Película. “Roma” – Alfonso Cuarón, 2018.

Durante meses y meses vi por las calles anuncios sobre la última película de Alfonso Cuarón. Luego comenzaron a llegar las críticas, en las que algunos la etiquetaban como la mejor película de la historia de México. Debido a mi dificultad para pescarla en los pocos cines en los que se presentó, me vi obligado a esperar su estreno en Netflix. Aquí mi punto de vista.

Roma - Poster.jpg

Cleo es ayudante doméstica en la casa de Sofía y su esposo Antonio, en la colonia Roma (que le da el título a la película). Además de limpiar la casa, lavar los trastes, hacer camas y cuidar al perro, recoge a los niños de la escuela, los despierta en las mañanas y los cuida cuando los papás (o la abuela) están ocupados. El trabajo de Cleo (y su compañera Adela) es constante, no tiene un segundo de descanso, las vemos trabajar desde que sale el sol y todavía antes de irse a dormir están limpiando los últimos trastos.

Un día, Cleo tiene relaciones sexuales con Fermín, un chico que le parece interesante, entre otras cosas, porque está siendo entrenado en artes marciales. De su relación resulta un embarazo del que Fermín se desentiende. Asustada por estar “de encargo”, Cleo habla con Sofía, su patrona, esperando que la despida. Sin embargo, Sofía la apoya y la lleva al médico para que la revisen. Sin embargo, Cleo no cesa en su deseo de buscar a Fermín y que se haga responsable por el hijo que es suyo.

Mientras esto sucede, Antonio abandona a Sofía y se va a vivir con otra mujer. Sofía está destrozada, pero no quiere que se enteren sus cuatro hijos, así que les inventa que su padre se fue a Quebec a un proyecto médico de investigación. Cleo, que está enterada, también tiene que ocultar lo sucedido. Pero es una mentira que no se podrá sostener mucho tiempo, de cualquier manera.

Roma - la familia

A ver, vamos a empezar por lo obvio: la fotografía de esta película es una chulada. Desde el primer encuadre de créditos, Cuarón (que también fue director de fotografía) juega con las texturas de los mosaicos de la casa, la espuma del jabón y el reflejo del cielo en el agua. A partir de ahí el director nos comunica de forma muy clara que su película va a tener una fuerte carga simbólica, pero también que nos está a punto de entregar una historia con una hermosa fotografía llena de color y de textura (a pesar –y justamente por eso– de que esté en blanco y negro).

Toda la película está llena de encuadres diseñados con un cuidado brutal y una composición estilística de aplausos. Pero a diferencia de otras películas que se concentran sólo en lo visual, “Roma” no deja de lado la importancia del contenido. Aquí los personajes no son más que seres humanos. Y lo digo subrayando el hecho de aque aquí no encontraremos personas extraordinarias… y a la vez veremos personas, que por su normalidad y su presencia común, no dejan de ser extraordinarias. La protagonista es una ayudante doméstica que sale del convencionalismo para convertirse en un ser humano lleno de necesidades, afectos, sentimientos y emociones. En un país en donde las ayudantes domésticas suelen ser apenas personajes de apoyo en el cine y la televisión, hacer de Cleo la protagonista es en sí mismo una declaración.

Los diálogos son simples, normales, comunes. Cuarón intencionalmente toma la vida real y la pone en pantalla. Quizá es de lo que más me gustó. No hay diálogos musicales, no hay palabras intrincadas ni frases que llegan en su momento. Hay diálogos cortos, comunes, los de todos los días. Los personajes de Cuarón hablan como todos. No son personajes de una película, más bien la película se mete en sus vidas sin permiso, lo que amamos del cine y tenemos siempre tan olvidado. Cleo habla con Adela en mixteco y Cuarón no lo cambia, sólo lo subtitula. Así funciona, así es, así lo presenta.

Roma - Chupando

“Roma” es una carta de amor a un montón de cosas. Obvio a la colonia Roma, a la que describe con encuadres en constante movimiento, típicos del director, que no deja su cámara quieta. Pero también al pasado, a la historia de México. El diseño de arte en esta película me dejó con el ojo cuadrado. La recreación de los años setenta en todos lados está maravillosa, no hay detalle que no haya sido recreado, no hay fondo que deje lugar a dudas. Y no me refiero a lo típico, como los autos, los vestuarios o los muebles. Los pósters del Mundial de Fútbol, los nombres de los bancos, la forma en que funcionaban los cines. Todo está ahí. Es un viaje durísimo en el tiempo y en ocasiones hasta parece un documental más que una cinta de ficción.

