Película. “Un Viaje en el Tiempo” (A Wrinkle in Time) – Ava DuVernay, 2018.

Cuando vi los avances de esta película me pareció una fantasía genérica de Disney, de esas llenas de mensajes bonitos sobre la humanidad y el amor que todo lo vence, vaya, una película que ya me sabía. Pero no permití que mi prejuicio me venciera y fui a verla de todos modos, totalmente convencido de que podía callarme la boca.

WIT - Poster

Meg es una niña de trece años que se ha vuelto problemática desde que su padre Alex, un científico que estudiaba astrofísica, desapareció misteriosamente sin dejar rastro. Aunque vecinos y profesores creen que abandonó a su familia, Meg y su madre Kate creen que Alex descubrió la forma de teletransportarse a otros lugares del universo.

Antes de que cante un gallo, tres sabias viajeras astrales aparecen ante Meg, su hermano Charles y Calvin, amigo de su escuela. Los niños pueden salvar a su padre, pero tendrán que hacer un viaje peligroso que terminará en el enfrentamiento con la maldad del universo.

Meg y Charles no se acobardan y se dejan guiar por las viajeras astrales. Calvin los acompaña en la aventura. Su primer destino es Uriel, un distante y hermoso planeta verde. Pero no todo es tan lindo, pronto tendrán que viajar a lugares más escabrosos y se verán obligados a arriesgar su vida si desean traer a su padre con vida de vuelta a la Tierra.

WIT - Todos

“Un Viaje en el Tiempo” es la adaptación de una novela de la autora Madeleine L’Engle, y que ya había sido adaptada como película para televisión en 2003. La primera versión resultó una pésima película que incluso la autora rechazó públicamente. La autora murió en 2007, así que me quedaré con las ganas de saber qué opinó de esta segunda versión.

¿Qué opiné yo? Pues ratifiqué cien por ciento mi prejuicio, que no fue un prejuicio sino la clara percepción, desde los avances, de lo que esta película realmente es: forma sin fondo. Un “caramelo para los ojos” que no sólo no pasa de ahí, sino que frustra, desespera y aburre en muchísimos sentidos.

Primero que nada, otra vez tenemos que soplarnos la necesidad del cine “diverso”. En la novela original los personajes son una familia blanca de Nueva York. Aquí el padre es blanco, la madre es negra, Meg es negra y Charles Wallace es blanco, pero es adoptado. ¿Por qué meter el asunto del hijo adoptado en una novela en donde Meg y Charles Wallace son hermanos de sangre? Ya ni me pregunten, Disney dejó muy claro en “La Bella y la Bestia” que la nobleza francesa del siglo XVIII incluye negros, así que lo demás no tendría por qué sorprenderme. El problema es que, en vez de ser más incluyentes, al jugarle a no ser racistas, están arrojando una luz mucho más potente sobre el tema, lo están haciendo obvio.

Pero vale, sigamos adelante. Decía que la película es “caramelo para los ojos” porque se ve hermosa, eso ni quien lo ponga en duda. Los efectos especiales están increíbles… ¿Pero para qué? Decía George Lucas (en sus años mozos) que los efectos están para contar una historia, no al contrario. El cine actual no entiende esto y prefiere mostrarnos efectos que contarnos una historia.

WIT - Niña

“Un Viaje en el Tiempo” tiene secuencias completitas creadas para mostrarnos efectos especiales muy bonitos, con paisajes digitales maravillosos y música épica de fondo. Pero es vano, porque comúnmente estas escenas sobran, no tejen una historia coherente, interesante o apasionante. Entonces terminamos con secuencias hechas como pizzas en serie en donde lo único que tenemos que hacer es, se supone, emocionarnos y sentir en peligro a personajes que, sabemos, no están en peligro. Uno está frente a secuencias que parecen épicas, suenan épicas, pero que no me hicieron sentir absolutamente nada.

Hasta este momento me pregunto cuál era la intención de toda la secuencia en el planeta verde de Uriel. Sí, Reese Witherspoon se convierte en una hoja gigante y los niños vuelan entre las nubes de un cielo perfecto… ¿y luego? Ah, vemos al villano, una mancha negra en el cielo que todo lo invade y todo lo domina: la maldad en su forma física. ¿Y luego? Los niños se caen y sabemos perfectamente que no les pasará nada. No les pasa nada y de ahí nos vamos a otro planeta…

Es una película de viñetas, de momentitos. Uy, que lindo el planeta Uriel, uy que bonitas imágenes las de los suburbios falsos del planeta Camazotz… ¿Y entonces? Nada. Música que se supone que debería estrujar el corazón, pero no lo estruja. Encuentros entre personajes que se aman pero que nosotros no amamos. Mensajes cristianos que llegan al espectador con la sutileza de un balonazo en la cara.

