Película. “Perfectos Desconocidos” – Manolo Caro, 2018.

Me atrapó la premisa de esta historia desde que vi los avances en el cine. Aunque me pareció que algunos de los productos publicitarios abusaban de la fama de comediante de Mariana Treviño, se me antojó la película y pensé que podía tener un buen desarrollo de personajes, así que me lancé a verla en cuanto se estrenó y este es mi punto de vista al respecto.

PD - Poster

Toda la película se desarrolla en un área muy pequeña: la sala, comedor y cocina de una casa de clase media de la Ciudad de México. Cuatro amigos que se conocen de toda la vida se reúnen para una cena en donde, además, podrán disfrutar de un eclipse lunar. Cada uno de los amigos trae consigo a su esposa, excepto uno de ellos, que asegura que su novia no pudo venir por estar enferma de un fuerte resfriado.

En un punto de la cena, Eva, la psicoterapeuta, reta a todos a poner sus teléfonos celulares al centro de la mesa. Si son amigos desde hace tantos años, si se conocen perfectamente, entonces podrán compartir entre sí todo lo que llegue: mensajes, llamadas, whatsapps y etcétera. Algunos están encantados con el jueguito, otros lo miran con malos ojos. Al final, todos aceptan y entregan sus aparatos.

A partir de ahí la película desarrolla conflictos entre los personajes a partir de las opiniones que no comparten y los secretos que sólo su vida digital conocen. Engaños, traiciones, mentiras, deseos… todo aquello que es un secreto que ni entre amigos se cuentan, aunque todos aseguran conocerse perfecto después de tantos años. Luego de que su verdadero ser salga a la luz, ¿qué quedará de este grupo?

PD - Todos

A ver, empecemos por el inicio: cuando vi el avance de esta película no sabía que era la tercera versión. Me enteré hasta un día antes de verla, cuando me encontré la misma cosa en Netflix, una película española del mismo nombre dirigida por Alex de la Iglesia. Preferí no verla y la dejé para después de ver la versión mexicana. Y entonces me enteré que la española tampoco es la original, sino una adaptación de la italiana, también del mismo nombre, dirigida por Paolo Genovese.

¿Es en serio? No importa qué tan buena pueda ser la historia, ¿de verdad necesita tres versiones? A ver, el cine no es Ópera ni Musical de Broadway, no necesita de versiones traducidas, dobladas o re-producidas. Si quiero ver la historia de tres matrimonios y un soltero recién divorciado que juegan a ver todos los secretos contenidos en sus celulares, ¿por qué diablos no ver la italiana? ¿Por qué España y México creen que necesitamos una versión de cada país? Y ojo, no es que cada país tenga su versión porque les gustó la italiana y quieren atascarla de cambios… NO, al contrario, las películas son mayormente idénticas. Al menos la española y la mexicana tienen casi 90% de los diálogos exactos. Desde los más importantes para la trama como los más burdos tipo “¿dónde está mi cinturón?” Vaya, que el guionista  terminó la versión de la película mexicana en menos de quince minutos. Lo único que cambia son las ciudades y algunas cosas demasiado locales.

Ante este asunto, me surgen dos preguntas. La primera es: ¿por qué habiendo tantos guionistas talentosos cuyos guiones nadie compra, el mundo de la producción cinematográfica mexicana decide re-hacer por tercera vez una película extranjera exitosa? Caramba, no es la primera película re-construida a partir de una exactamente igual de otro país, ¿pero ya por tercera vez? Y el año que viene, Celso García nos entrega “La Boda de mi Mejor Amigo”, que nada más de ver el tráiler se ve que es exactamente la misma maldita película, aunque le da crédito de guion a Gabriel Ripstein, que seguro también acabó su “primer draft” en dos minutos. Dicen que será la misma historia “pero más moderna”… claro, porque la de Hogan es de 1908, ¿verdad?

PD - Pelea

La segunda es… ¿Cuándo hacemos la versión mexicana de “Mujer Bonita” o de “Cómo Perder a un Hombre en Diez Días”? Quizá estoy algo confundido, pero pensé que el cine era un lenguaje universal y que, con la ayuda de subtítulos, cualquier historia puede entenderse. Por eso puedo ver películas suecas, japonesas, australianas y francesas y no necesito esperar a que las productoras mexicanas las re-hagan para poder disfrutar de esas historias. Entonces vuelvo a lo mismo… con tantas historias que contar, ¿por qué repetir y repetir? La respuesta lógica sería: “me encantó la historia y quería re-contarla más desde mi punto de vista, mi versión de ella”. ¡Pues no! ¡La cosa está igualita! ¿Cuál versión propia? Ya ni “Psicosis” de 1998, que podía pasar por ser el tributo a un clásico, que “Perfectos Desconocidos” o “La Boda de Mi Mejor Amigo” no son.

Pero bueno, volvamos a la película. Creo que lo único que diferencia a la versión española de la mexicana son los actores. ¡Esperen! Sé que el comentario es obvio, ni que fueran los mismos. A lo que me refiero es que los actores de la versión mexicana son nombres reconocidos de la cinematografía nacional. No son actores novatos que no hayamos visto, son actores ya bien posicionados a los que es un gusto ver cuando hemos seguido su carrera durante años. Esto tiene su lado malo, porque llega un punto en el que lo que nos interesa no es la historia, sino son los actores. No es ver los conflictos de un puñado de seres humanos con sus lados oscuros, sino ver en pantalla a Cecilia Suárez, a Mariana Treviño, a Ana Claudia Talancón o a Bruno Bichir.

