Serie. “House of Cards” – Beau Willimon, 2013-2018.

Este año se terminó “House of Cards” y tengo sentimientos más o menos encontrados al respecto. Por un lado, esta historia es LA historia de Netflix, su primera producción, aquella que lo empezó todo (de hecho, el famoso sonido del canal proviene de la marca de éxito del protagonista). Por el otro, es una serie que, desde mi punto de vista, dejó de ser trascendente hace mucho. Aquí mi punto de vista sobre el final.

HOC - Poster

“House of Cards” está basada en una serie británica del mismo nombre que se transmitió en 1990 y tiene cuatro episodios. Sí, con esos pocos capítulos logró contar una historia interesante y atrapar al espectador, además de comunicar la idea base: el gobierno es una casa de naipes que se puede desbaratar con el menor soplido. En la versión norteamericana, el diputado demócrata Frank Underwood está contento de que su partido se quedara con la presidencia, pues el nuevo primer mandatario le prometió el puesto de Secretario de Estado.

Pero de repente, el presidente electo pone a otro en el puesto. La jefa de personal de la Casa Blanca le dice a Frank que es necesitado en la Casa de Representantes, que se cuadre y sea fiel al nuevo gobierno. Pero Frank enfurece. Todo lo que quería le fue arrebatado, así que toma venganza contra el presidente y todo su gabinete de la mejor forma que se le ocurre: quitarlos del poder y ponerse él en su lugar.

A partir de aquí tenemos una primera temporada muy interesante sobre los tejes y manejes del gobierno norteamericano, sobre el funcionamiento de las influencias políticas, el engaño, la muerte y la manipulación mediática. Frank Underwood va subiendo los peldaños de la política de Estados Unidos con un claro desprecio hacia la democracia y utilizando artimañas que van desde la manipulación y la amenaza hasta el asesinato.

HOC - Presidente

¿Suena interesante? Lo fue… al menos durante dos temporadas. A partir de aquí voy a hacer comentarios específicos sobre la serie, así que deja de leer si no la has visto y tienes planeado hacerlo, porque te puedo echar a perder la experiencia.

La primera temporada me encantó. Frank Underwood y su esposa, Claire, hacen un equipo que, aunque pequeño, tiene muy claro el objetivo: la presidencia de los Estados Unidos. Poco a poco, utilizando a los medios de la comunicación y sus influencias en la Casa de los Representantes, Underwood va minando al equipo de confianza del presidente hasta que logra hacerse de la vicepresidencia. Una vicepresidencia que no le costó una elección y, como él mismo dice: “la democracia está profundamente sobrevalorada”.

En la segunda temporada, ya como vicepresidente, sigue en su gesta para deshacerse del presidente y quedarse con la Oficina Oval. Lo vemos de nuevo hacer todo lo que está a su alcance y más para alcanzar su objetivo. Al final, sus argucias obligan al presidente a renunciar y, siguiendo la ley de los Estados Unidos, él toma su lugar. Final de segunda temporada, decenas de capítulos. Esperaba que la serie terminara ahí.

Pero se anunció una tercera temporada. Vale… recibí la noticia con un poco de desconfianza. La historia se trata de cómo Frank Underwood se sintió traicionado y prometió llegar a la presidencia de manera tramposa con tal de fastidiar a quienes no le dieron lo que habían prometido. Ya llegó… La historia ya terminó. Pero supuse que ahora se trataría de la forma en la que el tipo o perdía el poder o echaba raíces. Y entonces ahora sí la serie terminaría con un círculo completo.

HOC - Francis

Pero me topé con una tercera temporada que se trata de Frank queriendo reelegirse. Ser el presidente sustituto no le gusta, así que lucha por ser el candidato demócrata a la presidencia. Mientras tanto, su esposa Claire, que era directora de una ONG sobre calidad del agua, termina como Embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas… O sea… ¿cómo? La señora que era directora de una ONG es ahora embajadora. La serie considera esto, los políticos la critican por ello y tal. Pero empecé a ver una necesidad de los guionistas por hacer a Claire más importante,  separarla de Frank con una carrera política propia. Empecé a preocuparme, la serie apenas en la tercera temporada ya estaba cayendo en el triste fenómeno de “alarga la cosa mientras nos siga dando dinero”.

