Película. “A la Deriva” (Adrift) – Baltasar Kormákur, 2018.

Los avaneces de esta película me atraparon durísimo. La historia de amor de una pareja que, después de casi morir en una tormenta marina, tiene que sobrevivir sin saber siquiera en dónde se encuentran. A su alrededor sólo está el mar hasta donde la vista llega. Él está lastimado, no puede hacer mucho. Amor. Drama. No podía perdérmela. ¿Estuvo tan buena como el trailer?

Deriva - Poster

La película está basada en hechos reales, aunque bien sabemos que cuando el cine dice eso, en realidad significa que la cinta tomó un hecho que sucedió y lo dramatizó hasta el tuétano para convertirlo en una historia que atrape al público. Lo que es real es que, en 1983, Tami Oldham y Richard Sharp se embarcaron en un viaje de Tahiti hasta San Diego en un pequeño yate de trece metros y que, a la mitad del camino, se vieron tragados por el Huracán Raymond.

En la película nos cuentan que Tami era una chica viajando por el mundo sin encontrar un lugar donde quedarse, una eterna errante sin soltar las anclas. Esto es hasta que conoce a Richard, un marinero inglés diez años mayor que ella que le roba el corazón. Al poco tiempo de haberse enamorado, una pareja de la tercera edad le pide a Richard que se lleve su yate a San Diego a cambio de una suma considerable y dos pasajes de regreso a Tahiti para él y su novia Tami. Los dos están felices, están juntos, son el uno para el otro y adoran la mar.

A medio camino, como ya dije, se encuentran con un Huracán que deja su yate hecho una piltrafa. Tami encuentra a Richard apenas vivo y cuando logra llevarlo a cubierta descubre que tiene un montón de costillas rotas, una pierna quebrada y una herida profunda que le está llenando de gangrena la pierna derecha. La comida enlatada es poca y el agua menos. Ella es vegetariana, se niega a matar peces para su consumo. El timón está roto, la radio no funciona y nadie sabe que están perdidos a la mitad del Pacífico. Sólo ella puede salvarlo y salvarse. Rendirse no es una opción.

Deriva - Ellos negociando

La película está contada a partir de flashbacks. Comenzamos con Tami despertando en un yate inundado, con los mástiles caídos y las velas rasgadas. Busca al amor de su vida, pero no lo encuentra. Comienza a hacer lo que se le viene a la mente: intentar establecer comunicación con quien sea, pero la radio no funciona. Hay que sacar la mayor cantidad de agua posible. El timón está roto, atascado… y en ese momento, el director nos lleva al pasado, al momento que Tami llegó a Tahiti. Ahí vemos cómo le informa al agente de migración que no sabe cuánto se quedará en la isla, pero no tarda en conseguir un trabajo manteniendo yates maltratados.

La película se desarrolla de esa forma en su totalidad. Nos cuentan un poco de lo que está sucediendo en el presente, con Tami intentando salvar su vida y la de Richard. Luego, nos llevan al pasado, a vivir la forma en que los dos se conocieron, se enamoraron y llegaron a la situación en la que se encuentran. Ambas historias avanzan hacia adelante y, en el clímax, vemos cómo juntos se enfrentaron a la tormenta que lo inició todo. Esta forma de narrar funciona, porque vamos conociendo poco a poco a los personajes. Los vemos primero en momentos de crisis, en momentos de miedo, dolor y muerte. Aprendemos a respetarlos, a comprenderlos, a temer por ellos y, al instante, nos los presentan en su día a día, cuando todo era ilusión y la muerte ni siquiera había que considerarla.

La película nos habla del amor por la navegación, el amor al horizonte marino, el amor entre dos personas entregadas que son el uno para el otro sin considerar prejuicios sociales ni etiquetas culturales. Los dos son diferentes, vienen de contextos disímiles y tienen costumbres que no necesariamente cuadran. Incluso tienen una forma de ver el mundo que es completamente contradictorio: él mira la complejidad de la naturaleza y la realidad que los rodea mientras ella la simplifica. Sin embargo, se aman y son un espacio de paz, tranquilidad y apoyo el uno para el otro. Saben comunicarse, se respetan y se admiran. Los dos aprenden del otro con humildad, con confianza… su relación es de amistad, de pasión, de sexo, de juego.

Deriva - Negociando

Pero, cuando todo sale mal, cuando su sueño se ve coartado por un huracán que les llegó sin menor aviso, entonces la película nos habla de miedo, de desesperación e impotencia, del deseo de dos jóvenes por sobrevivir. Ella es la que tiene sobre los hombros toda la responsabilidad, él no puede ni moverse. Tami debe utilizar todo lo que él le ha enseñado sobre navegación a lo largo de su relación si pretende sobrevivir. Está prácticamente sola, lo único que él puede hacer es reconfortarla con su voz, con sus consejos y sus ánimos.

