Libro. “¡Sí, el psicoanálisis cura!” – Juan David Nasio, 2017.

Mi primer encuentro con Juan David Nasio fue con su libro “El Dolor de Amar”, que compré de casualidad, casi de forma azarosa, cuando lo encontré a buen precio en una librería de la Ciudad de México. Desde entonces me enamoré de su estilo al escribir, de su contenido y de la forma en que trabaja y entiende el psicoanálisis. Su último libro, quizá de los más pequeños… ¿qué tal está?

EPC - Portada

Juan David Nasio es, como lo afirma Gabriel Rolón en el prólogo de este libro, una buena persona. Y si bien no estoy de acuerdo con Rolón en que para ser un buen analista se debe ser antes una buena persona (conozco a montones de analistas que son personas horribles), sí estoy de acuerdo en que Nasio lo es. Se le siente en sus textos, se percibe en la forma en que habla de sus casos, cómo se vincula con sus pacientes y el placer que le brinda el ayudar.

Nasio es un psicoanalista con más de cuarenta años de experiencia profesional en el consultorio privado. Es, además, uno de mis autores favoritos para comprender a Jaques Lacán, considerado por muchos como el segundo padre del psicoanálisis y, por otros, como aquél que puso en mejor piso las ideas de Freud. Nasio tuvo la fortuna no sólo de conocer personalmente a Lacan, sino que lo asistió con su trabajo y tradujo al español sus enseñanzas.

Nasio es de esos analistas que ponen en duda la simplificación de las teorías y la caricaturización del proceso analítico. Se dice de la teoría y técnica lacanianas que son duras, demasiado exigentes con su estructura, que son cuadradas, terribles e insoportables para muchos pacientes. Y luego llega Nasio y demuestra, con sus textos, que se puede seguir a Lacan sin ser todas esas cosas y hoy se presenta como uno de los mejores comunicadores del psicoanálisis.

Al decir que es de los “mejores comunicadores” del psicoanálisis me refiero no sólo a que se la pasa hablando de psicoanálisis en la televisión, en la radio y en un montonal de libros que ha escrito, sino que además lo hace fácil para todos, tanto para el colega como para el paciente, el lego o el simplemente interesado. Toma lo complejo y lo abstracto y lo baja a la tierra con una facilidad que sólo pueden dar, por un lado, tantísimos años de práctica y, por el otro, el cariño por aquello de lo que se habla. De los labios de Nasio, que se supone que debería ser un lacaniano rígido y frío, surgen palabras de afecto, comprensión y cura que no se encuentran en tantísimos psicólogos del Yo, que suponen una cercanía más humana a la disciplina.

EPC - Nasio

Juan David Nasio, el autor

Pero bueno, ¿qué hay con el libro? En esta última entrega, Nasio pretende tres cosas: primero, decir cómo funciona el psicoanálisis para curar. Segundo, proponer nuevas técnicas que él usa y que le han resultado eficientes en su práctica clínica. Tercero, dejar en claro, sin tapujos, sin vergüenza y sin andarse con patrañas, que no tiene idea de cómo el psicoanálisis cura, pero que cura de todos modos. Vamos a hablar de cada una de estas partes.

Primero, en su explicación de cómo funciona el análisis, Nasio asegura que el proceso básico tiene cinco etapas: Observar, comprender, escuchar, identificarse e interpretar.

Observar es, literalmente, ver al paciente, echarle un ojo a su comunicación verbal y no verbal, notar cómo saluda, cómo viene vestido, e incluso invitarlo a traer cosas personales al consultorio, pues nada está peleado con el proceso analítico. Luego viene la comprensión, poder entender al paciente en su discurso, poder vincular su narración con su pasado, con los hechos importantes de su vida, hacer hipótesis clínicas sobre el contenido de sus palabras. Esto no siempre es fácil, pues el contenido no necesariamente lleva directamente a dichas conexiones y, como bien decía Lacan, lo que el paciente dice no siempre es claro ni directo.

Pero, puede pasar que el paciente se mueva de una cierta manera, que deje escapar un lapsus físico o verbal, que diga las cosas con cierto tono. Entonces el analista se sorprende, se apea, sabe que ahí hay algo, algo que no es propio; su sensibilidad clínica se lo comunica a gritos y, entonces, llega la escucha propiamente dicha, en donde sus cinco sentidos están en las palabras del paciente. Con esta atención, que ya no es flotante, sino directa, logra captar en sí mismo el inconsciente de su paciente. El analista no comprende a su paciente desde afuera, sino dentro de sí mismo. Gracias a esta captación inconsciente, el analista se identifica con aquella escena del pasado que ocasionó o construyó el síntoma del presente. El paciente es, a la vez, el adulto que está en sesión y el niño o adolescente lastimado que fue y que se construye en la mente del analista. Sólo a través de esta construcción se puede interpretar, que no es otra cosa que comunicarle al paciente lo que le pasa a partir de cómo lo percibió el analista dentro de sí mismo. Así, el paciente puede ver de forma clara lo que ya sabe de sí mismo, pero de forma confusa.