Mientras la relación de Frank con el presidente ruso se hace más álgida, Claire es quien lleva a cabo las negociaciones y, al final de todo, termina dejando su puesto de embajadora para volverse parte integral de la campaña de Frank por la reelección… bueno, nunca había sido elegido, pero ustedes me entienden. Para cuando acaba la tercera temporada, las cosas entre Frank y Claire están tan mal que aquel matrimonio de las primeras temporadas, esos duros y fríos cómplices invencibles en su vínculo, terminan tan enojados que ella acaricia la idea de abandonarlo.

Pero a Frank le pegan un tiro que lo deja en coma un rato. El tiempo necesario para que Claire se vuelva la mano derecha del vicepresidente (que maneja el gobierno en lo que el presidente se recupera). Para el final de la temporada, un Frank ya recuperado distrae a la sociedad norteamericana de sus trampas y malos manejos utilizando a ICO, una red terrorista. La intención de Frank y Claire es asustar al pueblo de los Estados Unidos con la constante amenaza de ataques terroristas. Mientras la gente esté angustiada, ellos podrán hacer lo que les plazca.

¿Qué? A ver… ¿qué está pasando? ¿Dónde está la serie que empecé a ver en la primera temporada? ¿Cuándo la historia del hombre que buscaba venganza se convirtió en la historia de su presidencia y la forma en que su esposa obtiene más poder? A ver, esta serie no es “El Ala Oeste”, no se trata sobre una presidencia, se trataba sobre el hombre que quería ser presidente. A diferencia de lo que pensé, la temporada no se trató sobre su caída, pero tampoco del todo sobre la forma de aferrarse al poder, pues los guionistas pusieron el acento en Claire y sus relaciones políticas. A estas alturas empecé a cansarme, el final de esta temporada no me dejó con ganas de ver la siguiente. ¡Ya que acabe, por favor!

HOC - Matrimonio

Esperé, con mucha fe, que la quinta temporada fuera mejor y que ya todo se terminara, que este auto que ya venía derrapándose hacia el barranco recuperara el control y cerrara finalmente la historia de Frank y su venganza. Pensé, en mi ingenuidad, que la quinta temporada se trataría de las elecciones y que, al perderlas, volvería a su casa y su venganza estaría terminada. Pero me topo con que Frank es el candidato demócrata y su candidato a vicepresidente es Claire. ¡¿Qué?! Ya qué más da… la que hace dos años era directora de una ONG Internacional hoy es, por alguna razón, candidata a vicepresidente.

La cosa es que Frank va perdiendo, el candidato republicano tiene mucho más apoyo. Así que nuestro protagonista tiene que usar sus palancas y hace todo un circo para que los norteamericanos se asusten creyendo que ICO está atacando al país a través de la Agencia Nacional de Seguridad. Al final del día, muchas casillas pasan por no ser confiables y, después de un montón de intrincadas complicaciones, Frank y Claire terminan como presidente y vicepresidente. Y entonces la serie ya tenía todo para terminar, pero de nuevo las cosas se complican y Frank se ve obligado a dejar la presidencia. Desde su punto de vista, le conviene más buscar el poder fuera del gobierno mientras su esposa Claire es la presidente del país.

¿¿QUÉ?? A ver, una serie que nos atrapó por seguir a un villano desagradable en su búsqueda por la presidencia resulta que ya se trata de otra cosa… el tipo ya no quiere la presidencia, ahora resulta que está contento en dejar de presidente a su esposa para él seguir su camino por otro lado. ¡Esta ya es otra serie! A mí desde el principio me prometieron la historia de un hombre dispuesto a todo por vengarse de presidente que no le dio lo que merecía, la gesta de un fulano por hacerse del poder a la vez que demuestra, en el proceso, la vulnerabilidad de la ley y el sistema político de Estados Unidos. Mientras “El Ala Oeste” nos mostraba cómo se supone que debe funcionar la política, guiada por una presidencia moral y ética, “House of Cards” puso sobre la mesa la melcocha horrible y el funcionamiento real de la política.

