Película. “Un Lugar en Silencio” (A Quiet Place) – John Krasinski, 2018.

Desde que vi los avances de esta película me llamó la atención al instante. Luego, alguien de buen gusto me comentó que la vio y que le había gustado, aunque con un par de pormenores. Además, como tercer elemento, siempre me he sentido atraído a las historias de “se acabó la humanidad, excepto estos dos o tres que quedan”. Aquí mi punto de vista.

AQP - Poster

En algún punto no establecido, surgió en la tierra una raza de alienígenas con mucha hambre. El asunto es que sólo pueden cazar a través del sentido del oído, pues no tienen otros ni, al parecer, otro sistema perceptivo. Cuando la historia comienza las ciudades están vacías, las criaturas han casi exterminado a la humanidad. Sin embargo, alcanzamos a leer que, antes de la caída de la civilizacion, periódicos y revistas ya hablaban de que había que mantenerse en silencio para sobrevivir.

Evelyn y Lee y sus tres hijos son una de las pocas familias que queda con vida. A lo largo de la película, los seguimos en su intento por mantenerse con vida. Para ello, tienen que caminar descalzos, avanzar sobre arena, comunicarse con lenguaje de señas, etcétera. Se las arreglan bien para sobrevivir, pero Evelyn está embarazada y su hijo nacerá en cualquier momento. El llanto de un bebé resultará un problema en un mundo en el que el sonido atrae a esos monsturos asesinos.

Además, la relación entre los miembros de la familia no es la mejor. La hija mayor, Regan, es muda y se siente culpable por la muerte de su hermano menor, además de que rechaza a su padre, pues cree que él también la culpa de esa muerte. La comunicación en familia, que ya es difícil, se torna aún más complicada. Mientras tanto, no hay esperanza hacia el futuro y todo gira alrededor de mantenerse con vida un día más. Sólo un día. Unas horas. Seguir adelante…

AQP - Familia

Primero que nada, tengo que felicitar a los guionistas porque se les ocurrió una película de terror y de monstruos que vaya más allá de los sustos gratuitos y las criaturas feas y horripilantes. Ojo, sí tiene sustitos baratos, de esos en los que te espantas no por un contenido bien construido, sino por un elemento sorpresivo en la imagen. Pero, aunque se abusa de ellos en todo el primer acto, luego se le va dando espacio a elementos más interesantes.

Eso es lo que me gustó mucho de esta película. Aunque el director insiste en asustarnos con sorpresas y golpes de volumen alto, también nos asusta con la ansiedad del silencio. La película se desarrolla en un constante y continuo sentido de ansiedad porque no hay un solo momento de calma, todo lo que suena atrae la muerte. Mientras veía la película, no pude dejar de pensar en todo lo que hacemos, día con día, que suena. La vida sin sonido sería una pesadilla. Esto lo vemos con claridad en las escenas-punto de vista de la hija muda, en donde la película silencia todo el volumen y nos quedamos únicamente con la angustiante imagen. Si no lo vemos ni lo escuchamos, no existe.

Pero, aún peor, es todo lo que el director nos dice (intencionalmente o no) sobre la importancia de la voz. La comunicación. Cómo en ocasiones, aunque podamos entendernos de otros modos, necesitamos hablar, gritar, reír. Necesitamos el sonido, necesitamos escuchar al otro. Nos gusta el sonido de otras voces. La película pone sobre la mesa una realidad absoluta: si con la voz nos cuesta trabajo comunicarnos, sin ella estamos acabados.

AQP - Parto

El guion, de Bryan Woods y Scott Beck, fue una idea original que buscaron vender en varios estudios. Luego, el director (John Krasinski) lo reescribió no sé por qué razón. Una idea que surgió del miedo que puede generarnos vivir una vida de silencio con lo malos que somos para quedarnos callados más de un minuto si las circunstancias así lo requieren. Pero, además, escogieron muy bien los hechos que se desarrollan en la historia para hacer la situación aún más desesperada. El embarazo, por ejemplo, es una amenaza temática constante: ese niño va a llorar, esa madre tendrá contracciones y, finalmente, dar a luz no es un proceso que una mujer pueda llevar a cabo en silencio.

De ese modo, la película aumenta la tensión sin cesar. La aumenta, la aumenta, la aumenta. Primero con el silencio, luego con las relaciones entre padres e hijos, contaminadas por la culpa y el miedo. Luego el embarazo, el parto y el dolor. Luego el bebé, que no tiene la capacidad de entender que se debe mantener en silencio. Los guionistas supieron poner a los personajes cada vez en más y más peligro y, en la mayoría de las ocasiones, dicho peligro es parte integral de la historia y no sobra ni se siente forzado.

Dije “en la mayoría de las ocasiones” porque es claro que hay momentos forzados de conflicto en la película. Por ejemplo, si ya tenemos a los monstruos rodeando la casa, si ya tenemos a todos los miembros de la familia separados, si ya tenemos a un escandaloso bebé atrayendo a las criaturas una y otra vez, ¿realmente eran necesarios conflictos como el agua que inunda el escondite de la familia o el silo que amenaza con asfixiar a los niños entre el grano de maíz?

AQP - El director John Krasinski

John Krasinski, el director

Además, también hay otros atajos que la historia toma de manera forzada para crear más conflicto del necesario. Por ejemplo, Regan no puede bajar al sótano en donde su papá trabaja en aparatos auditivos para ella y en donde tiene toda la investigación sobre los monstruos. ¿Por qué? ¿Qué hay allá abajo que lo hace “peligroso” para una niña de dieciseis años? Pues nada, pero ella baja hasta el tercer acto y, sólo por estar ahí, resuelve de golpe dos conflictos de la película. Entiendo que había que retrasar esto, pero pudieron haberlo hecho de un modo más coherente con el resto de la historia.

Otra cosa que ataca la construcción de personajes durísimo es que los protagonistas pasan de ser padres increíbles a ser los peores padres del mundo de una escena a otra. En ocasiones, Evelyn y Lee hacen todo lo necesario para mantener a sus hijos a salvo y, en la escena siguiente, son peores padres que Cronos. Ella se preocupa por ellos hasta las lágrimas aquí, pero allá no sabe ni dónde están y no le importa ni se lo cuestiona. Los dos aseguran que sus hijos son inteligentes y saben cómo hacer las cosas, pero en escenas anteriores y posteriores no los sueltan, como si no supieran ni ir al baño solos. Y por amor de Dios, ¿quién deja a un niño de cuatro años hasta atrás de la fila en un mundo como ÉSTE?

Estos detalles son muy importantes y, en ocasiones, te sacan de la película durísimo. Pero de todos modos no eliminan el hecho de que esta historia es una cinta de terror que sale de lo común, una cinta de terror que se esforzó más por crear una atmósfera y un mundo espeluznante más allá de los monstruos, que puede llevar al espectador a cuestionarse la debilidad de nuestra comunicación y el silencio que guardamos ante los afectos positivos, los “te quieros” no dichos, los gritos de alegría reprimidos, lo fácil que sería el vínculo a través de los mensajes claros sin el miedo a esos “monstruos” que censuran la lengua.

Eso sin contar el uso del sonido para fortalecer el suspenso. Bravo para el diseño de audio de esta película. Y bravo también para el director, un buen actor que es más asociado con la comedia debido a su aparición en  “The Office” pero que aquí demuestra que sabe hacer las cosas y que, si sabe escoger bien sus proyectos, puede alejarse de los directores de “cine en serie” que están polulando esta década en el cine comercial de Estados Unidos.

¡Buena Suerte!

 

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