Psicología. La Autoestima (Parte II)

En mi texto anterior hablé sobre la autoestima y, más específicamente, sobre lo que es realmente la autoestima. Es mucho más complicada de lo que todos piensan, incluyendo aquellos ponentes que cobran una millonada por cursos de autoestima y amor propio y que creen (y hacen creer a los demás) que estar en un foro lleno de personas gritando que lo valiosos que somos es suficiente para corregir cualquier problema de autoestima.

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En realidad el problema de la autoestima no puede corregirse junto a cientos de personas gritando al unísono “soy un ganador” porque ciertamente es un proceso individual. Y no sólo es individual, sino que requiere de constancia y trabajo. No es fácil ni es rápido. Si alguien te ofrece un cambio radical en tu autoestima de manera sencilla, sin analizar, sin enfrentarte a tu realidad, si te ofrecen un cambio en poco tiempo, de un día para otro, a un libro o un retiro de distancia, probablemente tendrás resultados similares: volverás a tener la autoestima baja de un día para otro, caerá el amor por ti mismo al ver una película, leer un libro o conversar con alguien que no esté de acuerdo contigo.

Entonces… ¿tenemos una mala opinión de nosotros mismos de manera forzada o esta opinión es merecida? La respuesta es: ambas opciones pueden darse.

La primera parte de este análisis de nosotros mismos debe buscar eso exactamente. Debemos ser honestos y saber si nuestra baja autoestima es merecida o no. Si no es merecida, ¿por qué tenemos baja autoestima? Si es merecida, ¿cómo puedo aumentarla? Vamos a ver cada uno de estos puntos.

Primero vamos a lo políticamente incorrecto. Sí, en ocasiones nuestra baja autoestima está completamente justificada. Lo que las salidas fáciles intentarán hacer es decirte que eres perfecto, que debes amarte sólo por existir, que eres un ser de este mundo, que tienes derecho a la vida, y muchas otras cosas más que te motivarán por un momento y luego, como dije antes, desaparecerán. No nos engañemos, dentro de nosotros sabemos que, aunque existamos, aunque seamos un ser de este mundo, aunque merezcamos amor y todas esas cosas, no podemos terminar de pagar nuestras deudas, no bajamos de peso, no terminamos nuestra formación académica, no crecemos en nuestro empleo, no tenemos un cuerpo de supermodelo, etcétera.

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Entonces sí, existe la baja autoestima y con razón. ¿Qué debemos hacer en estos casos? Encontrar aquello de nuestra vida que no nos satisface y cambiarlo dentro de la medida de nuestras posibilidades. Por ejemplo, tengo baja autoestima porque estoy gordo… hay que bajar de peso. Si todos los días nos perseguimos por estar gordos cuando que no queremos estarlo, ¿qué nos hace pensar que podemos tener una mejor opinión de nosotros mismos si no adelgazamos? Ah, pues entonces hay que bajar de peso. ¿Recuerdan cuando dije que no sería fácil, ni rápido? Pues bajar de peso no es fácil ni rápido.

Pero no es la única respuesta. Cambiemos de ejemplo. Digamos que tengo baja autoestima porque todos mis amigos ya están en trabajos muy importantes mientras que yo sigo atascado archivando papeles inútiles en una oficina que no hace uso de mi talento… entonces me castigo todos los días, me digo que soy un tonto, que debería estar mejor, que no tengo nada que hacer ahí y toda una letanía de cosas semejantes. A diferencia del peso, no tenemos tanto control sobre situaciones como ésta, ¿verdad? Pues sí, sí la tenemos. El problema de tener baja autoestima es que nos quejamos de ello, por un lado, pero queremos respuestas fáciles, por el otro. Queremos aumentar la autoestima sin salir del área de confort. Busca otro trabajo, acércate a tu jefe y háblale de tus habilidades, pide un mejor puesto, pide una oportunidad. ¡Eso asusta sin duda! ¿Recuerdas que dijimos que no sería fácil, verdad?

