Película. “La Forma del Agua” (The Shape of Water) – Guillermo Del Toro, 2017.

Guillermo del Toro hace dos tipos de películas: las que le encargan y las que son sus proyectos personales. Lo dice él y se nota claramente en el desarrollo de sus historias. “La Forma del Agua” es uno de sus proyectos personales. Aquí mi punto de vista.

SOW - Poster

Elisa es una chica muda que tien e una vida aburrida, monótona y repetitiva. Todos los días hace lo mismo: se despierta, se baña, se masturba y trabaja en el equipo de intendencia de una instalación secreta del gobierno. Todo el día escucha a su mejor amiga hablar y hablar sin parar de sus problemas maritales mientras limpia y ve ir y venir a científicos y militares.

Hasta que un día llega a la instalación gubernamental un tal Coronel Strickland, que trae consigo una criatura extraña capturada en las selvas de sudamérica. Curiosa, Elisa comienza a entrar en secreto a la instalación secreta en donde tienen oculta a la criatura. Poco a poco, la criatura y Elisa comienzan a tener una relación cercana. A diferencia de los militares, que lo tratan como un monstruo, ella es capaz de comunicarse con él a través del lenguaje de señas, la música y la pasión.

Pero un buen día, la milicia decide que hay que matar y analizar a la criatura para beneficiar el conocimiento científico y superar a los soviéticos. Al mismo tiempo, un científico ruso infiltrado busca salvar a la criatura en el nombre de la ciencia. Así que Elisa tendrá que salvar a su amigo enfrentándose a un montón de intereses de hombres peligrosos que no se detendrán ante nada.

SOW - Amor

Soy muy fan de cuando Guillermo del Toro hace sus proyectos personales. De hecho, estoy convencido de que sus mejores películas son las que salen de su corazón (como “Cronos” o “El laberinto del Fauno”) y son pocos directores en donde se nota a leguas qué películas le interesan de verdad y cuáles no. “Pacific Rim” pudo haberle gustado a muchos, pero se nota que él la hizo sin el amor que le pone a cintas como “La Forma del Agua”.

Aquí vemos a Del Toro en todo su esplendor. Vemos los temas que le interesan, vemos las películas que han influido en él, vemos su amor por el cine y vemos, además, la extraordinaria forma en donde mezcla estos temas. El hombre nos entrega una historia de monstruos, una historia de amor, un homenaje al cine musical, una película sobre la Guerra Fría, una historia llena de metáforas e imágenes bíblicas, un homenaje al cine clásico de monstruos (específicamente al Monstruo de la Laguna Negra)… todo en un solo paquete y sin que una cosa esté peleada con la otra o fuera de lugar.

Pero además, en las apenas dos horas que dura la película logra desarrollar muy bien a todos los personajes. No sólo a los dos protagonistas, sino al villano, al mejor amigo y la mejor amiga de Elisa, el científico soviético… Todos tienen tiempo y todos tienen un espacio y un arco narrativo. Del Toro demuestra que con una buena narrativa no es necesaria una película de cuatro horas para desarrollar adecuadamente a muchos personajes (algo que pudo haber aplicado Jackson en su “Hobbit”, que dura nueve horas y apenas desarrolla a tres de sus nueve protagonistas).

SOW - Malvado

Podríamos quejarnos de cosas que son muy similares con películas como “El laberinto del Fauno”, pero esas similitudes, en este tipo de películas, son lo que construyen el cine de autor. El director, que es también el guionista, nos habla de sí mismo, de sus pasiones y de sus intereses. Por ello vemos los mismos elementos: el militar padre de familia obsesionado con el deber, el monstruo que es en realidad bondadoso, la chica inocente que se mantiene bondadosa a pesar de vivir la desgracia y maldad del mundo que la rodea. Del Toro quiere que nos preguntemos qué nos hace monstruos… Strickland es más monstruoso que la Criatura, sin duda. Y ésta es más humana que muchos de los personajes.

A diferencia de otras películas recientes obsesionadas con los mensajes socialmente correctos, Del Toro hace afirmaciones necesarias sin necesidad de llevarse media película en ello. Así que, en medio de una historia de monstruos e intrigas políticas, también nos habla de los sentimientos de los homosexuales sin caer en los lugares comunes y del empoderamiento de la mujer sin hacerlo obvio. Yo en lo personal le agradezco que la protagonista sea una mujer capaz, una mujer valiente y fuerte… pero es también una mujer con fallas, llena de miedos, errores y muy lejos de ser una chica perfecta. De entrada, lo primero que hace Del Toro es decirnos sin tapujos que Elisa se masturba de forma crónica, por costumbre, como una especie de ritual que hace diariamente sin encontrar verdadero placer en ello.

De hecho, Elisa es un personaje bastante conforme. Va por la vida conformándose con lo que otros le dan. Las películas que le pone su vecino, la amistad que le ofrece su casero, las diatribas constantes y repetitivas de su mejor amiga, el mismo trabajo y la misma rutina. Es a través de la criatura que ella se descubre. Ojo, no es la protagonista que encuentra en su pareja su objetivo de vida, sino aquella que redescubre quién es a través de estar de frente con su pasión verdadera. La criatura no hace a Elisa, simplemente le recuerda quién es. A través de metáforas visuales que Del Toro no se molesta en explicar (porque explicarlas les robaría su escencia) entendemos por qué Elisa no habla ni sabe desarrollarse en un mundo que no es el suyo.

SOW - Amigo

Como es común en el cine de monstruos de Del Toro, la petición constante del director es: ¿cómo se ve desde el otro lado? Siempre vemos a los monstruos desde el punto de vista del humano… ¿pero cómo se ve el humano desde el punto de vista del monstruo? ¿Cómo se ve Sansón desde el punto de vista de los filisteos? ¿Cómo se ve el hombre desde el punto de vista de Dios? ¿Es capaz el hombre de ver a Dios cuando lo tiene enfrente? Del Toro nos muestra cómo nos contamos historias sin tener mucha información para apoyarlas, aunque luego basemos buena parte de nuestra existencia en dichas historias. Las historias que nos contamos a nosotros mismos construyen nuestra propia realidad.

Además de todo esto, la película nos regala imágenes maravillosas. Usando como lienzo el agua, construye momentos visualmente riquísimos que van más allá de verse bonitos. Sí, se ven hermosos, pero tienen además un contenido simbólico y poético que pocos directores actuales se molestan en construir a pesar de todas las herramientas visuales que la tecnología digital pone sobre la mesa. Del Toro nos pide que no esperemos de su película lo que estamos acostumbrados a encontrar. No está de acuerdo con visitar los lugares comunes. En ocasiones suceden cosas en pantalla que, pensamos, llevarán al conflicto, hasta que el director nos dice: “no, no te distraigas, mira el símbolo, no esperes lo de siempre”.

“La Forma del Agua” no es una película para todos. Muchas personas en el público se estaban durmiendo, o desesperando. En ocasiones la película es lenta y, parece, no sucede nada. Cuando el público espera que el ritmo acelere, la película se niega a ello y nos pide paciencia. La historia de “La Bella y la Bestia” no es nueva, pero esta versión se niega a embellecer a la bestia y nos pide que veamos verdaderamente el interior. Y al decir verdaderamente me refiero a que esta “bestia”, una vez que ha sido descubierta como bondadosa por dentro, no se vuelve hermosa por fuera. Al menos no ante los ojos comunes, aunque ante la mirada que sabe ver, es hermoso en su totalidad.

¡Buena suerte!

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