Película. El Círculo (The Circle) – James Ponsoldt, 2017.

Desde que vi los avances de esta película me llamó mucho la atención. No por Tom Hanks o Emma Watson, sino por el tema: el Internet, cada vez más rápido y eficiente, con sus cámaras conectadas todo el tiempo y sus redes sociales informando al mundo entero sobre la vida privada de sus usuarios, ¿se ha convertido en un activo para la humanidad o en un peligro?

Círculo - Poster

Mae es una joven que tiene un trabajo horrendo de poca paga y absolutamente ningún futuro profesional. No sólo odia el empleo, sino que no le da el suficiente dinero para poder cuidar a su papá, que sufre de Esclerosis Múltiple. Pero las cosas empiezan a ir mejor cuando su mejor amiga le ofrece un trabajo en “El Círculo”.

“El Círculo” es una empresa de innovaciones tecnológicas que está metida en todo lo que tenga que ver con Internet. Ellos son dueños de la red social más poderosa, crean novedosa tecnología semana a semana y buscan hacer del mundo un lugar mejor a través de Internet. Las instalaciones de la organización son llamadas “el campus”, pues funcionan como una universidad: los empleados duermen en la empresa, comen en la empresa, hacen fiestas en la empresa. Todo funciona como una enorme fraternidad de buenos amigos.

El presidente de “El Círculo”, Eamon Bailey, es un millonario amigable y humilde que se reúne con todos sus empleados semana a semana para presentarles las innovaciones tecnológicas y celebrar con ellos los logros de la organización. Mae está encantada, es un lugar lleno de amigos donde todos conocen a todos, la paga es buena, la amistad está en todos lados y, lo mejor, la empresa cubre los gastos médicos de su padre.

Pero poco a poco se da cuenta que la tecnología está llegando demasiado lejos. Dentro de “El Círculo” no existe la privacidad en lo absoluto. Los empleados son observados todo el tiempo por fuera y por dentro (sí, al ser contratados se tragan un sensor que hace mediciones físicas). Todos sus movimientos están en la nube de “El Círculo”. Si un político desea cuestionar los manejos de la empresa, no hay conexión a Internet que no pueda hurgar lo suficiente en la vida de ese político para hacerlo callar. “El Círculo” es, sencillamente, imparable.

Círculo - Hanks

Luego de ver esta película leí a un montón de críticos decir que es aburrida y que no tiene chiste. No entiendo de dónde sacan eso, yo me la pasé colgado de la pantalla todo el tiempo. Me sentí identificado con muchísimas de las situaciones que suceden en la historia, incluyendo a los jefes que siempre esconden la cara debajo de una máscara con la sonrisa más grande del mundo o la empresa que quiere que a fuerza participes en sus actividades, castigando a sus empleados con culpas y agresiones pasivas si no se ponen la camiseta hasta las rodillas. Por fuera, “El Círculo” parece un lugar de paz y felicidad, por dentro es un templo de paranoia, persecusión y culpa forzada.

Lo que más me gustó es que la película es una queja gigantesca, una llamada de atención hacia lo que está sucediendo con los logros de la tecnología. Y sí, hablo en presente porque lo que vemos en “El Círculo” no es la fantasía de lo que va a suceder en el 2034, no es la pizza hidratada de Marty McFly, sino que nos presenta redes sociales que ya existen, cámaras que ya existen, comunicación vía satélite que ya existe.

En “El Círculo” no crecen los empleados más exitosos, los que mejor trabajan o los que tienen más logros… crecen los que más se inclinan ante la autoridad, los que están dispuestos a cerrar los ojos ante la realidad del maltrato disfrazado de hermandad. Los que se engañan a sí mismos entrándole al guion que los patrones les ponen frente a los ojos. Al igual que la tecnología, ésta es una realidad igual de clara y cierta en el presente. Lo malo es que, con el crecimiento en el seguimiento de los movimientos de cada empleado en Internet, con las cámaras ocultas y los microfonos tan pequeños que hoy en día se producen, las empresas se están volviendo, como en “El Círculo”, prisiones con gente que cobra poco, trabaja mucho y, además, debe sentirse soñada de trabajar donde trabaja y, por ello, aceptar tímidamente cobrar lo que cobra.