Ahora bien, ¿qué pasa cuando tengo problemas de autoestima y luego de un análisis honesto me doy cuenta que no tiene nada que ver con el caso anterior? Es como un sentimiento genérico que lo invade todo y cuando buscamos qué es lo que está fallando, no encontramos nada específico. En este caso las razones por las que tenemos baja la autoestima son de naturaleza inconsciente, es decir, escapan por completo a nuestro control y a nuestro conocimiento. ¿Cómo saberlo? Pues de entrada la manera más eficiente es con la ayuda de alguien, de preferencia alguien que: a) nos pueda ayudar individualmente (no en grupo) y b) alguien que sepa trabajar con este tipo de cosas, como un psicoterapeuta, un consejero, etcétera. Los libros no funcionan porque no nos pueden dar retroalimentación sobre nosotros en específico, sino que se dirigen a un grupo muy grande de personas.

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Espero con un ejemplo ser más claro. Hace unos años llegó a consulta un muchacho que tenía un puesto muy importante de una empresa a los 32 años. Ganaba buen dinero, estaba a punto de casarse con una mujer que lo amaba, estaba saludable al igual que sus seres queridos, sus colegas y sus jefes lo consideraban un tipo exitoso y eficiente, muy bueno en su trabajo… ¿por qué llegó a terapia por un problema de baja autoestima? Luego de explorar su vida y su pasado, encontré que este muchacho, entre otras cosas, tenía un padre muy exigente que desde pequeño le pidió ser lo mejor en todo. El padre era tan rígido que aun cuando su hijo tenía el mejor promedio, lo regañaba por no tener un promedio más cercano al diez (aunque fuera el mejor de la generación). Y así con todo durante toda su infancia y adolescencia. De modo que el niño creció pensando y sintiendo que no había manera de alcanzar nunca lo que se esperaba de él. Ya adulto, podía llegar a presidente de la empresa que, en su corazón, eso aún no era suficiente, pues la voz de su padre no dejaría de decirle: “eres presidente de una empresa nacional pudiendo ser presidente de una trasnacional”.

En este caso la autoestima también está lastimada por un fallo, pero éste es un fallo falso. No hay un fallo real, el hombre es exitoso en todo lo que hace en la vida pero siente que no lo es por razones que tienen que ver con problemas afectivos. Este muchacho sólo pudo sentirse con una autoestima bien construida luego de abandonar el dictamen que su padre puso sobre él. Y se escribe mucho más fácil de lo que es, pues el trabajo terapéutico para abandonar el mandato paterno no fue rápido y mucho menos sencillo: hubo dolor, hubo el encuentro de frente con la furia, con el arrepentimiento, con el rencor, con las partes más luminosas y más oscuras de sí mismo y sus seres queridos.

Al final, no hay fórmula para dejar atrás este tipo de fallas en la autoestima. Muchos lo han intentado y fallan porque la fórmula es general y las razones que nos lastiman la opinión de nosotros mismos son particulares, personales… descansan en la parte más profunda de nuestro corazón hasta el punto de que en ocasiones ni nosotros sabemos que existen.

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Es importante subrayar algo: todos tenemos problemas de autoestima. Hasta la persona que da la pinta de ser el ser humano más seguro del mundo sufre de baja autoestima en algún rubro de su vida. Podemos reducir las áreas de nuestra vida en las que tenemos baja autoestima, podemos incluso alimentar el autoestima en las áreas más importantes. Lo que no podemos es tener una autoestima perfecta todo el tiempo en todos los sentidos. No la busques porque no la vas a encontrar. Permítete fallar en algunas cosas, permítete ser inseguro en otras, no puedes ser perfecto en todo. De hecho, exigirte perfección en todo es el camino más eficiente hacia los objetivos imposibles de alcanzar, lo que causará fallas constantes y, con ello, una autoestima cada vez más reducida.

