Película. Chappie – Neill Blomkamp, 2015.

Toda la Ciudad de México se atascó hace unos meses con anuncios de esta película, del director sudafricano Neill Blomkamp. Por andar juzgando el libro a través de su portada, se me antojaba como un filme inspiracional que iba a mezclar tecnología con una crítica hacia la humanidad o, mejor dicho, hacia la deshumanización. La realidad es que no fui a verla al cine porque no me llamó la atención suficiente, pero cuando la tuve en casa, una noche de palomitas, Pepsi y “Chappie” no se le niega a nadie.

Chappie - Poster

Chappie se desarrolla en Sudáfrica, donde la empresa Tetravaal ha cambiado la forma de hacer justicia en las calles de Johanesburgo por medio de robots policías. Estos robots, diseñados por el joven idealista Deon Wilson, son la herramienta perfecta para combatir el crimen: son resistentes, eficientes, mortíferos y evitan la caída de cientos y cientos de policías humanos en la guerra contra la delincuencia.

Pero Deon no está contento con sus logros, pues su objetivo es crear un robot que tenga consciencia. Lo vemos trabajando en su casa durante horas y horas hasta lograrlo. El problema es que la directora de Tetravaal no tiene el menor interés en un robot que tenga que ir aprendiendo como un bebé, por lo que Deon, necio y emocionado con su hallazgo, se roba a uno de los robots que iba a ser desechado para instalar en él la consciencia.

Y aquí es cuando empiezan los problemas. Un trío de criminales que tiene una deuda casi impagable con un poderoso gánster piensa que es buena idea secuestrar a Deon para que les ayude a controlar a los robots policías y, de ese modo, ser capaces de robar el suficiente dinero para pagar su adeudo. Pero Deon trae el robot en su camioneta y, antes de lo que canta un gallo, los criminales ven en el nuevo robot la oportunidad que buscaban: que uno de los temidos policías mecánicos trabaje para ellos, no contra ellos.

Pero el robot (a quien los criminales llaman Chappie) es como un bebé, tiene que ir aprendiendo poco a poco, no puede tomar una pistola y volverse asaltante de un día para otro. Mientras Deon lucha para que su creación “crezca” como un robot de bien, los criminales quieren convertirlo en uno más de su banda. Chappie, que es noble y bastante inocente, no termina de cuadrarse al tiempo límite que los criminales tienen para pagar la deuda, lo que lo inserta en un ambiente de exigencia y violencia que no puede soportar.

Chappie - Creator

Comúnmente puedo resumir en tres párrafos el argumento de una película. En este caso me resultó difícil y me comí completamente uno de sus sub-argumentos. Resulta que en toda esta fórmula también tenemos a Vincent Moore, un soldado australiano que diseñó a un robot de dos pisos armado hasta los dientes y que no logra que a su proyecto se le dé luz verde. La policía de Johanesburgo necesita policías, no tanques andantes; por ello, el proyecto de Moore se queda durante mucho tiempo en una bodega de pruebas, lo que ocasiona a su diseñador enorme furia y celos contra el éxito de Deon y sus policías de metal.

¿Demasiadas cosas pasando al mismo tiempo? Sí. ¿Dejé la historia de Vincent Moore al final por algo en específico? También. Simplemente no creo que sea necesaria. El filme ya nos pone el tema del robot con sentimientos que se debate entre obedecer a su creador Deon (que le enseña sólo cosas buenas) y obedecer a su “padre”, el líder de la banda de criminales (que quiere convertirlo en el arma perfecta e intenta enseñarle que el mundo es un lugar cruel y violento); ya nos habla de un gánster malvado; ya nos habla de una empresa sin escrúpulos; ya nos enseña a Chappie en escenas muy divertidas cometiendo crímenes sin darse cuenta o escenas tristes en donde se cuestiona la vida, la existencia, el propósito. ¿Y todavía necesitamos otro sub-argumento?

Hugh Jackman no hace otra cosa que estar toda la película sentado en su cubículo de ingeniero esperando a que pasen las cosas. El director durante horas nos pica las costillas: “vamos a terminar activando al robot grande, te prometo que en el último acto activaré al robot grande”. Y, cuando finalmente lo activa, el tal robot no logra mucho. Claro, lo vemos en efectos especiales muy lindos volar, disparar y partir malvados por la mitad, pero Chappie se deshace de él sin el mayor esfuerzo.

Y no es el único problema del último acto. De hecho, creo que la película me agradó hasta que llegué al tercer acto. Mientras más pienso en él más gordo me cae. Ya desde que empezaron a poner sobre la mesa el hecho de que la consciencia puede guardarse en un USB empecé a sentirme intranquilo. “Pero bueno, es la consciencia del robot, siguen siendo datos binarios de computadora”. Pero cuando nos platicaron que Chappie puede guardar en una USB la consciencia humana con todo lo que ella implica… en ese momento la película me perdió, los hechos del final me parecieron verdaderamente lamentables. ¿Por qué?

Neill Blomkamp, el director.

Neill Blomkamp, el director.

