Película. Verónica Decide Morir – Emily Young, 2009.

Sé que esta película ya tiene varios años de haber sido estrenada, pero recientemente me la encontré en Netflix y decidí verla. ¿Por qué? Probablemente por alguna necesidad masoquista, porque la novela no me gustó. De hecho, tengo un gran problema con Paulo Cohelo, no he leído nada de él que me guste y he leído mucho de él que me pone rabioso por su superficialidad facilista y necesidad pedagógica. Así que, supuse, la película debió mejorar el libro.

Veronica - Poster

La historia comienza cuando Verónica (Sarah Michelle Gellar) se harta de su vida. La vemos en una sala de juntas de una empresa importante, vemos que tiene un lindo departamento… en una breve secuencia la directora nos comunica que es una chica exitosa que, al parecer, lo tiene todo. Escuchamos la voz de Verónica narrando lo que sería su futuro: un matrimonio que terminaría en engaño, perdón, aburrimiento y desesperanza. Decide suicidarse.

Sola en casa, se toma un montón de somníferos y se los pasa con alcohol. En su laptop comienza a escribir una carta a sus padres en donde les dice que el suicidio no es su culpa. Pero en eso está cuando encuentra una revista con una modelo en la portada. Cambia el destinatario de su texto, lo envía a la revista, hablando sobre cómo se exige a las mujeres la perfección y la forma en que los estándares de belleza están causando depresión y muerte. Finalmente, entre dolores, Verónica parece morir.

Hasta que se despierta en una camilla de hospital. Su intento de suicidio no le salió bien y termina en Villette, una clínica psiquiátrica en donde sus padres la internan para que reciba ayuda del Dr. Blake, un psiquiatra que propone un novedoso tratamiento para sus pacientes. Blake le informa a Verónica que morirá de todos modos, pues su intento de suicidio le dejó una grave falla en el corazón que va a terminar por ceder. No se sabe si en meses o semanas, pero la muerte es segura. En sus últimos días, Verónica se encuentra con varios personajes que se debaten entre la cordura y la locura.

Veronica - En Lancha

No puedo dejar de vincular la película con la novela. Éste no será uno de esos textos en donde digo: “olvidemos el material de origen”. Porque sencillamente no entiendo qué tiene Paulo Cohelo que lo hace tan popular, bueno, lo entiendo pues, pero quisiera no entenderlo. Sus libros no son apasionantes, están más preocupados por enseñar lecciones de vida que por contarnos una historia. La narración, los personajes, los hechos… todo está al servicio de que aprendamos que somos excelentes. Son libros de superación personal facilista disfrazados de novelas. Pero aquí tenemos una adaptación cinematográfica de uno de ellos.

Young sólo tenía espacio para mejorar. Un libro de Cohelo sólo puede mejorarse, no sé qué clase de realizador haría falta para empeorarlo. En este sentido, el inicio es mucho mejor logrado que en la novela. En el filme podemos ver un poco de la vida de Verónica, la observamos en sus breves interacciones y las imágenes nos dejan ver su soledad y su desesperación sin la necesidad de la narración que, empero, también nos mete un poco no en la desesperación, sino en el profundo aburrimiento de la depresión.

La historia de la película se desarrolla en Nueva York, a diferencia de la novela, que se desarrolla en Eslovenia. Empero, decidieron dejarle a Verónica un apellido eslovaco y decir que ese es su origen, no entiendo bien para qué, pero así fue. El Dr. Blake, que es descrito en todos los resúmenes de la película como “un médico poco ortodoxo con tratamientos novedosos” no es otra cosa que un psiquiatra-psicoanalista que usa el método de la cura a través de la palabra, tan nuevo que lleva utilizándose desde 1900 más o menos.

Y aquí empezamos con problemas, la película quiere decirnos qué tenemos que ver en lugar de enseñarlo. Los personajes hablan del método poco ortodoxo de Blake, pero no vemos tal método, de hecho no vemos mucho o peor, vemos a un médico pasivo que está esperando a que las cosas pasen. Una buena historia debe enseñarnos las cosas, no decirnos que ahí están para que las veamos cuando no están. Me recuerda a cuando las telenovelas ponen a un personaje a decir “que muerte tan horrible” cuando el villano cae finalmente. Muerto a tiros, en un choque automovilístico, en un incendio, aplastado… no importa, hay que decirle al público que su muerte fue horrible, no vaya a ser que no considere que el castigo fue suficiente para el maloso.

