Película. “Museo” – Alonso Ruizpalacios, 2018.

Desde que vi el trailer de esta película se me antojó muchísimo. Sentí que sería una película mexicana bien hecha y con una historia bastante atractiva, además de estar basada en hechos reales de los que no estaba enterado. Así que les dejo aquí mi punto de vista sobre “Museo”.

Museo - Poster

Juan y Benjamín son dos veterinarios originarios de Satélite que no consiguen trabajo después de haber terminado la carrera. Sin decirnos mucho sobre el porqué, deciden robar piezas importantísimas del Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México. En la madrugada del 25 de diciembre de 1985, se infiltran en el museo y se roban un montón de piezas arqueológicas mayas.

Pero el robo, aunque difícil, fue la parte más sencilla del asunto. Ahora hay que buscar alguien que esté dispuesto a comprar las piezas, no sólo por su alto costo, sino también porque comprarlas es volverse cómplice del crimen y pocos están dispuestos. Obviamente las autoridades están buscando a los culpables hasta por debajo de las piedras.

Para encontrar a quién venderlas, Juan y Benjamín tendrán que viajar a Palenque y a Acapulco. Poco a poco se darán cuenta que no pensaron las cosas tan bien como creían y que el asunto no está fácil. El problema es que ya tienen todo en contra y será complicado, si no imposible, volver sobre sus pasos.

Museo - Robo

Vamos primero a lo que no me gustó. Entiendo que esta película no es un documental y que está claro que es una adaptación ficcional de los hechos reales. Pero eso no explica que el director haya filmado dos escenas con toda la intención de que se vean falsas. No sé si fue un experimento, un intento de nueva propuesta, pero no le vi el caso.

Me refiero a dos montajes. Primero, el del robo, en donde vemos a los protagonistas robando piezas como si fueran fotografías, pero con los actores fijos dentro de una imagen en movimiento. Empero, en esas “imágenes fijas” el director garantiza que las cosas se muevan. Como un “esto parece una foto, pero no es una foto, es una imagen en movimiento disfrazada de foto”. O sea… ¿para qué? El asunto está parado en la delgada línea entre la propuesta y la presunción y quien sufre es la historia. ¿Por qué romper la ficción a través de un asunto tan… innecesario?

Lo mismo sucede en una pelea en la que Juan se enfrenta a cuatro tipos en una cantina. Está filmada como si fuera un detrás de las cámaras, en donde vemos a Gael García Bernal y los otros actores planear los golpes, esperar el momento, dar espacio a la toma. O sea… ¿por? ¿El director quería comunicar que esto es una historia de ficción? Sí, ya lo sabemos. Y, aunque no lo supiéramos, hay mejores formas de hacer las cosas sin distraernos. La película tiene un desarrollo mayormente realista y, de repente, pum, aparecen estas cosas. No entendí para qué ni considero que enriquecieran la historia de modo alguno. Distraen. Arrojan luz sobre el director, nos arrancan de una historia por gritarnos “¡esto no es verdad, es cine, he!”  Y bueno, ya ni mencionar la parte en la que, para demostrar que Juan está drogado, descomponen el lipsync de los personajes. ¿Eso qué?

El segundo elemento que no me gustó es el uso de la música. A ver… es buenísima, la música me gustó mucho, sólo que creo que en ocasiones no viene al caso con la historia que nos están contando. Cuando Juan y Benjamín entran a hurtadillas en el Museo, la música me hizo esperar monstruos y fantasmas. Literalmente es música de cine de horror puesta en una película que no es ni de suspenso. La música me distrajo mucho, no entendí nunca por qué esa selección musical y porque se decidió poner determinada música en situaciones que no se vinculan con los afectos que generaba.

Museo - Negociación

Hasta aquí mis quejas. Ahora pasemos a todo lo bueno. Empecemos por lo obvio, las actuaciones. Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris están buenísimos. Aunque Juan es el típico personaje de Gael, eso no le resta mérito. Aunque creo que Leonardo me convence más porque su rango interpretativo se sale de lo cómodo. Me hubiera encantado verlos al revés, y encontrarme con un Gael inseguro, bobo y miedoso. Pero las cosas están como están y los dos cargan muy bien la película y representan muy bien a los personajes.

Y digo muy bien dentro de su propio desarrollo, porque aunque están basados en la vida real (Carlos Perches y Ramón Sardina, respectivamente) no pretenden ser una copia o representación de los ladrones reales. Los guionistas y director se dieron cuenta, a buen tiempo, que la historia sería mucho mejor si se alejaba de los hechos reales en favor de la narrativa. Tan funcionó que ganó el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Cine de Berlín.