He leído a algunos críticos hablar de esta película como una lamentable afirmación de que la mujer no puede hacer nada sin “su hombre”. No sé qué película vieron estos críticos, porque Tami está sola haciéndolo TODO durante todo el filme, hasta tiene que volverse enfermera para intentar cuidar la herida en la pierna de Richard de la mejor manera. El tipo está echado en la popa del yate sin mover un dedo, ¿cómo pueden creer que esta película no habla sobre la fuerza de la mujer para salir adelante y superar los obstáculos? Creo que las mujeres todopoderosas a las que Hollywood nos está acostumbrando están dañando la mente de algunos espectadores.

No, a ver… Tami es el tipo de heroína que el cine necesita. Es una mujer valiente, entregada y capaz que, además, es herida, siente dolor, siente frustración, no logra todo lo que se propone, las cosas le salen mal, siente miedo, a veces se acobarda, pierde la esperanza, alucina… vaya, cojones, todo lo que una persona de carne y hueso siente en una situación de ese tamaño. Richard está ahí para calmarla, para darle esperanza, para hacerla sentir mejor. ¿Porque es un hombre? ¡No! Porque es el amor de su vida, porque cuando una persona ama esas cosas pasan, encuentras sustento y asidero en la voz del otro. No es una historia de la mujer que logra las cosas porque tiene a su hombre al lado, es una historia de amor en donde ambos se complementan de la forma más eficaz posible porque son un equipo.

Deriva - Baltasar Kormákur

Baltasar Kormákur, el director

Afortunadamente, la historia no nos llena de diálogos de Richard sintiéndose culpable por estar golpeado, no es un personaje que nos llene las orejas con palabras de auto-compasión. Ni Tami lo siente tampoco. Nunca. Las circunstancias llevaron a ello: ella está mayormente sana y funcional. Él está lastimado y no se puede ni mover. Si las cosas hubieran sido al revés, cada uno hubiera tomado el rol correspondiente. ¿Por qué? Porque son una buena pareja, son un equipo, saben y pueden complementarse. Ah, pero la insistencia con el mensaje feminista radical se asoma hasta en las películas que se tratan de mujeres que sufren, que padecen y que de todos modos luchan y se enfrentan.

El director hace un buen trabajo de personajes, de otro modo nos picaríamos los ojos con una película que tiene a sólo dos sujetos en escena durante el 99% de su desarrollo, 60% del cual sucede en un espacio de 10×2. Ya sea en sus buenos tiempos o en la crisis del yate, Tami y Richard están solos durante toda la historia y el valor de la película se sostiene en su relación, en sus diálogos, en la forma en que uno al otro se van descubriendo a partir de su presente y su pasado. El guion está lleno de maravillosos momentos del día a día de una pareja común y de momentos igual de increíbles en una crisis de vida o muerte. Los amamos por cómo se aman y queremos que triunfen a pesar de las pocas probabilidades.

¿Y triunfan? Siendo una película comercial de Hollywood lo más seguro es que sobrevivan después de todas sus penurias… Y si sabemos que es una historia basada en hechos reales, ciertamente Tami y Richard debieron contarla. Es cierto, sabemos que la muerte no es el final de la historia. Pero “A la deriva” no se trata de saber si hay vida al final del camino o no, se trata de saber cómo es que ese yate llegó a la costa a pesar de ser medio cascarón perdido a miles de kilómetros de la playa más cercana.

Deriva - Ella con Astrolabio

La actuación de Shilene Woodley es buenísima, nos compra al instante y nos mantiene convencidos durante todo el desarrollo de la película. Yo no la conocía, no vi las de “Divergente” ni ninguna otra de sus participaciones en nada. Me compró. Puede ser tierna cuando es necesario y brutalmente valiente sin que ello choque. La mujer sostiene ella solita casi toda la película. Arriba dije que se trataba de dos personajes y es cierto, pero quien está a cuadro casi todo el tiempo es ella… y lo hace muy bien.

Al final, es una historia inspiradora que nos hace sentir bien sobre la fuerza dentro de nosotros mismos y nos ayuda a creer un poquito en dos cosas que ahorita están en desuso y son cada vez menos populares: por un lado, la humanidad con su bondad, su entrega y su lucha. Por el otro: el amor verdadero, la entrega, la confianza, en pocas palabras: la monogamia que acepta al otro tal cual y sabe comunicarse a pesar de las diferencias. El verdadero vínculo entre dos seres humanos. Es una película que hay que ver si nos gusta el cine de desastre, el cine de amor, el cine de supervivencia… es todas esas cosas en una sola.

¡Buena Suerte!

 

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