Cuarón ha declarado que la película es una adaptación de su propia infancia y su relación con Libo, su nana. El mismo Cuarón se identifica a sí mismo como uno de los niños de la familia protagónica. La película tiene, en este sentido, tantos claroscuros como la vida real en cuanto al vínculo entre las ayudantes domésticas y las familias a las que sirven. Vemos a Cleo contenta con los niños, pero no dejan de ser un fastidio de vez en cuando. Sí, sus patrones la quieren, pero en ocasiones la maltratan, le gritan… y no se disculpan. La integran en sus actividades diarias como parte de la familia, pero la interrumpen para que les “haga un te” o “un licuado” y ella, a pesar de ser horas que en teoría ya no son laborables, tiene que dejar de hacer lo que está disfrutando para obedecer. Es una relación que, en la superficie, podría parecer entre iguales, pero no lo es.

Cleo ama a los niños y a la familia, pero no deja de estar también en una prisión que es su vida, en la que sus intereses no son propios, sino los de sus patrones. Después de trabajar durante todo el día, ella y su compañera no pueden tener la luz prendida porque “no le gusta a la patrona”. Cada movimiento de su existencia se vincula a los deseos de quienes le pagan. Es una vida entera, lunes a viernes de trabajo sin horario y sin descripción. ¿Cuáles son sus responsabilidades? Todas las que se le ocurran a los patrones. Y ella sólo baja la cabeza y obedece, estoica. Y la familia la considera afortunada por estar con ellos.

Roma - Cuarón

Alfonso Cuarón, el director

Pero Cuarón no deja de decirnos a la cara, una y otra vez, que Cleo es un ser humano, con miedos, con contradicciones. La forma en la que la chica enfrenta el embarazo es valiente. El director se atreve a poner en pantalla lo que la sociedad mexicana no le permite a sus mujeres: no querer ser madres. Cleo está embarazada de un tipo que la ignora, la abandona y la amenaza. No sabe qué hacer con un hijo al que no quiere. Bravo a Cuarón, pues en México, el país de la Guadalupana, el país del machismo en el que “todas son putas menos mi mamá”, pone la lupa sobre un hecho cada vez más común, pero del que nos hacemos de la vista gorda: no todas las madres aman a sus hijos. No todas las madres quieren ser madres. La secuencia del hospital, cuando Cleo da a luz, es brutal en su realismo y no requiere de música dramática ni de diálogos o encuadres exagerados para dejar claro el dolor, el miedo y la culpa.

He leído un montón de comentarios de gente que dice que “Roma” es aburrida, que es para irse a dormir, que está sobrevalorada, etcétera. A ver, ciertamente no es la mejor película en la historia de México, pero sí me demuestra que el cine comercial (tanto norteamericano como mexicano) está mal acostumbrando, como siempre, la percepción de cine. Ya las audiencias no pueden con historias sin estructuras, de esas que mandan que en el minuto doce pase esto, y que en el minuto veinte pase aquello. Estamos tan acostumbrados a líneas narrativas hechas en serie, como pizzas de Domino’s, que cualquier cosa que se salga de ese modelo ya desespera, aburre y nos hace sentir que “no está pasando nada”.

El cine es cada vez más obvio, cada vez necesitamos de más diálogos que todo lo expliquen, que todo lo dejen claro. Los primeros actos de las películas comerciales se están transformando, cada vez más, en mojones de diálogos expositivos sin vida, con actores que no encuentran cómo representar convincentemente supuestos diálogos que están mal escritos porque los guionistas no encontraron de qué forma explicar el argumento. “Roma”, que tiene un argumento tan sencillo que no necesita explicación, pero sí la sensibilidad de entender la realidad de los personajes, escapa a la percepción de las nuevas audiencias.

Roma - en la playa

Sí, hay momentos en los que Cuarón se desvía un poco de su historia para mostrar encuadres hermosos (como el incendio en el bosque), y momentos en los que es demasiado obvio con lo que quiere decir (como los constantes aviones pasando por encima de la casa, o el desnudo frontal total de un hombre en pantalla). Pero no creo que esos elementos ensucien la experiencia completa de lo que es “Roma”. Cuarón es capaz de mantener la historia en Cleo y su relación con la familia y, aun así, analizar un montón de otras cosas, criticar el pasado de México y amar lo que puede ser amado. Sí, vemos la matanza de Corpus Christi sin que dejemos la historia de Cleo y su familia. Sí, dejamos la Roma y conocemos las playas de Tuxpan. Sí, vemos la enormidad de los cines del pasado y la importancia de las películas en las vidas de los seres humanos. Está película es más compleja de lo que deja ver a simple vista… pero como no lo explica ni lo hace obvio, es fácil que muchos espectadores no se den cuenta.

Yo creo que es toda una experiencia. Es una película muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Cuarón se niega a volverse del club de “La Boda de Valentina”, “Treintona Soltera y Fantástica” y otras películas mexicanas que han sabido encontrar el modelito que divierte a las masas, pero también le dice que no a los personajes obvios, los diálogos que son buenos porque suenan bonito y los vínculos obvios entre los personajes y sus reacciones emocionales. Sí, “Roma” no es fácil para las nuevas audiencias, pero creo que es necesaria si no queremos dejar morir al cine como el medio de masas culto, analítico y profundo que es por naturaleza.

¡Buena Suerte!

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