Película. “Tres anuncios por un crimen” (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) – Martin McDonagh, 2017.

Nunca había escuchado a este director ni conocía sus trabajos previos. Empero, el reparto me llamó la atención, sobre todo por Frances McDormand, una de las mejores actrices de Estados Unidos. Y ni qué decir del título, que me atrapó desde el segundo uno. Además, está atascada de nominaciones y recomendaciones de personas en quienes confío. Así que la vi y aquí les dejo mi punto de vista.

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Un buen día, Mildred Hayes conduce por una carretera solitaria cercana a su casa y se encuentra con tres espectaculares viejos, maltratados y abandonados. Los renta y coloca tres llamativos textos negros sobre fondo rojo: “Violada mientras moría”, “¿Y aún no hay arrestos?”, “¿Qué pasa, jefe Willoughby?”

La hija adolescente de Mildred fue violada y asesinada ocho meses antes y el equipo de policía del pueblo de Ebbing no ha logrado absolutamente nada respecto al caso. A pesar de que la carretera no tiene tránsito, pronto los medios de comunicación llegan a hacer un reportaje sobre los espectaculares. En poco tiempo, todo el pueblo se ve afectado por la presencia de esos mensajes, sobre todo el jefe de policía y su equipo, que tienen que lidiar con la acusación y las exigencias de Mildred.

A partir de aquí, la película nos mete de lleno en la vida de seres humanos comunes y corrientes que intentan vivir su vida y lidiar con todos los conflictos ocultos que salen a la superficie a partir de la colocación de los tres espectaculares. Pero que sean seres humanos comunes y corrientes no hace que sus historias sean, también (y por lo mismo) extraordinarias.

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Lo primero que le aplaudo a esta película es que no hace el menor de los esfuerzos por crear personajes fuera de lo común… y al mismo tiempo sí. Son humanos, lidian con problemas humanos y necesidades humanas. Es maravilloso ver cómo el cine, cuando nos retrata de forma tan directa y clara en la pantalla, nos parece fuera de lo común, ya que aquello a lo que estamos acostumbrados es a que la humanidad se simplifique, o que los problemas tengan que ver con asuntos más grandes que la vida misma. La enfermedad, el dolor, el miedo, la evitación… no son cosas que veamos muy seguido en el cine, mucho menos de la manera tan sencillamente compleja que lo vemos aquí.

Sí, me repito: sencillamente compleja. Porque un personaje que lidia con una enfermedad incurable tiene un problema sencillo, sencillo en su comprensión, en la capacidad empática del público (vaya, es más fácil asociarnos con eso que con ser pilotos de naves espaciales en estaciones lunares). Pero a la vez la forma en que ese personaje lidia con el problema es complejo, porque es real, y porque tiene mayor capacidad de afectar a cualquiera de nosotros que otros conflictos en películas con un acento que no está sobre los personajes, sus conflictos y la forma en que éstos se expresan en diálogos y acciones.

Porque ojo: en esta película hay mucho diálogo, muchísimo. Diálogo bien escrito, diálogo inteligente, palabras que surgen de personajes bien comprendidos y maravillosamente bien construidos. Uno sabe quién habla, aunque no esté viendo la película, porque sencillamente los diálogos no son intercambiables. Lo que dice un personaje no podría decirlo otro, así de sencillo. Esta película tiene de esos diálogos que guían el desarrollo de la historia… Vaya, hay tres cartas leídas en voice over que tienen un contenido maravilloso y con un afecto que llega hasta los huesos a pesar de haber sido escritas por un personaje sencillo, un policía de pueblo, honesto, lastimado, temeroso y, quizá por ello, tan absolutamente preciso.

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Este guion se brinca todos los consejos sobre estructura y nos reta en todo lo que se supone que tiene que ir sucediendo. No, no, aquí esas cosas no caben, el guion nos cuenta una historia como debe ser contada. No hay cosas que deben pasar en determinado minuto del filme, no, hay cosas que pasan cuando a los personajes deben pasarles, ni antes ni después. Aquí no es una estructura de pizza en serie lo que guía a los personajes, sino los personajes mismos, sus afectos y sus necesidades. Por eso la película nunca le da gusto a nuestras expectativas. Pero ¿saben qué? Las supera.

Esta película no tiene respuestas fáciles ni cierres satisfactorios, no haría felices a los fans de los finales felices ni a los lectores de Paulo Coelho. Manda al diablo a todos los que creen que un arco de personaje debe estar completo, o que antes de los créditos finales deben terminarse de dibujar los círculos. No da explicaciones de más, no hace obvias las cosas y eso, me di cuenta, fue demasiado complejo para algunos miembros de la audiencia, aquellos acostumbrados a que les griten en la cara lo que está pasando con obviedades o diálogos explicativos.

Aquí sólo hay personajes y sus motivaciones. El conflicto parte de que las motivaciones de unos están en contraposición con las de otros. No hay malos ni buenos, hay sentimientos que superan su capacidad y tolerancia. Por ejemplo, mientras Mildred coloca los anuncios para culpar a la policía y así liberarse un poco del dolor que la atormenta, su ex-esposo se comienza un noviazgo con una mujer preciosa pero tonta como pepino de mar. Son dos formas de enfrentar el dolor. El público está libre de juzgar a ambos, odiarlos o amarlos, pero, sobre todo, comprenderlos. Es por ello que en esta película no hay forma de irle a un personaje específico. Odias a uno en el primer acto y lo amas en el segundo… ¿por qué? Porque hace una villanía aquí y un acto heroico allá… Esa es la verdadera humanidad, los millones de tonos grises entre la bondad y la maldad absolutas.

TAPUC - Martin McDonagh, director

Martin McDonagh, el director

Todo ello, construido con un humor negro recalcitrante e inteligente. A quienes no les gusta el humor negro no deben siquiera acercarse a esta película, que ciertamente nos hace reír con verdad… y no con la verdad más cómoda sobre nosotros mismos y el dolor (y placer) que es esta vida. Todos tenemos huecos, todos estamos heridos y vivimos con cicatrices imposibles de cubrir. La película nos lo recuerda cada veinticuatro cuadros.

Corran a verla, es muy recomendable, sobre todo si les gusta el humor negro y el cine que desnuda al humano y sus motivaciones. Si crees que el cine es sólo para divertirte y escapar de la realidad un rato, creo que hay mejores opciones. Pero si deseas ir a ver el cine como espejo, el cine como análisis, entonces es de las mejores opciones que hay ahorita en cartelera.

¡Buena Suerte!

 

 

 

 

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Un pensamiento en “Película. “Tres anuncios por un crimen” (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) – Martin McDonagh, 2017.

  1. linettecotto

    Lo mejor de tu texto: “no haría felices a los fans de los finales felices ni a los lectores de Paulo Coelho” hahahahaha

    Responder

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