Círculo - Escena

Mae empieza a sospechar del maltrato laboral y el poder de la organización desde el primer momento y las pistas están todas ahí: las fiestas forzadas, el político que es silenciado, el seguimiento de su salud física a través de tomarse un lector que sube todo a la nube sin preguntarle y, sobre todo, una escena muy bien lograda en donde la fuerzan de forma pasiva a mantenerse dentro de las instalaciones de “El Círculo” todo el fin de semana. Mae lo ve, sabe que es incómodo pero las prestaciones son maravillosas, el sueldo atractivo, la importancia de la empresa ni hablar… y, como tantos otros, acepta con una sonrisa la esclavitud disfrazada.

Mae se vuelve famosa en la empresa en dos segundos. ¿Por qué? Por una sola cosa: los directores de la empresa saben cómo utilizar su sentimiento de culpa. “El Círculo” es una organización que presume de limpieza, de honestidad, de responsabilidad. Por ello, señalan a sus empleados de deshonestos, pero siempre con el pretexto de “ayudarlos a limpiarse” a dejar la culpa a través de decir la verdad. Mae, luego de hacer algo indebido, es consumida por la angustia y cae a los pies de esos dioses empresariales que la perdonan. ¿Suena conocido?

Eso es lo lindo de “El Círculo”. La película hace las veces del niño que le grita al emperador que en realidad está desnudo. Es un espejo muy bien construido de las organizaciones del presente, atascadas de millenials maltratados que no quieren trabajar en una comoañía “como las de antes”, que quieren ser parte de la innovación, sentirse una pieza en la maquinaria del futuro. Mientras tanto, en la cima, Eamon Bailey es quien observa a todos, quien sabe los secretos de todos, quien se impuso la “moral obligación” de que todos respondan por sus acciones mientras que, a él, no hay quien lo siga ni quien lo espíe.

Círculo - James Ponsoldt

James Ponsoldt, el director

En una escena, se propone que las personas voten en las elecciones federales por medio de Facebook, digo… por la app de red social de “El Círculo”. ¿Cuál es el argumento detrás de esto? Que hay más personas inscritas en al red social que en el padrón electoral. Si botan por ahí, ni siquiera tendrían que salir de casa y “El Círculo” se encargaría de la limpieza de las elecciones. O del control de las elecciones, según sea necesario. Nos estamos volviendo tan dependientes de la tecnología que no dudo que eso suceda en poco tiempo. Cambiaremos de dictadores: dejaran de ser los grandes guías del pueblo y tomarán su lugar los Zuckerbers, los Musks y los Gates. Ya ahorita Apple tiene a millones comiendo de su mano, con acceso a información que ni la FBI ni la CÍA pueden ver.

SPOILER: Me hubiera gustado que la película terminara diferente. Tiene (en parte) un final feliz en donde Bailey, a través de sus propias herramientas, es descubierto. El espía se vuelve espiado. Los líderes de “El Círculo” caen cuando su tecnología se voltea contra ellos. En un momento hermoso, las luces que se apagan para que Mae guarde silencio ante el señalamiento de todo lo que está mal en “El Círculo” son reemplazadas por las pantallas de los celulares de los cientos de jóvenes presentes que quieren saber la verdad. ¿Poético? Sí, pero irreal. Esos jóvenes probablemente no escucharían a Mae y seguirían rendidos ante el carisma de Bailey. Pero bueno… nada cuesta soñar.

El problema es que Bailey, aunque es el que mueve los hilos de la película para su propio beneficio, no puede ser considerado el “villano” de la historia, que en realidad es el hombre mismo. La tecnología no hace daño. Las cámaras pequeñas, las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la conexión constante a Internet… esas son herramientas. Somos los seres humanos los que las utilizamos de forma destructiva, somos nosotros quienes hemos decidido vulnerar nuestra privacidad subiendo a Instagram las fotos de reuniones familiares, twitteando sobre nuestro estado de ánimo u opinando respecto a la vida de otros en Facebook. No necesitamos que Steve Jobs o Bill Gates sean malvados para que esas cosas pasen, ni pintarle el Diablo a Google o Apple. Por eso en la última escena de la película, aunque Bailey ya no está presente, la violación a la privacidad se mantiene.

Ya para terminar, no puedo dejar de aplaudir a Tom Hanks, el tipo está en pantalla veinte minutos a lo mucho y domina la película. Por otro lado, creo que Emma Watson está muy lejos de ser la gran actriz que nos vende la mercadotecnia y John Boyega aparece en el póster por una y sólo una razón: es Finn de la tercera trilogía de Star Wars.

¡Buena suerte!

 

 

 

 

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