WIT - Directora

 Ava DuVernay, la directora

La película tiene momentos tan sin chiste que no sé si estaban en el guion o se le ocurrieron al director en ese momento. El clímax se desarrolla en un espacio blanco sin gracia, con escalones imaginarios y una supuesta sensación de peligro que vemos en los personajes, pero nosotros no captamos ni tiene sentido. Lo que Meg necesita hacer para poder encontrar a su padre, el final de su misión, el objetivo de su gesta, es tan emocionante como la bandera de Libia.

Antes de que piensen “pero es una película para niños” voy a regresar a las sabias enseñanzas de Joseph Campbell, Rollo May o Bruno Bettelheim, que analizaron a fondo la necesidad de los cuentos y las narraciones en la vida tanto infantil como adulta, la importancia de ver de frente, desde chicos, temas como la muerte, el dolor, el sufrimiento, las consecuencias de enfrentar fuerzas malignas más fuertes que nosotros mismos.

Hoy se exige que el cine infantil no asuste a los niños ni los ponga tristes, mientras que se nos olvida el plomazo que recibió la mamá de Bambi, Simba metiéndose debajo de la pata de su padre muerto o la madre de Dumbo acariciándolo a través de los barrotes. Los niños deben sentirse tristes y asustados de vez en cuando, sobre todo cuando hay un mensaje importante que comunicarles (sí, Bing Bong está destinado a desaparecer, aunque sea una cosa tristísima).

WIT - Hermosa

El final de esta película gira alrededor de Meg rescatando a su hermano adoptivo de las fuerzas del mal que lo tienen poseído. ¿Cómo? Con la fuerza del amor. ¿Con sacrificio, con entrega? No. Repitiendo insistentemente diálogos comunes y esperables de personajes que no conocemos. Esto es importante, porque el guion espera que se nos hinche el corazón por personajes que no conocemos.

En “La Orden del Fénix” vemos a Harry rechazar la posesión de Voldemort a través del amor y hay ocho horas escenas de amistad y cariño que sostienen el momento. Aquí necesitamos del convencionalismo. Ya sabemos qué va a pasar y sólo necesitamos que termine. Entonces el villano, que es como un planeta malvado (no sé por qué Meg no le dijo a la fuerza maligna que venía “a negociar”) hace lo que tiene que hacer: ser vencido ante la insistencia dialogada de lo mucho que Meg ama a su hermano.

Después de esto tenemos un brevísimo cierre en donde todos se encuentran y son felices y se aman y se abrazan y que bonita es la vida. Qué bonito es todo, que cosa tan maravillosa. Y mi problema no son los finales felices, mi problema son los desarrollos felices. Caramba, ¡pónganle peligro, emoción, autodescubrimiento, afecto, algo! En lugar de eso nos ponen a Oprah en un personaje olvidable pero sabio (porque es Oprah), a un Zach Galifianakis que no sé bien qué hace ahí pero que se supone que debe ser divertido, y a Mindy Kaling haciendo caras.

Ah, porque eso sí, la película está 50% narrada con reaction shots de sonrisas beatíficas y gestos de amor. Más gestos de amor. Gestos de comprensión. Corte a gestos de amor. Un diálogo y… ah, reaction shot de un gesto de amor de Orpah, o de Whiterspoon, o de Kaling. De hecho, Kaling tiene dos diálogos en toda la cosa, el resto son… gestos de amor. Y luego de eso, los personajes caminan y entonces… eso mismo, gestos de amor. ¡Qué cosa tan aburrida!

WIT - Zach

¿Tiene algo bueno además de los elementos visuales? Sí, Reese Whiterspoon hace reír al público con algunas bromas que funcionan perfectamente. Además de eso también vemos… esperen, algo debe haber… vemos… uhm… No, creo que es todo. Es una película de esas que quieren inspirar amor y no lo inspiran. Quiere ser épica y no lo es. Es aburrida, sin sentido y obvia. Repito: no tiene nada que ver con que sea para niños. Los niños no son idiotas, merecen cine mejor que éste.

¡Buena suerte!

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