La película busca ser realista. Es una película que se desarrolla en el futuro muy cercano (2016 si no me equivoco) y que nos habla de Inteligencia Artificial y robots que muy probablemente veremos en el futuro. También nos dice qué pasaría si pudiéramos instalar en un robot una inteligencia artificial limpia, parecida a la de un niño recién nacido, una tabula rasa en donde todo se fuera instalando y desarrollando a partir de experiencias. Es algo que también podemos ver (aunque no a ese nivel) en teléfonos móviles y sistemas operativos que ya van aprendiendo de gustos y preferencias del usuario.

Lo que no se puede todavía (y difícilmente se podrá para el año que viene) es guardar la consciencia humana en un USB. Vaya, aún la neurología no tiene mucha claridad sobre qué es la consciencia. Sabemos que tiene que ver con la memoria pero no del todo, pues los animales tienen memoria pero no necesariamente consciencia. Sabemos que tiene que ver con el funcionamiento neuronal, ¿pero en qué parte del funcionamiento neuronal? Entiendo que dentro del mundo fantástico de la película Chappie pueda guardar en un USB memorias humanas, incluso carreteras neuronales… ¿pero la consciencia?

Ya sé, ya sé, esta es la parte en que me dicen: “¡pero es una película!” Sí y no. Sí porque ciertamente es una película de ciencia ficción. Pero no porque el cine tiene que respetar sus propias reglas internas. “Chappie” no es “Matrix”. “Chappie” nos propone una realidad posible en un mundo posible y, hasta el tercer acto, todo lo que el filme presenta puede suceder en la vida real. Idealizado, sí, con sus aristas, desde luego, pero la película está asentada en tecnología que ya existe llevada a la novena potencia. Meter la consciencia humana en un USB se salta la línea de las propias reglas internas que el filme puso sobre la mesa.

Esta película tiene un tema que ya hemos visto muchas veces antes, un tema que incluso se va desarrollando igualito que otras versiones previas de robots con sentimientos. Desde “Corto Circuito” en los ochenta hasta “Wall-E”, parece que el cine no tiene muchos caminos por donde llevar a robots con sentimientos. Ya hemos visto la confusión del robot que apenas lidia con la tristeza o con la risa; ya hemos visto que en el último acto el robot se ve en peligro de perder la “vida”, la consciencia o la existencia por medio de ser destruido, haber perdido piezas, o en este caso quedarse sin batería. ¿No hay nuevos caminos?

Chappie - Ninja

Y no puedo dejar de mencionar también que esta película perdió muy buenas oportunidades de ser más profunda. Tuvo varios momentos y los dejó ir. Por un lado lo entiendo, cuando el público va a ver “Chappie” no está esperando ver un análisis filosófico, pero caramba, un poquito aunque fuera no habría caído mal. Chappie se pregunta por qué su creador lo hizo sabiendo que iba a morir. Buena pregunta, una pregunta que las religiones no terminan de contestar de manera eficiente. ¿Para qué se crea una vida que va a estar rodeada de sufrimiento, de dolor y de muerte? ¿Cuál es el valor de la vida? ¿Cuál es su sentido? El director prefiere dejar estos temas de lado, usándolos sólo como momentos de ira de un Chappie que no puede lidiar con la dura realidad de la existencia. Y cuando queremos saber a dónde lleva esa línea argumental, nada, corte a pistolas, balazos, efectos especiales, raperos sudafricanos haciéndola de actores y un Jackman que es un cliché de pies a cabeza, presente en el filme, supongo, para que el afamado actor saliera en el póster y atrajera más público.

Además, la película cae en el aspecto moralino chafa que odio de este tipo de filmes. Al final, nos dicen que los policías robots dejarán las calles… ¿por? Porque uno falló. ¡No, no falló! Era diferente, era un robot al que un empleado rebelde le puso consciencia. Ahora ya vemos porque no hay que ponerle consciencia a los robots. Pero los demás, los robots policías comunes y corrientes nunca fallaron, redujeron el crimen y las muertes de policías… ¿Por qué habría que sacarlos de las calles? Ah, porque la película tiene que dar un falso y forzado mensaje sobre la falta de ética empresarial y el destino que merecen las malvadas corporaciones. Forzado. Moralino. Idealista. Apesta.

Sin embargo no puedo dejar de subrayar las cosas que me gustaron: Los efectos especiales son muy buenos. Chappie es un personaje más, no se ve como un pegote de CGI. Interactúa increíble con los otros personajes y terminamos enamorándonos de él (aunque esto es fácil, no conozco a ningún amargado que no ame a Numero 5 o a Wall-E). Los mafiosos que cuidan a Chappie, aunque no son actores y son cantantes de electro-rap del grupo “Die Antwoord” hacen bastante bien su trabajo… además el guion hace un gran esfuerzo por mostrarnos el lado humano de los criminales. Son villanos pero, a la vez, antihéroes. Antes de que cante un gallo queremos que triunfen porque nos caen bien, nos identificamos con ellos.

En resumen, creo que “Chappie” es una película entretenida con un primer acto genial, un segundo acto bastante divertido e interesante y un tercer acto que se viene abajo como rascacielos en terremoto. El final es forzado y la última secuencia no tiene el menor de los sentidos. Si el espectador gusta de la ciencia ficción, le va a encantar. Si eres fan de “Corto Circuito”, “Wall-E” y otras películas de robots con sentimientos, entonces ésta te va a hacer el día.

¡Buena suerte!

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