Película. Interestelar – Christopher Nolan, 2014.

Desde que vi “Amnesia” (Memento), Christopher Nolan se convirtió al momento en director al que me prometí seguir la pista. Película a película me siguió gustando, corría al cine a ver cada una de sus nuevas entregas con avidez. Eso fue hasta que llegó “El Caballero de la Noche Asciende”, la última entrega de la nueva trilogía de Batman y que me pareció errada en casi todos sus aspectos. Por ello es que me acerqué a “Interestelar” con desconfianza. He aquí mi comentario.

Interstellar Poster

“Interestelar” nos lleva a un planeta tierra en donde la humanidad está a punto de desaparecer. Las cosechas son cada vez menos y la comida escasea por el mundo entero. Un ex-piloto de la NASA, Cooper, intenta vivir como granjero mientras la humanidad lucha por vivir un día más. Su hija, Murphy, ama la ciencia igual que su padre, pero en ese mundo apocalíptico, los científicos son cada vez menos estimados, ya que lo que se necesita son granjeros y no otra cosa.

Cooper, con una mente siempre científica, se sorprende cuando su hija le dice que en su recámara hay un fantasma. Le pide que investigue más a fondo, pero que sea metódica y no tenga creencias sobrenaturales. Pero los hechos extraños que se dan en esa recámara llevan a Cooper de vuelta a lo que queda de la NASA, en donde recupera su estatus como piloto y se convierte en la cabeza de una peligrosa expedición que busca salvar a la humanidad.

En las cercanías de Júpiter apareció, misteriosamente, un agujero de gusano que ha sido utilizado por la NASA para buscar otros planetas que puedan albergar vida humana. La misión de Cooper y sus compañeros es seguir sobre los pasos de otros astronautas antes que ellos que partieron a buscar probables planetas en galaxias remotas. Murphy no quiere que su padre se vaya porque teme que nunca más regresará. Ni el mismo Cooper sabe si regresará. Pero sabe que es la última esperanza de la humanidad

Interstellar padre e hija

Muchos amigos que vieron “Interestelar” antes que yo me advirtieron que era larga, lenta, cursi y complicada, un revoltijo de ideas que confundían a cualquiera. Otros me decían que quería ser muchas cosas sin lograr ser ninguna de ellas. Así que me acerqué al filme con mucha precaución alimentado por el prejuicio nacido de otras opiniones. ¿Qué esperaba por mi parte? Quería algo así como “Contacto” de Robert Zemeckis, una película que usara el espacio exterior para hablarme del espacio interior: el corazón del ser humano.

Y desde que vi los créditos de inicio en pantalla hice un trato conmigo mismo: le creería a Nolan toda la ciencia que pusiera sobre la mesa. No me voy a poner a investigar si es cierto o no, si la relatividad funciona como la película lo indica, si el guión de los hermanos Nolan respeta los postulados básicos de la física cuántica, si la gravedad se comporta como la aventura en pantalla lo afirma. No me importa. Entiendo que el director está haciendo un contrato con sus espectadores “estas son las reglas de este universo, tómalas y ya”.

Claro, si nos ponemos exigentes con la ciencia, es posible que la película caiga en espantosos huecos, pero eso le pasa a casi todo el cine que lidia con temas científicos, pues adecuarse perfectamente al conocimiento científico, en buena parte de las ocasiones, debilita el elemento dramático. Y si algo creo es que el cine no está para educar. Lo mismo sucedió con “El Origen”. Más de un psiquiatra o psicoanalista debió haber brincado “¡Así no funciona el mundo de los sueños!”. Pero seamos realistas, el mundo de los sueños de Nolan es la base de una película increíble que le apunta a muchas cosas menos a ser un documental sobre el funcionamiento del mundo onírico.

Y ya con este trato, me dejé llevar completamente por el filme. Y me movió mucho. Me movió en varios niveles al mismo tiempo. Cuando terminó me sentí contento, me sentí satisfecho. La película me emocionó, me asustó, me hizo reflexionar y me divirtió. Siento que Nolan regresó de ese horrible pantano que fue “El Caballero de la Noche Asciende” y de nuevo fue capaz de ser un director que está convencido de que una película entretenida no tiene porque ser idiota.

Christopher Nolan, el director

Christopher Nolan, el director

Primero que nada, Nolan también nos dice lo mismo que Kubrick con “2001” y Cuarón con “Gravedad”: dejemos de ver el espacio como ese sitio romántico y aventurero que nos han vendido directores como George Lucas. El espacio es un lugar inhóspito que para los seres humanos significa la muerte segura. Un lugar que no es fácil de navegar ni nos recibe con los brazos abiertos. Igual que Kubrick y Cuarón, el espacio de Nolan es silencioso, en donde todo el caos de muerte y explosiones sucede en el mortal silencio del vacío.

Y aquí, como en “Amnesia” y “El Origen”, de nuevo Nolan confiesa lo importante que para él es el tiempo, el poder de la temporalidad. A este hombre no le interesan los fantásticos viajes en el tiempo, sino los reales fenómenos temporales de la memoria, de la física, de la mente. Ya sea en el espacio, en los sueños o en las patologías orgánicas, es un director que pone sobre la pantalla otra especie de “viajes temporales” que a mí, por lo menos, me parecen más interesantes y mucho mejor planteados en la realidad.