Entonces ya lo sabes. Fortalecer tu autoestima no es imposible. No le tengas miedo, al contrario, si te sientes débil es porque puedes crecer y ser más fuerte. ¿Sientes baja autoestima? Entonces no te quedes ahí y trabaja en ello. Todo es posible si te esfuerzas y lo que hoy te tiene cabizbajo te está iluminando el camino. Si llegas a la meta perderás mucho: perderás miedos, perderás inseguridades, perderás a esa pareja que no te quiere… Sigue ese camino, no tengas miedo, es allá hacia donde tienes que ir, es hacia allá donde está una versión más completa y más feliz de ti mismo.

Me despido, no sin antes desearles que esta noche tengan un sueño reparador y constructivo.

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13 pensamientos en “Psicología. La Autoestima (Parte II)

  1. Mía Jaramillo

    Doctor, gracias!

    De las cosas que no tengo duda, la vida que uno quiere está a un par de huevos de distancia.

    Gracias!

    Responder
  2. Flor Profusa

    Esforzarse y lo que siempre les digo a mi grupo de mujeres con diferentes problemas de adiccion: querer de verdad ver el cambio en nosotras, porque cuando anhelamos algo desde lo profundo de nuestro ser, no hay excusas ni obstáculos que nos frenen, muchas gracias por compartir, saludos!

    Responder
    1. Enrique L. Autor de la entrada

      FLOR:

      Gracias por leer el texto y dejar tu comentario. Pero, siendo realista creo que estás enseñando a tu grupo de mujeres una mentira: que cuando anhelamos algo, no hay obstáculos. Estoy de acuerdo con que no hay excusas, ¿pero obstáculos?

      Por ejemplo, si yo quisiera ser flaco como un palo, no hay manera en que pueda lograrlo. Soy de huesos anchos, de complexión gruesa. En este momento estoy en un peso saludable y no soy un palo. No puedo ser un palo. Puedo hacer ejercicio todos los días y tener una dieta balanceada y eso sólo me va a llevar a estar sano, no más delgado.

      Tengo un paciente que quiere ser ingeniero pero no puede con las matemáticas. Las ha estudiado hasta el cansancio. No puede. Hay cosas que sencillamente no podemos lograr por mayor que sea nuestro esfuerzo. Algunos entienden esta afirmación mejor con el canto. Muchos quieren ser cantantes pero la voz y el registro no les alcanzan. No pueden. Eso de “el que quiere puede” es una de las peores mentiras que ha traído consigo el nuevo siglo. No, querer no es poder. Lo es muchas veces, pero no siempre.

      Y decirle a las mujeres con problemas de adicción que no hay obstáculos es enseñarles, a su vez, que si no pueden es por ellas mismas, porque no se están esforzando lo suficiente. Y es, además, enseñarles un mundo que no existe. Estos dos elementos pueden llevarlas a frustraciones terribles que pueden, en su momento, meterlas de nuevo en la adicción.

      Muchas gracias por tus comentarios y te invito a que sigas leyendo otros textos del blog.

      Que tengas buenos sueños.

      Responder
      1. Flor Profusa

        Muy buen dia Enrique L.,
        Mentira para mi seria enseñar de lo que imagino, supongo y/o no he vivido. No dije que no habría obstáculos, señalo que a pesar de ellos debemos seguir, ellos nos desafían a la creatividad e ingenio para conseguir nuestros propósitos, son los peldaños al éxito.
        El ejemplo que expones es muy cierto, no podemos intentar cambiar algo que ya es, pero es muy distinto a lo que yo me refería en cuanto anhelar algo, trabajar en ello y verlo realizado, como lo es una vida libre y exitosa desde el punto de vista emocional y espiritual.
        Hasta ahora todo lo que me he propuesto en ese nivel lo veo conseguido y lo que falta (que es bastante) sigo aprendiendo, lo he visto en otras personas y para mi es ese el verdadero éxito en la vida, vivir con propósito definido, sirviendo y palpando cambios.
        Los problemas de adicción no son meramente a narcóticos y/o sustancias que nos hacen daño, los hay en todas las formas y tamaños, y es un tema bastante amplio.
        Respeto mucho tu profesión y tu punto de vista, pero si difiero en puntos. La experiencia en la vida, lo que cada situación nos enseña, lo bueno que podemos rescatar del dolor, esas lecciones que no nos dan en ninguna escuela, nos capacitan para poder testificar que sí es posible el cambio, que sí es posible una vida distinta y que sí somos valiosos por el hecho de existir, ya que no hay replica de nosotros mismos en ninguna parte del planeta, y que ese valor nos es dado desde el vientre…simplemente al observar la maravilla de la concepción, el embarazo, el dar a luz, la perfección en cada órgano…bueno ese es otro tema también.
        Agradezco también tu comentario, un saludo con todo respeto.

