresores. Al contrario, lo hacen suyo, se entregan en cuerpo y alma a ser el divertimento del gobierno opresor. Y mientras estos jóvenes se matan, ¿qué pasa en el Capitolio? Pues que la máxima romana del pan y el circo nunca es más obvia. Tenemos a una sociedad que la autora pinta de la manera más superficial posible. Barbas estilizadas, cabellos pintados de colores, maquillaje exagerado, riquezas y lujos innecesarios y la transmisión 24 horas al día del “Reality Show” más cruento imaginable, con comentarios de expertos, narraciones entretenidas y resúmenes de los mejores momentos, las mejores luchas, las muertes más llamativas.

¿Y quién gobierna al Capitolio?  El presidente Snow, un fulano que lleva media vida en el poder y del que nadie se queja, todos están demasiado distraídos y ocupados en las televisiones y las alfombras de lino. Quizá la autora es obvia en su crítica, quizá peca un poco de literal, pero en una novela a que injustamente se le compara con “Crepúsculo” ver este tipo de señalamientos sobre el camino de nuestras sociedades actuales se agradece. Una novela juvenil no tiene que dejar de ser crítica ni oscura, ni está obligada a ser romántica. Los personajes de Collins no pueden hacer ninguna diferencia, no pueden hacer nada contra el opresor metidos en una arena diseñada para matarlos… y entonces se matan.

Incluso el amor juvenil, el gancho para las audiencias jóvenes, está presente como un elemento de conveniencia, de confusión y de control. Peeta está enamorado de Katniss desde que eran chicos, pero ella no sabe si corresponderle o no. Que se amen ayuda a que se mantengan vivos, pues les consigue más patrocinadores y los hace populares ante el público televisivo, pero Katniss es una mujer derecha que no está encantada de fingir cosas sólo por darle gusto a la castrante autoridad del Capitolio. El romance en esta novela no es puro ni sincero, es una herramienta para seguir con vida, una manera de usar a otro para lograr seguir con vida. La corrupción social corrompe el amor, nos dice Collins y no hay lugar para el romance cuando estás demasiado ocupado en que una persona igual que tú, con el mismo miedo que tú, te mate para tener un problema menos.

Hunger - Sinsajo

Algo que me sorprendió de la primera parte de “Los Juegos del Hambre” y que no me esperaba por puro prejuicio (a decir verdad), fue la crudeza de la autora. No se tienta el corazón con sus descripciones, es dura y crítica. Nos muestra la pobreza, el sufrimiento y la castración opresora sin caer en sentimentalismos. Nos presenta a una protagonista dura, rencorosa y con una vida llena de angustias muy por encima de su edad. Como todo lo vemos desde los ojos de Katniss, la espantosa realidad resulta lo de todos los días. Doloroso, sin duda, pero rutinario. De ese modo, Collins no entra en un juego de querernos espantar, pero su narrativa, que nos muestra la conforme impotencia de sus personajes, nos espanta de todos modos.

Eso es hasta que llegamos a “En Llamas”, la segunda parte de la trilogía. Sí, no puedo negarlo, tenía una idea de este libro que no se hizo realidad y parte de mi disgusto es que la historia no se adecuara a la que yo quería escuchar y no a la que la autora quiso contarme. En esta segunda parte, yo me esperaba que los distritos empezaran a levantarse, esperaba los inicios de la guerra cuyos cimientos fueron colocados en la primera novela. Esperaba la revolución y Katniss metida en todo ello.

Lo que encontré, en su lugar, fueron otros juegos del hambre. En otra arena, con otros personajes y con otra dinámica, pero lo mismo. No sabía que Collins llevaría por este camino su segundo libro, pero estaba dispuesto a seguir con ella, pero lo dejo aquí por ahora. Seguiré con mis comentarios de la trilogía de “Los Juegos del Hambre” en otro texto.

¡Buena suerte!

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