Película. “El Vicepresidente: Más Allá del Poder” (Vice) – Adam McKay, 2018.

Desde que vi los avances de esta película se me antojó verla. Me gustan mucho las historias de política y mucho más si es de la historia reciente, de esa que no está tan lejos para ser de fácil acceso, pero tampoco tan cerca para que no podamos saber nada al respecto. Además, está nominada por todos lados y el director ha hecho cosas que me gustan mucho. Así que le tenía muchísima fe. Aquí dejo qué tal estuvo.

Vice - Poster

La película comienza a finales de los sesenta, cuando Richard Cheney es un joven alcohólico que no sirve para nada. Trabaja colocando cables de electricidad en Wyoming y tiene una segura vida de perdedor. Hasta que su prometida lo amenaza con abandonarlo si no recupera el camino. A partir de entonces, el tipo se esfuerza por ser alguien en la vida y, antes de que cante el gallo, asegura un trabajo en la Casa Blanca de Richard Nixon.

De ahí su carrera sigue en ascenso. Durante el gobierno de Jimmy Carter es elegido congresista por Wyoming, pero sus mejores años llegan durante los doce años de gobierno republicano, cuando sirvió para Raegan y Bush padre. Para cuando Clinton llegó al poder, Cheney ya había sido Jefe de Personal de la Casa Blanca y Secretario de la Defensa.

Parecía que ahí se había terminado su carrera política, pues el señor dejó el servicio público y trabajó como director general de la empresa Petrolera Halliburton. Pero un buen día lo llamó el hijo de Bush para ofrecerle que fuera su compañero de fórmula en la candidatura por la presidencia. El resto es historia, Cheney fue vicepresidente con Bush durante ocho años en los que manipuló a quien pudo y fue, básicamente, el verdadero poder detrás del trono.

Vice - El Vicepreciso

No me digan que les eché a perder la película. Primero, porque todo lo dicho en el resumen de arriba deberían saberlo, no es como que la historia haya salido de tiempos del primer Roosevelt. Segundo, porque la historia está narrada con saltos en el tiempo, y Cheney como vicepresidente respondiendo a la crisis resultante del ataque terrorista contra las torres gemelas es una de las primeras escenas de la película. Y ya en ese momento un narrador dice que el tipo vio en esa crisis una oportunidad… luego nos ponen una frase célebre que deja claro que la manipulación es su herramienta y que fue un hombre de temer. Así que por ahí ni sospechen que estoy adelantando algo.

Además, aunque les contara la película completa, es de esas que hay que ver. Puedo echarles a perder cada segundo y, de todos modos, querrían verla. Primero, porque las actuaciones son extraordinarias, los actores y actrices verdaderamente se convierten en los personajes que representan. Bravo específicamente a Christian Bale, que se transformó mentalmente de tal modo que su impresionante transformación física sirve sólo de introducción. El tipo emula cada manierismo y gesto del verdadero Cheney de forma brutal. Y no hablemos de Steve Carel, que logró sin problemas dar el salto de la comedia a las historias dramáticas. Es un buen actor y con su representación de Donald Rumsfeld lo demuestra con creces. No puedo dejar de aplaudir a Amy Adams, aunque en buena parte de la película me pareció más Amy Adams que Lynne, la esposa del vicepresidente.

Sí, sí, podría escribir uno o dos párrafos sobre la representación de la época, lo bien que vistieron los escenarios para que parezca que la historia se desarrolla en los setenta, los ochenta, los noventa y principios de los dos mil. Puedo hablar de los carros, la ropa y los peinados, de la música y el lenguaje. Pero eso es lo esperable, así que mejor hablo de cómo el director nos comunica la historia. Cuando vi el tráiler pensé que sería una película biográfica derecha, sin juegos narrativos. Sí, quizá saltos temporales para atrás y para adelante, pero nada más.

Vice - Rice

Pues no, me encontré algo mucho más divertido: Adam McKay nos cuenta la historia de forma que, si no fuera de un humor negro recalcitrante, ya la estaría vomitando por obvia y simplista. Porque sí, nos llena el asunto de cortes, imágenes y gags visuales obvios y simplistas, pero que son, a la vez, de una crueldad tremenda. Sólo por poner un ejemplo: cuando Cheney le dice a Bush que será su vicepresidente únicamente si cambian la naturaleza y los roles de la vicepresidencia, vemos encuadres muy cerrados de la carnada de un pescador. Cuando Bush acepta, el pez pica. ¿Es obvio? Completamente.

¿Es divertido? Muchísimo. Y como este ejemplo encontramos decenas, como la identidad del personaje que está narrando la historia y que está presente en todos los elementos de la vida y decisiones del vicepresidente. Aunque quizá la escena más divertida es cuando Cheney y su grupo cercano escuchan a un mesero (Albert Molina en persona) hablarles de las opciones que tienen para aumentar su control sobre la guerra contra Irak como si fueran las recomendaciones del chef.

Pensarán que la película es poco objetiva. Sí y no. Por un lado, es obvio que el director quiere mostrarnos a un Cheney monstruoso, a un tipo que con su sed de poder envenenó al gobierno norteamericano, a un manipulador de primera que no se tocó el corazón para ordenar muerte, asesinato y engaño. Sin embargo, también muestra que es un padre amoroso, un hombre que ama a su familia y hace todo por darle seguridad a los suyos. Vemos chispazos de sus motivaciones y, en algunos momentos, podemos entenderlo. Incluso la película cierra con un breve discurso del tipo hacia la pantalla, en donde nos escupe por juzgarlo y nos dice, sin apología alguna, qué lo motivó a hacer todo lo que hizo.

Vice - Adam McKay, director

Adam McKay, el director

Y hablando de objetividad, la película está muy inclinada hacia la izquierda. Los pocos personajes demócratas que aparecen son mucho menos oscuros que los republicanos. Empero, también aquí el director intenta ser por momentos más objetivo. Nunca destruye las imágenes de Raegan o Bush Padre, ataca visualmente a Hillary Clinton y por momentos ataca y por momentos respeta a George W. Bush. Además, algo que está de aplausos es la forma en que el director hace un comentario sobre el clima político actual de los Estados Unidos utilizando sólo imágenes del pasado (de aplausos cuando Raegan dice “Let’s Make America Great Again”).

Lo que más me movió de la película, lo que me asustó, me pareció triste y lamentable es la forma en la que el poder de un solo hombre cambia la vida de miles. Ya sé, ya sé, es obvio, lo he sabido desde siempre, pero aquí está tan bien retratado… frío, sin interés humano. Los políticos deciden el destino de cientos en una conversación cualquiera. Una sola frase, como “pick him up” es suficiente para mover toda la maquinaria política y militar. “En esa habitación se está decidiendo un bombardeo que mañana va a matar a miles en Camboya”. Mientras la sangre corre, los políticos sólo se reacomodan en su silla, no hay nada nuevo, esto es lo de todos los días. Ni siquiera pueden usar instrucciones como “secuéstralo” porque “recógelo” suena como si el acto no fuera despiadado. La forma sobre el fondo, el enmascaramiento de la realidad. La ausencia de empatía es apabullante.

En resumen, corran a verla, vale la pena por todos lados. La narrativa exagerada y obvia, pero sarcástica y de humor negro; las actuaciones buenísimas y caracterizaciones tan bien realizadas; el análisis de la oscura y horrenda política norteamericana; las vinculaciones entre pasado y presente… No tiene desperdicio.

¡Buena Suerte!

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