Emily Young, la directora

Emily Young, la directora

En la primera parte de su estancia en Villete, Verónica no desiste de su deseo de morir y, aunque el doctor ya le ha dicho que su corazón estallará más temprano que tarde, ella insiste en apresurar el proceso. La vemos deambular por el hospital con gesto de inconformidad y hartazgo y mirar a otros personajes como si ella fuera mejor que todos ellos, más sana. Y así conoce a Edward, un esquizofrénico; a Claire, una chica con un profundo problema obsesivo; y Teresa, una abogada que debió dejar Villette hace mucho pero que se niega a alejarse de la clínica.

La película es lenta sin necesidad. Todo se desarrolla paso a paso sin que ello sea necesario. Los padres de Verónica vienen a verla y hay un diálogo que lucha por ser realista y profundo pero que se vuelve convencionalista. Y Verónica sigue caminando por los pasillos. Intenta robarse medicamentos de la farmacia para suicidarse, pero la detienen y de nuevo lo que parecen otras seis horas sin que pase nada. Poco a poco, y sin que tengamos del todo claro el porqué, Verónica empieza a recuperar la esperanza. ¿Es por algo que hizo el médico? No parece, la estrategia poco ortodoxa sigue sin tener efecto alguno.

Hasta que Verónica se acerca al piano. Comienza a tocar. El esquizofrénico Edward la escucha y queda encantado. Empiezan a tener una relación en donde ella toca y él la mira. Un día, Verónica se desnuda y se masturba frente a Edward. Ese momento de soltura, de pasión, ese dejarse ir le cambia la vida. O eso parece, porque a partir de ese momento tenemos a otra Verónica en la historia. La chica ya sonríe, ya se ve ilusionada. La película busca simplificar, en ese momento, todos los problemas de la protagonista, todos sus deseos de muerte. Y detrás de todo esto, el simplismo de Cohelo, en el que una depresión desaparece tras un solo acto significativo.

Verónica - Escapan

Al final, Verónica decide huir con el esquizofrénico. La película (al igual que la novela) pretenden convencernos de que el esquizofrénico, con el amor de Verónica, tendrá una buena vida. Me molesta el romanticismo de Cohelo, que pretende que el amor cure la esquizofrenia, caramba ni que fuera gripe. Y ella, suponemos, tendrá una vida maravillosa a su lado. Una historia que pretende ser dura y realista pero que tiene un final que ni “La Bella Durmiente” con su “y vivieron felices para siempre”… al menos Aurora no sufre de depresión y Felipe no tiene uno de los más complejos padecimientos mentales.

Para terminar, el mismo final de la novela, mayormente intacto: el Dr. Blake explica que en realidad el corazón de Verónica está bien, pero si ella cree que no, vivirá cada día como si fuera el último. No podía faltar el “final Cohelo”, el momento en que el autor en una “vuelta de tuerca” nos da una lección de vida. Y el Dr. Blake añade “al menos hasta que otro médico le diga lo contrario”. Vaya, valiente tratamiento novedoso… dile a tu paciente que todos los días pueden ser el último para que los goce verdaderamente.

¿De verdad? ¿Y tenemos que tragarnos que una mujer depresiva va a vivir alegre sus días en lugar de vivir angustiada y deprimida porque ese puede ser el último? ¿Y cuántas semanas o meses tienen que pasar antes de que se dé cuenta que no se está muriendo? ¿Cuántos días antes de que vaya con un doctor que le confirme que Blake le mintió? Y, entonces, la vida volvería a ser la misma que antes de su intento de suicidio. Pero ni el libro ni la película llegan ahí, los créditos corren una vez que nos han querido enseñar a ser felices, que nos han dicho que vivamos la vida como si fuera nuestro último día. Una simplonada esperable del Club de los Optimistas que Verónica, seguramente, no tardará en desechar.

Pero qué más da, el chiste es contar una historia leeeenta que no dice mucho, en donde las relaciones entre personajes no son interesantes, en donde ni siquiera la protagonista está bien desarrollada, una historia que busca ser cruel y realista en cuanto a los padecimientos mentales para cerrar con todo lo contrario, con una nota feliz en donde el amor hace que todo sea posible. De lo poco que me gustó de esta película es la actuación de Sarah Michelle Gellar, que hace lo posible con el material a la mano.

¡Buena Suerte!

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