HOC - Beau Willimon, el creador

Beau Willimon, el creador

¡Ah, pues no! Ahora resulta que nuestro protgonista ya ni siquiera es nuestro protagonista, ahora su esposa es la presidente y él está dispuesto a quedarse en el margen. Sí, esta serie sigue dando dinero, claramente, porque ya la historia es otra, ya tuvieron que dejar la carretera principal porque se llevaron a sí mismos a un callejón sin salida.

Pero la cosa se pone todavía peor, porque en la vida real a Kevin Spacey lo despidieron de la serie luego de que fue acusado de acoso sexual. Los primeros tres o cuatro capítulos de la sexta temporada ya estaban grabados, así que los tiraron a la basura, los reescribieron y los volvieron a grabar, pero sin Kevin Spacey. En el nuevo argumento, Frank inicia muerto, con la presidente Claire de luto por el sorprendente fallecimiento de su esposo. Durante toda la temporada la muerte del ex-presidente es un misterio, hasta que se resuelve en los últimos diez minutos del octavo episodio, el último de toda esta serie de seis años.

La verdad es que vi la sexta temporada sólo por terminar. “House of Cards” me perdió desde la tercera temporada, pero la seguí viendo esperando que mejorara, esperando que volviera al camino, que se hiciera interesante y apasionante otra vez. La cuarta fue una pesadilla, quizá la peor de todas y en la quinta, con todo el asunto de las elecciones, como que volvió a levantar. Pero la sexta… la sexta ya es otra serie. Es como si Batman ya ni apareciera en la sexta temporada de “Batman” y el protagonista fuera Robin (no, no fue intencional).

Una de las cosas más llamativas de esta serie es la forma en que Frank rompía la cuarta pared, la manera en que hablaba con nosotros, la audiencia, y nos explicaba sus intenciones. De repente, en una de las temporadas (creo que fue la cuarta) dejó de hacerlo. Perdimos al Frank que nos hablaba. Pues la sexta también destruye eso, convirtió todas las cosas que Frank nos dijo a nosotros en un “diario grabado”. Así que, aunque no escuchamos la voz de Kevin Spacey (evitan mostrar su rostro en toda la serie como si fuera la causa del cáncer), vemos a personajes citando su diario y todo lo que citan son cosas que, se supone, nos había dicho sólo a nosotros.

HOC - En chaquetita

Gracias, sexta temporada, por hacernos perder lo que hizo a la serie tan atractiva desde la primera escena: la relación oculta de Frank con la audiencia que lo acompañaba, algo que era sólo entre él y nosotros. Ahora resulta que no, que nosotros no éramos parte del asunto, era un diario grabado. Pero eso sí, quien se comunica con nosotros ahora es Claire. Es ella, la nueva presidente en funciones, quien nos habla directo a la cámara. Así no funcionan las cosas… No es un asunto de que un personaje, el que sea protagonista en turno, le hable a la cámara. Nos hicimos cómplices de Frank, nos hizo parte de sus trucos y nos platicó cada paso sin que pudiéramos hacer nada para detenerlo e incluso gozando ser parte única y afortunada de esa maldad. Ah, pues ahora tenemos que vincularnos con Claire de una temporada a otra pues porque… la serie usa la ruptura de la cuarta pared… y porque Frank ya no sale, así que… pues que ahora sea ella.

La sexta temporada está llena de problemas de Claire en la presidencia, de la forma en que (mayormente) sola intenta lidiar con todos los conflictos del puesto, la herencia ideológica de su marido, sus propios crímenes y el montón de fuerzas que la rodean y que quieren tumbarla. Mientras tanto, la mujer quiere llevar adelante el feminismo político y fortalecer su estancia en la Oficina Oval. ¿Por qué? ¿Por qué me ha de interesar esta historia? ¡”House of Cards” es la historia de Frank y su llegada al poder! Ahora resulta que debo interesarme en cómo la co-protagonista vive las peripecias que, en realidad, deberíamos estar viendo en Frank.