      2. Enrique L. Autor de la entrada

        Flor:

        De nuevo te agradezco la respuesta y la conversación que se está formando. Mira, sobre lo que dices creo que se debió a un malentendido debido a la brevedad de tu primer mensaje.

        Ciertamente hay obstáculos que se pueden vencer y que, con ello, nos hacen aprender, ser más fuertes, tener logros importantes en nuestra vida. Yo me refería a otros obstáculos, que los hay, que son insondables y que también existen y deben ser considerados (sin estar con ello afirmando que tú no los consideras). Y, ya en ese contexto, estamos de acuerdo.

        Sobre lo otro, yo también respeto profundamente tu punto de vista. Pero insisto, yo no estoy hablando de escuelas e instituciones, si afirmo que hay cosas insondeables es porque las hay. Y no porque vengan el libros, sino porque tanto mi vida profesional y personal me lo han enseñado. Hay objetivos que ciertas personas simplemente no pueden alcanzar. En mi respuesta, por razones de espacio me quedé con el canto o el peso.

        Empero, podemos verlo en situaciones mucho más graves, más profundas. Me refiero a obstáculos que la persona no puede vencer (aunque quiera, aunque luche, aunque le eche muchas ganas). Y puedo testificar, sin caer en idealizaciones y partiendo de la realidad, que no siempre es posible el cambio. Y por eso es tan importante lo que dice mi texto de que si no puedes un camino intentes por otro, pero no pongas tu autoestima en no poder en un solo camino, porque cabe la probabilidad de que nunca lo logres.

        Finalmente lo del valor como seres únicos lo respeto, es tu punto de vista aunque yo no esté de acuerdo. Podemos pensar que no hay réplica de nosotros mismos. En realidad sí. Las personalidades, los caracteres, los aprendizajes, las inclinaciones son limitadas, se repiten. Personalmente creo que no somos tan únicos como nos gustaría pensar. Pero somos únicos en lo que a nosotros respecta. Como se puede leer en el Principito, la rosa no era valiosa por ser única, era valiosa por ser su amiga. No somos únicos desde el vientre, no somos únicos por existir, somos únicos por lo que significamos para otros y para nosotros mismos.

        Te mando un abrazo fuerte,
        Enrique.

      3. Flor Profusa

        Hola Enrique:
        Bien, entiendo que pensemos diferente eso es natural y hasta cierto modo comprensible, no le movemos mas por ahí, pero el tema de autoestima me interesa bastante , por eso di con el aquí en tu blog. Podrías mencionarme qué clase de obstáculos has observado que no mas no se han podido vencer, aunque la persona luche? Esos que mencionas en tu respuesta. Gracias y espero no estar incomodando, solo quiero aprender.
        Saludos!

      4. Enrique L. Autor de la entrada

        FLOR:

        ¿Incomodando? No, para nada, si ese es el chiste de tener un blog, ¿o no? El contacto con las personas de allá afuera.

        Sobre lo que preguntas, primero vayamos a lo sencillo, como el asunto de ser un palo o ser muy fuerte. Hoy se sabe que un cuerpo como el de William Levy no depende sólo de una buena alimentación y ejercicio. Hay hombres que pueden hacer todo lo necesario y no van a tener ese cuerpo, porque la genética tiene mucho que ver en ello.

