Libro. El Zen del Zombie (The Zen of Zombie) – Scott Kenemore, 2007.

La realidad es que no soy fanático de los libros de superación personal, creo que todos tienen un problema básico: están escritos para el público en general cuando que la corrección de problemas personales es particular; lo que me hace tener un determinado problema a mí no es lo que afecta a otro y escribir un mismo camino para todos al mismo tiempo no lleva a nada. Mi mejor amiga me prestó este libro no para que cambiara mi vida, sino para divertirme un rato… un libro que es de superación personal pero que, además, es divertido. Aquí mi punto de vista.

ZoZ - Portada

“El Zen del Zombie” es un libro de superación personal que le dice al lector que para cambiar su vida necesita ser más como un zombie. Pero el autor, antes que nada, nos asegura que ser como zombie no es algo negativo, pues un zombie tiene una mejor vida que muchos humanos. A diferencia de la analogía común del zombie (la persona que tiene media vida entre sus obligaciones, su trabajo insoportable y su infelicidad), Kenemore cree que un zombie es mucho más feliz y nos propone que aprendamos a ser como ellos.

El libro está dividido en dos partes. La primera son los veinticuatro hábitos de zombies efectivos y la segunda es una guía de cómo volverse zombie (cambiar tu vida) en noventa días.

Entre los veinticuatro hábitos están adaptarse a las situaciones negativas de la vida, no luchar contra ellas, aceptarlas como todo un zombie. No te quejes de que vayan mal las cosas, adáptate; usar tus fortalezas e ignorar tus debilidades; hacer lo que quieras sin imponerte (ni que te impongan nada) que no sea tu propio objetivo; no apresurarte, hacer las cosas despacio; no odiar a los demás, sencillamente no albergar sentimientos negativos hacia otras personas; no ser racista, clasista, elitista, no rechazar a los homosexuales y mucho menos drogarse con ningún tipo de sustancia; considerar a los amigos por sobre las mujeres; no rechazar la realidad o huir de ella, sino enfrentarla; no vincularse mucho con los objetos, las cosas son sólo cosas; y, quizá la más importante: hacer lo que te haga feliz.

Ya después pasa a la segunda parte, en donde el autor dice que ayudará al lector a cambiar su vida 100% al término de noventa días. Pero le pide ser valiente y seguir sus instrucciones. No cualquiera lo logra, pero quienes lo han intentado han cambiado su vida hasta el punto de quedar irreconocibles. Estos noventa días piden un cambio de vida semanal en doce pasos (doce semanas).

Cada semana, el lector ha de lograr: dejar de tener miedo, todos aquellos a quienes le tiene miedo deben tenerle miedo a él; no negociar, una vez que sabes qué quieres de la vida, no te mueves de ahí aunque haya consecuencias funestas; hablar lo menos posible, pues la mayoría de las personas no merece mucho diálogo, hay que hablar con quien lo merece; tratar igual a todas las personas sin importar su condición económica, su raza, su inclinación sexual o su cultura; no guardar rencores ni buscar venganzas, que se nos resbalen las cosas, jamás debemos envidiar a otro; no actuar de forma impulsiva, no dejarse ir por el enojo, siempre estar tranquilos y frescos; amar a alguien de verdad, amar profundamente, pero nunca dejar de ser nosotros ni aceptar exigencias, quien exige no ama y nosotros debemos amar con todo; no buscar ser pefectos, eso sólo nos llenará de amargura… hay que hacer las cosas lo mejor que podamos y disfrutarlas; no ser ególatra, no buscar el crédito por todo, sencillamente sacar el trabajo sin la necesidad de ser aplaudido; pelea por lo que quieres aunque te lleves a otro entre las patas, mejor que logres tú tu cometido que ellos y finalmente, actúa en todas las situaciones como éstas lo ameritan, sin exagerar ni dramatizar.

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Este libro sufre de lo mismo que sufren todos los libros de superación personal (y que en su introducción promete no sufrir de lo mismo), a saber, que te dicen qué hacer sin considerar en lo mínimo la dificultad para hacerlo. Por ejemplo: en la semana uno de la “zombificación” (el cambio de vida) la persona debe dejar de tener miedo. Y el autor así lo dice: “deja de tener miedo y haz que aquellos a quienes les temes te teman a ti”. Pero no te dice cómo. Una persona que tiene miedo es por algo y no puede dejar de tener miedo sólo por decidirlo, como si fuera cambiar de calcetines.

Vuelvo al primer párrafo de este texto: no se puede escribir un libro y pensar que le va a venir como anillo al dedo a todos los lectores. Por eso los libros de superación personal son tan superficiales y genéricos. Pretenden ayudar a todos y por eso deben evitar las particularidades pero por lo mismo no ayudan a nadie. Las razones por las que una persona le tiene miedo a su jefe no son las mismas por las que otra le tiene miedo a su padre ni las mismas por las que otra le tiene miedo a su pareja y un simple: “pues deja de tenerles miedo” no es suficiente para que la persona pueda cambiar.

Este libro tiene consejos que son fáciles de aplicar y que no requieren de un conocimiento profundo de la persona y sus motivaciones o dificultades, como aquello de hablar poco; considerar lo que desea, no ser racista ni homofóbico, etcétera. Pero otras cosas que exige son sencillamente imposibles de poner en práctica con la facilidad con la que el hombre lo pone sobre la mesa.

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Algo en lo que el libro sobresale junto a otros de superación personal son los constantes chistes de analogías con los zombies. “Un zombie sólo quiere comer cerebros y hará lo que sea para cómerselos, así sea pasar por encima de otros zombies”. El problema es que los chistes de zombies te hacen reír en las primeras tres páginas, comienzan a cansar en las diez siguientes y son infumables para cuando llegas a la mitad del texto. El autor repite el mismo chiste una y otra y otra y otra vez hasta que, sencillamente, ya no tiene gracia.

Es tan insistente en hacer el constante chiste que llega un punto en que el lector se pierde, ya no sabe dónde está el mensaje. El autor suelta páginas completas sobre cómo un zombie debe hacer esto y lo otro que uno se pregunta… o sea que el consejo sobre la vida es… ¿cuál? Y hay que entresacarlo entre las bromas de que un zombie sólo quiere cerebros y hace “huuu, ahrrrg” y etcétera. Esto hace el libro frustrante porque el verdadero consejo de vida ocupa uno o dos párrafos y el resto es extender hasta las nauseas un chiste que para entonces ya dejó de ser gracioso.

Entonces, ¿lo recomiendo? No lo sé, depende del lector y de qué humor se encuentre. Es una lectura divertida un rato que, en mi opinión, se volvió repetitiva y frustrante después de una docena de páginas. Tiene buenos consejos para la vida, sin duda, algunos de ellos maravillosos; en otros se contradice entre el consejo uno y el veinte; y otros son, como ya lo he dicho, idealismo puro: “ve y haz. Mientras no lo logres, no sigas leyendo”, como si fuera tan fácil. Al final del día, mi amiga lo resumió de una manera maravillosa: en un montón de páginas, el autor te recomienda llevar una vida mucho más tranquila, hay que actuar como un zombie y dejar de tomarse las cosas tan a pecho.

¡Buena suerte!

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