Digo, a ver, entiendo que los escritores y productores hicieron lo que pudieron. Nadie sospechaba que iban a salir los problemas que le salieron a Kevin Spacey y que la sexta temporada iba a tener que ser reescrita enteramente para adecuarse a esto. Aplaudo el esfuerzo, pero si la temporada era nada más un cierre a la serie, un cierre al que se vieron forzados por las circunstancias hasta el punto de reducir su número de episodios… ¿Por qué diablos no terminó? Las líneas narrativas no cierran, los últimos diez minutos son anticlimáticos, el último episodio tiene un cliffhanger que promete más historia. ¿Qué diablos está pasando? ¿No se supone que aquí terminaba? ¡Auxilio! Esta última temporada en lo mínimo deja claras las cosas, no cierra nada, no termina con la serie. No se siente que esté terminando… Eso no es un final, coño.

HOC - Claire Presidente

Entonces una de dos: o cerraron la serie con el trasero porque no les dio tiempo terminarla de forma decente (lo que sorprende por la cantidad de episodios de la última temporada en los que no pasa nada), o quizá haya una séptima temporada. La verdad es que a estas alturas no sé qué sería peor.

¿Las actuaciones son notables? Sin duda, por ahí no soy capaz de emitir la menor queja. Spacey es un gran actor más allá de las acusaciones que ocasionaron su despido. Robin Wright es genial también, es una mujer que puede pasar de dulce a desgraciada sin el menor problema, una gran actriz de su generación. Todos están muy bien e incluso su trabajo en esta serie los llevó a ser contratados para otros proyectos en el cine y la televisión. Bravo a todos los actores que participaron  y que le metieron toda la pasión del mundo.

También creo que es una serie valiente en el sentido en que se aleja de la gran idealización que los Estados Unidos tienen en general sobre sus instituciones, específicamente los poderes ejecutivo y legislativo de la Unión. Aquí, los guionistas dejan claro que todo es un empuercadero de amenazas, obligaciones, apoyos, alianzas poco amistosas… vaya, el pueblo y el gobierno justo son lo que menos cruza por las cabezas de quienes lideran los Estados Unidos.

Sin embargo, me hubiera gustado ver más procesos políticos tipo “The West Wing”. En aquella serie veíamos el trabajo y las responsabilidades de un jefe de personal de la Casa Blanca. Leo McGarry se veía con diplomáticos, se reunía con militares, era parte básica de las decisiones de gobierno. Aquí, los jefes de personal son, en el mejor de los casos, asistentes del presidente y, en el peor, sus guarros asesinos, como sucede con Doug Stamper mientras está en el puesto. Bueno, ya para la sexta, todo lo que se supone que debe hacer el Jefe de Personal lo hace el vicepresidente. La serie no deja claro cuáles son las responsabilidades de cada puesto o cómo funcionan las cosas. No vemos procesos, reuniones, todo está limitado a conversaciones y conspiraciones en voz baja. Entiendo que eso TAMBIÉN es parte del trabajo gubernamental… pero caray, ver al presidente en momentos de trabajo presidencial hubiera sido bonito.

HOC - Todos

Y esto es algo que sí me terminó de desquiciar de la serie. Mientras más conspiraciones, más se complica el argumento y en ocasiones no terminamos de tener claro qué es lo que está pasando. Es común perdernos en los diálogos, las intenciones y las necesidades. De repente vemos que le pegan un tiro a alguien y entendemos quién lo mató, aunque no tenemos del todo claro el porqué, ya que el momento de la decisión nació de una conversación críptica e hipócrita sin una construcción clara. De modo que a veces veía desarrollarse en pantalla hechos que no estaban del todo claros y por los que, la verdad, no sabía si tenía que estar preocupado, alegre, o a quién diablos le iba.

Al final de todo, “House of Cards” inició increíble y, a mi parecer, fue perdiendo fuerza con cada nueva temporada. Esta supuesta temporada final es un pálido fantasma de lo que alguna vez fue. Aunque el final no cierra nada ni concluye la historia de la presidente Claire (que no existía durante las primeras cuatro temporadas y media), le pido a todos los espíritus que cumplan aquello de que éste fue el final. Seguir metiendo historia a la serie es seguir cayendo. Doug Stamper dice que quiere hacer lo necesario para que los crímenes de Frank se olviden y su legado permanezca. Ésta, la gran primera y exitosa serie de Netflix, merece justo eso…

¡Buena Suerte!

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