        Pero bueno, ese es un caso obvio, ningún ser humano de 1.90 va a medir 1.50 por más que se esfuerce. Pero hay otras disciplinas, como la actuación, que son un buen ejemplo. La actuación requiere de cierta apertura personal, de cierta filosofía de vida que no se puede cambiar por gusto porque ya es una estructura neuronal fija. Por ello hay personas que por más que estudian actuación, por más que lo intentan, por más que van de un profesor a otro, de una obra a otra, se sienten tiesos, no pueden actuar. Lo mismo pasa con otras artes como la literatura o la música. Día tras día las escuelas de esas disciplinas ven a gente fallar y fallar y fallar. Y en palabras de Woody Allen: “esto no se puede enseñar, o lo tienes o no lo tienes”.

        Y nos podemos ir todavía más profundo con estructuras de carácter, personalidad y género. Hombres que no pueden se monógamos. Lo políticamente correcto que se debe decir es que no quieren, que le tienen miedo al compromiso, que no quieren luchar contra sus instintos… No, hay algunos de ellos (obvio no todos) que no pueden por la construcción de estructuras mentales. El goce de la sexualidad es otro ejemplo, yo tuve una paciente que no podía tener sexo porque le parecía algo asqueroso y mortal. Gracias a su trabajo de vida logró ser capaz de tener relaciones sexuales. En ocasiones lo disfruta, pero la mayoría de las ocasiones son difíciles para ella. Ha estado a punto del divorcio por su rechazo hacia el sexo y hasta se ha tenido que rodear de rituales religiosos y de limpieza para poder tener relaciones sexuales (ya no se diga disfrutarlas). ¿Se ha esforzado? Uy, desde luego, ha luchado como una guerrera y, gracias a ello, ha roto algunas de sus barreras, pero muchas otras jamás podrá romperlas.

        Sigamos la charla,
        Enrique.

      5. Flor Profusa

        Hola Enrique L.
        Bueno si, eso esta claro. Mencionas estructuras mentales como algo que muy difícilmente se puede modificar o imposible, es correcto? No es posible un cambio de mentalidad?
        Otro punto a resaltar es que mencionas ” no quieren”, como el ejemplo del hombre que no puede ser monógamo, podríamos aquí basarnos que es una falta de voluntad? Pues “no quieren” luchar contra sus instintos, lo has dicho. Supongamos que este hombre se lo propone, lo lograría? Supongamos que vence la raíz de su poligamia porque de pronto descubre que esa vida le deja un enorme vacío, porque mas que satisfacción sexual es un vacío que ha querido llenar, es posible un cambio desde este ángulo? Y respecto a los ejemplos de vocación pues ahí definitivamente no hay lucha, si no sabemos para qué y para qué no somos buenos obviamente fracasaremos en esos intentos por ser aquello que no llevamos dentro.
        Agradezco tu atención, buenas noches.

      6. Enrique L. Autor de la entrada

        Flor:

        El cambio de mentalidad es posible, pero no es sencillo. Como digo en el texto, no se cambiará la mentalidad en agrupaciones de superación personal, libros de felicidad o frases célebres de Paulo Cohelo. Y aún con procesos más complejos de cambio de mentalidad como la psicoterapia, el cambio llega con mucha dificultad y trabajo.

        Y aun así… hay cosas que no se pueden cambiar. Por ejemplo, muy a pesar de lo que digan muchas instituciones tradicionalistas, la homosexualidad no se puede cambiar. Es parte de la estructura mental. Es decir, se desarrolla durante la formación de la corteza cerebral durante los primeros años de vida. A eso me refiero con estructura. Elementos como el lenguaje, el movimiento, el discurso… son estructuras mentales y por eso son tan complicadas de modificar. Aunque hay evidencia de que la psicoterapia puede llegar a modificar estructuras mentales.

        Sobre el hombre que no quiere, me preguntas si puede ser una falta de voluntad. La voluntad es consciente. Es como si yo tuviera la voluntad de cantar ópera. Pues puedo tener toda la voluntad del mundo que no voy a poder de todos modos, porque no tengo la voz ni la garganta ni otros elementos necesarios para ello.