Eso sí, a mí me encantó verlos. Creo que todos son una chulada que se entregaron en cuerpo y alma a la historia. Quitando un par de momentos muy sobre-actuados de parte de Mariana Treviño, el resto de los personajes está muy bien delineado. Me gustó mucho más que la versión española la forma en que los actores se acoplaron a los personajes y me parece que el casting es mucho mejor que la versión que podemos encontrar en Netflix. No tengo absolutamente nada en contra de las actuaciones, mi queja es con el guion. Y creo que del guion no puedo culpar de todo al guionista, que nada más copió y pegó el 95% del texto.

PD - Manolo Caro

Manolo Caro, el director

A ver ¿y cuáles son mis quejas del guion? Pues que no encuentra su tono. En momentos intenta ser una comedia de lo más negra, en momentos intenta ser una comedia ligera, luego brinca a un drama con música desgarradora… ¿Por fin? ¿Qué diablos estoy viendo? Que bueno que ya no existe “Blockbuster” o esta película tendría que estar en medio como de cinco o seis muebles de los diferentes géneros. Algunas reacciones a los secretos puestos al descubierto nos llevan a las carcajadas y otras nos llevan a una exhibición de terrible melodrama en pantalla. El público se ríe cuando debería quedarse serio y al revés. Los actores se esfuerzan muchísimo pero los diálogos a veces no los ayudan.

¿En qué sentido no los ayudan? La película empieza muy bien, los escritores originales (la italiana tiene un guion escrito como por cinco personas) logran convencernos de que son amigos, de que se llevan bien, los intercambios suenan reales, no pretenden nada sino meternos al mundo de un montón de cuarentones que se llevan increíble. Uno se vincula con los personajes al instante porque los diálogos son como la vida misma. Incluso los temas, que van desde el Facebook hasta el trabajo en Uber, las dificultades laborales, la religión y la superstición, las diferentes profesiones… todo funciona bien.

Pero, de repente, avanzada la historia, el guion comienza a caer en superficialidades en las que los diálogos realistas y amigables del principio se convierten en enseñanzas para el público, lecciones sobre humanidad, sobre amor y respeto. Entonces la película de humor negro que me vendieron como un análisis de la realidad humana, de la complejidad de los afectos y de aquello que genera la necesidad de los secretos, se torna sorpresivamente en personajes a los que sólo les falta romper la cuarta pared para darnos lecciones de vida a la He-Man.

PD - Parejita

El final es lo que más me desquició. Cuidado que hay spoilers a partir de este párrafo. En la versión española, Eva, la psicóloga, sale al balcón y, después de un ventarrón frente a la luna pintada de rojo, se da cuenta que toda la historia ha sido como una alucinación, una suposición, una realidad a la que se le ha dado una segunda oportunidad… no lo sé, pero algo cuasi mágico cambia las cosas para que la noche del juego no se realice y entonces los secretos se mantengan perfectamente enterrados. Es asqueroso, pero claro.

En la versión mexicana el final es el mismo (el juego de los celulares no se llevó a cabo y por ende los secretos siguen ocultos), pero el director decidió omitir la escena española del ventarrón. Entiendo que quizá Manolo Caro odió lo exagerado de ese artilugio narrativo, pero también me desquició que los personajes salen del departamento hechos unas fieras, odiándose unos a otros, pero cuando llegan a la calle están juntos, amigos y como si nada. A diferencia de la versión española, lo único que media entre una realidad y otra es un diálogo de alguien que dice “que bueno que no jugamos a lo de los celulares”. Sí, la versión española es exagerada, pero mucho más clara y un poco más concluyente en cuanto a la vergüenza de final.

¿Y por qué digo “vergüenza de final”? Porque me parece súper cobarde. Primero le dices a tu público que un montón de amigos, aunque lleven siglos de relación, tienen secretos. Luego les prometes que vas a abrir la caja de Pandora y que esos secretos tendrán repercusiones. Y ahí estamos como audiencia, morbosos y encantados de ver cómo los secretos minan poco a poco (o de golpe) a todos los personajes. Vemos las máscaras, las mentiras y cómo éstas cubren necesidades prohibidas y vergonzosas que nos negamos a aceptar e incluso ver como parte de nosotros mismos con (¿por qué no?) el orgullo de la realidad de quienes somos.

Y cuando estamos a punto de ver en qué termina todo eso, cuando la historia nos lleva a las verdaderas consecuencias de la verdad… resulta que no, que todo fue una fantasía, que nada sucedió en realidad. ¿El engaño descubierto? Oculto. ¿El amor verdadero? No confirmado. ¿El deseo honesto? Ignorado. Entonces todo queda como al principio. Asco. Una película muy para el público actual que odia las consecuencias y las repercusiones. Es común entre escritores el chiste de “y al final todo es un sueño”. Es un chiste porque es vil, porque es tramposo, porque decepciona a la audiencia, porque primero le pides que se vincule emocionalmente y luego le dices “ni era cierto”. Al menos yo no se lo perdono al cine como tampoco se lo perdoné a “Súper Mario Bross 2”.

¡Buena Suerte!

 

 

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