Los personajes son interesantes porque no nos los explican demasiado. Hay una escena en la que nos dicen más o menos sus motivaciones, pero no son claras. ¿Por estar mal escritas? No, sino porque no están claras ni para ellos. Aún en una de las mejores escenas de la película, el padre de Juan le pregunta por qué lo hizo y el tipo no puede dar respuesta. Estamos acostumbrados a que el cine actual todo lo explica y a todo le da razones, así que ver a un par de tipos que no saben bien ni porque ellos hacen las cosas me dio gusto.

Museo - Alonso Ruizpalacios

Alonso Ruizpalacios, el director

Bravo por el diseño de producción. Construyeron una copia de las salas del Museo de Antropología en un estudio y no se puede ver la diferencia. La ambientación es tan buena que ni siquiera te das cuenta de esos detalles. Además, si a eso se le suma el vestuario, el maquillaje, los peinados y hasta los videos reales del robo trasmitidos por televisión, la película se vuelve una experiencia muy convincente.

Porque, además, estamos acostumbrados a que los robos en el cine funcionen diferente. Antaño, películas como “Tarde de Perros” nos enseñaban todo lo que podía salir mal, pero de una década para acá los ladrones son siempre los héroes y sus robos salen muy bien, hasta lo que podría salir mal sale bien. Aquí no hay buenos ni malos. No nos quieren convencer de que los dos chicos son buenas personas, pero tampoco los etiquetan de malos, la historia no hace esas distinciones tan simplonas.

Además, la película tiene otras líneas de análisis interesantes, por momentos subrayadas y por momentos completamente olvidadas. Hace un llamado de atención a la importancia de la arqueología y el valor de las piezas que se exhiben en los museos, piezas cargadas de historia, de significado, la representación del origen de todo un pueblo.

El padre de Juan, sin saber que su hijo ha sido el ladrón, demuestra su repudio no sólo por el robo, sino por aquello que fue robado. Y lo hace con el mismo espíritu con el que rechazó que el Museo haya sido construido con piezas arqueológicas que fueron saqueadas de su lugar de origen. Se las robaron a sus pueblos originarios, se transportaron desde tierras lejanas hasta la capital para ser exhibidas. La película arroja luz sobre el vínculo entre el pueblo, la tradición, la cultura y el arte que se genera. Las piezas de un museo son mucho más que la cultura que las generó.

Museo - Gael

A pesar de que Juan se sabe odiado por su padre como el ladrón del museo, lo acompaña en el sentimiento de pertenencia que tienen las piezas. Cuando se entera que quizá un inglés las compre, enfurece, pues no quiere la historia de México en las manos de un extranjero. Sí, es un ladrón, pero un ladrón que conoce y comprende su herencia cultural e histórica. Es interesante ver cómo no tiene problema en robar las piezas, no tiene problema en maltratarlas, abandonarlas, descuidarlas… pero le angustia mucho que terminen en las manos de un extranjero. El subtexto de todo este asunto como representación del comportamiento de la sociedad mexicana me pareció buenísimo.

La película, aunque se alejó de la realidad para darnos una historia más entretenida, más rica y más dramática, no deja de ser realista en muchos aspectos, como las relaciones de los protagonistas con sus familiares, las tradiciones mexicanas, las máscaras con que ocultamos el rechazo, la infelicidad y la impotencia. Es el retrato de un México que ya no existe y que, empero, se siente muy actual.

Además, es una historia que nos habla de las ilusiones rotas. No sólo las de los jóvenes ladrones, que soñaron con millones de dólares tras la venta de su robo, sino de un país en general. La película toca ese tema todo el tiempo: las mentiras que nos contamos para sentirnos menos ansiosos con la existencia, desde la perfección de los padres muertos hasta la existencia de Santa Clause. El país y nuestra cultura tienen mitos, igual que las familias y las tradiciones. Nos da tanto miedo no tener respuestas que preferimos tapar el agujero con lo que encontremos hasta el punto en que las mentiras comienzan a ser vistas como realidades y luego el tiempo las convierta no sólo en verdades, sino en las más grandes verdades.

Recomiendo esta película. Me gustó mucho el guion y el diseño de producción. Aunque tiene algunos fallos, ya antes mencionados, me dejó contento en todos los demás aspectos y creo que el premio en el festival de cine de Berlín fue bien merecido. Buena segunda película de este director que se negó a formarse en la fila del cine mexicano de comedia romántica y nos entregó algo diferente y bien hecho.

¡Buena Suerte!

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