En este caso, el viaje a un agujero negro, que se traga el espacio, el tiempo y la energía, es el lugar perfecto para que el director explore un mundo cuántico, una realidad de cinco dimensiones en donde el tiempo puede navegarse físicamente. Pero no tiene, como dije arriba, la menor intención de enseñarnos ciencias, sino de enseñarnos que lo verdaderamente importante en la vida de cada uno de nosotros está aquí, en la tierra. Claro, podemos soñar con las estrellas, pero lo hacemos junto a un ser querido.

Los personajes de esta película nos recuerdan a cada paso que lo que motiva a los seres humanos, lo que nos hace luchar día a día son las personas que guardamos en nuestro interior. Y, de ese modo, “Interestelar” a partir de una historia hacia el espacio exterior, en realidad nos lleva al espacio interior, al corazón humano, al vínculo con nuestros seres queridos. Es una fuerte llamada de atención que nos pide que miremos en derredor y encontremos, o mejor dicho, que nos demos cuenta de lo que es verdaderamente valioso.

Interstellar Cooper

Pero también nos habla del valor del planeta tierra. Sí, estoy de acuerdo que es un cliché, pero quizá uno que tiene tal estatus por lo importante que resulta. Nos estamos consumiendo el mundo. “La única casa que hemos de tener”, como la llamaba Carl Sagan. “Interestelar” nos muestra un posible fin del mundo. No se va a los espectáculos explosivos de Michael Bay o Roland Emmerich. El planeta tierra cae poco a poco. Primero se deja de producir el trigo, luego muere poco a poco el maíz. El polvo en el ambiente destruye los pulmones. El final no será rápido, sino paulatino (como lo está siendo en este momento, en el que quizá todavía haya vuelta atrás).

La película tiene guiños a “2001” de Kubrick y “Solaris” de Tarkovsky (creo que no podría no tenerlos, creo que ninguna película decente del espacio puede no tenerlos) e incluso la explicación de los agujeros de gusano es exactamente igual a la que se utiliza en “Event Horizon: La Nave de la Muerte”. Y aunque en ocasiones se siente que quiere parecerse a otras historias del espacio (incluso a elementos de “Contacto”), construye un contenido propio. No sólo se levanta sobre nuevas teorías de la física y el funcionamiento del espacio, sino que logra vincular toda esta complicada ciencia con los más sencillos sentimientos humanos. Porque aún dentro de las más complejas explicaciones científicas, Nolan da un paso atrás y nos pide que nos identifiquemos con el dolor de los personajes.

Esto es algo que aplaudo. A diferencia de otras historias del espacio en donde los personajes son convencionales e incluso unidimensionales (perdón, pero la brillante “2001: Odisea en el espacio” sufre mucho de esto), Nolan nos pone a seres humanos llenos de afectos que nos llevan no sólo a una vinculación directa con ellos, sino que, a través de ellos, vivimos los momentos más intensos del filme (casi todos ellos lejos de la aventura espacial). Y el director sabe que un actor como Matthew McConaughey no necesita ni de maravillosos efectos especiales ni de la brillante música de Hans Zimmer para encargarse él solo de comunicarnos la tristeza, la esperanza y el dolor.

INTERSTELLAR

“Es que está muy complicada”, me dijeron algunos. Si la consideraron complicada, es que estaban poniendo su atención en donde no debía estar. ¿Acaso se clavaron en el asunto de la física cuántica, la gravedad, la temporalidad física y todo eso? Eso no era la historia. Eso sólo es el escenario sobre el cual Nolan construye la historia que verdaderamente está contando. Y no me malentiendan, no le quito mérito a este escenario que busca hacernos pensar, ponernos de nuevo en contacto con una ciencia que se ve cada vez más subestimada con nuevas corrientes religiosas que insisten en darle a la física cuántica tonos espiritualistas (Sí “¿Y tú qué sabes?”, me refiero a cochinadas como tus postulados y los de Deepak Chopra).

¿Cursi? Quizá es muy directa en cuanto a sus sentimientos. Sí, no nos disfraza ni nos complica la parte afectiva como lo hace “El Espejo” de Tarkovsky, citada por Nolan como una de sus inspiraciones para esta película. Pero Nolan nunca ha hecho eso y, en este caso, nos cuenta una historia sobre el espacio exterior en la que el amor de un padre por su hija traspasa el espacio-tiempo. Una historia en donde las promesas y la esperanza del amor resultan más poderosos que un agujero negro y todos los complicados funcionamientos de su núcleo. Quizá me juzguen a mí también de cursi al leer estas líneas, pero si no entendemos que estamos destruyendo el planeta, que con ello estamos destruyendo a nuestros seres queridos y que lo que nos motiva a vivir, a respirar, es el amor por aquellos que tenemos al lado, entonces más valdría comprar la colección completa de “Transformers”.

¡Buena Suerte!

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Un pensamiento en “Película. Interestelar – Christopher Nolan, 2014.

  1. Mía Jaramillo

    Un gusto leerte, se antoja ver la película con otros ojos… no hace daño un poco de romance cada tanto. 😀

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