        Sobre luchar contra los instintos creo que la pregunta sería, ¿por qué tenemos que luchar contra los instintos? ¿Hay que luchar contra todos los instintos? ¿Qué nos lleva a reprimir algunos instintos y darle rienda suelta a otros? ¿Qué hace a la expresión de algunos instintos una agresión a la moral y las buenas costumbres y por qué la expresión de otros es políticamente correcta?

        Tú afirmas en tu ejemplo que el polígamo descubre que su vida le deja un enorme vacío. ¿Pero y si no? ¿Y si en realidad esa vida lo hace más feliz? La cultura nos enseña que la felicidad está en una pareja estable, hijos y un cereal al centro de la mesa… y es la felicidad para algunos, pero no para todos. Algunos se sienten más vacíos con una pareja estable que con una vida poligámica.

        Pero tú me preguntas más por saber si es posible el cambio desde el argumento de que un hombre puede sentirse vacío. No necesariamente. Ese puede ser el primer paso de su tratamiento (si lo ponemos en el campo de la psicoterapia), pero finalmente el proponerse algo es consciente, el pensar en el cambio es consciente y aquí lidiamos con elementos inconscientes. La poligamia de ese hombre no tiene nada que ver con sexo o mujeres, sino con lo que éstos representan simbólicamente en su vida. Y mientras no se hallen esas raíces profundas, de poco va a servir trabajar con las flores que sobresalen en la tierra, pues por más que las cortemos volverán a crecer.

        Gracias por seguirme leyendo. Que tengas buenos sueños.

  3. esthervaras

    Cierto la educación, nuestras experiencias, el entono… Influyen en nuestra autoestima.. Y solo nosotros podemos trabajar en ella con grandes dosis de amor y paciencia para darnos cuenta de lo valiosos y únicos que somos. Un saludo

    Responder
    1. Enrique L. Autor de la entrada

      ESTHER:

      Gracias por tu comentario. En lo personal, creo que uno de los primeros puntos para lograr una mejor autoestima es saber que no somos únicos. Esa es otra de las grandes mentiras del siglo XXI. Quieren reducir la depresión de una sociedad deprimida diciéndole a sus miembros que son únicos. No es cierto, es mentira, no es cierto.

      ¿Somos valiosos? No necesariamente. Somos valiosos como seres humanos cuando trabajamos por ello, cuando ayudamos a los demás, cuando nuestro trabajo tiene una contribución social profunda. ¿Soy valioso nada más porque sí? ¿Por ser? No lo creo. Por ejemplo, ¿es valioso un dictador que oprime a su pueblo para tener riqueza? No. ¿Es valioso el alumno que va a la escuela a dormirse en clase mientras sus padres trabajan día y noche para poder pagar las colegiaturas? No lo creo.

      La realidad es que enseñar a los demás que somos valiosos nada más porque sí es un error. Somos valiosos por quienes somos. Y no somos únicos. Somos nosotros mismos y eso es importante. Debemos amarnos porque estamos en este mundo y podemos hacer cosas, escuchar música, crecer, amar, cantar, caminar bajo la lluvia. Y esas experiencias son increíbles y merecen la pena, seamos o no únicos. Ser únicos no debería ser un factor para aumentar la autoestima. Porque no lo somos. La realidad es que no lo somos.

      Y si el asidero para nuestra autoestima es la falsa noción de ser “únicos”, entonces nuestra autoestima es falsa, es superficial, es una máscara detrás de la cual se oculta todo lo que deseamos ser y no somos. “No he logrado nada de lo que deseo, no soy bueno en mi trabajo, no hago nada que me apasione y estoy gordo… pero bueno, ¡soy único!”

      Gracias por visitar mi blog. Te invito a echarle un ojo a mis otros textos y a seguir comentando.

      Que tengas buenos sueños.

      Responder
  4. esthervaras

    Cierto la educación, nuestras experiencias y entorno influyen en la autoestima. Somos nosotros quienes debemos trabajar para aceptar que somos seres únicos . Un saludo

    Responder

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