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Luego de hablar sobre estas cinco etapas del trabajo analítico, Nasio hace una breve exposición sobre la naturaleza de la interpretación y su funcionamiento. Habla de los síntomas, surgidos de la represión, el proceso a través del cual el ser humano olvida todo aquello de lo que no quiere enterarse de sí mismo y su pasado. Dicha represión tiene cuatro especies: la represión de un acontecimiento traumático (o una serie de pequeños acontecimientos traumáticos insistentes); la represión de una emoción traumática; la represión de un deseo hacia el otro (todo deseo es hacia un otro); y finalmente, la represión de un fantasma, que en términos lacanianos es una escena, situación conflictiva o acción de una imagen imprecisa que sucedió en el pasado, que afecta el presente y que no podemos percibir de forma clara, sino que es ajena, negada, demasiado abstracta para hacernos sentido.

Es importante considerar estas cuatro formas de represión vinculadas, porque si no, dice Nasio, es imposible reconsturir la conflictiva del paciente. De esa manera, podemos ver con claridad que detrás del síntoma se encuentra el fantasma reprimido. Si comprendemos el fantasma podemos encontrar el deseo reprimido. Ese deseo reprimido fue consturido a partir del trauma. Toda esa información con sus conjunciones, nos ayuda a comprender el síntoma y comunicárselo al paciente por medio de la interpretación, que es capaz de curar porque cambia la imagen negativa que el paciente tiene de sí mismo.

La segunda parte del libro, como dije al principio, lidia con las nuevas técnicas que el propone para trabajar con los pacientes en análisis. Son la interpretación narrativa, la prosopopeya interpretativa, la interpretación gestual y la rectificación subjetiva.

La interpretación narrativa es hacer una interpretación psicoanalítica que, en lugar de comunicarse al paciente por medio del lenguaje común y explicaciones verbales, se lleva a cabo con un relato metafórico. Se le cuenta al paciente una especie de historia breve que reconsturye la explicación de su síntoma, de su afecto, de su contenido reprimido. En la Prosopopeya interpretativa, el analista finge que habla con una persona importante del pasado o presente del paciente. El analista tiene un diálogo imaginario con ese otro, por el que el mismo analista responde. Ambas voces son suyas en un diálogo que busca poner bajo la luz la causa de sufrimiento del paciente.

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En la Interpretación gestual, el analista no sólo usa sus palabras para interpretar, sino que puede moverse, actuar, ponerse de pie, hacer gesticulaciones, tocar al paciente, todo ello si se tiene un claro objetivo y una intención clara. Si no se sabe lo que buscamos que el paciente comprenda, es mejor no intentar esta técnica, pero un montón de descubrimientos inconscientes pueden lograrse si se usa de manera eficiente. Finalmente la Rectificación subjetiva es aplicable sólo en la primera sesión de un tratamiento. Una vez que el paciente ha narrado su motivo de consulta el analista termina la sesión reintrpretando los hechos narrados, reinterpretando el dolor del paciente, todo aquello que lo trajo a consulta y que describe en esta primera entrevista. Correjimos la visión que el paciente tiene de su propio problema y así establecemos el camino a seguir para la cura.

Finalmente, Nasio cierra su libro con la última parte: sabemos que la interpretación cura. Sabemos los procesos que hacen que la interpretación sea funcional, pero no sabemos a ciencia cierta cómo es que cura. Dice que, al menos él, considera que los procesos del psicoanálisis que llevan a la curación son claros, pero no la forma en la que obtienen la curación. Lo acepta abiertamente y dice que es un misterio, pero que de cualquier manera funciona. Yo aquí diría que Nasio erra, en parte, cuando dice esto, pues el neuroanálisis, la disciplina que busca cerrar el trecho entre psicoanálisis y neurología, ya está explicando de forma eficiente cómo es que la interpretación, la escucha, la empatía, la transferencia, y otros procesos analíticos generan cambios físicos en las redes neuronales y otras estructuras de la corteza cerebral. Así que respeto que para Nasio sea un misterio, pero aplaudo a los profesionales que se niegan a quedarse tan contentos con esa respuesta.

Si eres profesional de la salud mental, tienes que leer este libro. Aunque pequeño, aunque en ocasiones repetitivo, aunque escrito con una insistente necesidad de que se entiendan los conceptos (así se tengan que usar herramientas obvias como negritas, cuadritos, cursivas y palabras subrayadas), es el resultado de cincuenta años de trabajo de un hombre que comprende el proceso analítico, que busca con constancia el auxilio a través del análisis y que tiene, además, la necesidad de extender su mano al que sufre. La sabiduría profesional de Nasio y su apoyo incondicional a través de 150 páginas que se van como el agua.

Me despido, pero no sin antes desearte que esta noche tengas un sueño que resulte reparador y tearpéutico.m

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