Película. “El Atentado del Siglo: Utoya” (Utøya 22 Juli) – Erik Poppe, 2018.

Quise ver esta película desde que me presentaron los avances antes de iniciar “Green Book”. Se me antojó porque se me presentó como un retrato crudo y realista de una vivencia terrible. Al ser una película noruega, sabía que quizá se alejaría de los convencionalismos del cine norteamericano. Así que, sin más que escribir por introducción, aquí va mi punto de vista.

Utoya - Poster

La película sigue los pasos de Kaja, una chica noruega que está pasándoselo muy bien con sus amigos en un campamento de verano en la isla de Utoya. El campamento es sólo para jóvenes que simpatizan con ideas socialistas, así que las conversaciones políticas no se dejan esperar, sobre todo cuando los papás de los jóvenes empiezan a llamarlos para decirles que varias bombas estallaron en los edificios de gobierno en Oslo, capital del país.

Los jóvenes se preocupan por el bienestar de sus familiares en Oslo, pero poco a poco las cosas se calman cuando muchos de ellos se comunican con sus familias y se enteran de que todos están bien. La cosa parece estar tranquila hasta que comienzan a escucharse tiros de un arma larga. Como es de esperarse, los jóvenes se espantan y corren por todos lados, huyendo del tiroteo. Algunos tienen la hipótesis de que es un simulacro, otros están seguros que algo malo está pasando. En poco tiempo es claro que uno o varios desgraciados está masacrándolos.

Temblando de pies a cabeza y mientras todos sus amigos buscan la forma de sobrevivir, Kaja sólo piensa en su hermana Emilie. Le prometió a su mamá cuidar de ella y ahora no puede encontrarla. Tendrá que poner su vida en riesgo si quiere no sólo salir de la isla con vida, sino con su hermana entre los brazos. Mientras busca desesperadamente, se encontrará con otros jóvenes que luchan por mantenerse con vida y se enfrentará al dolor, al miedo y a la muerte. La película está basada en hechos reales de la masacre terrorista que sucedió en la isla de Utoya el 22 de julio de 2011.

Utoya - Waffles

La película se desarrolla por completo en un solo plano secuencia. En la tradición de “El proyecto de la Bruja de Blair” y “Cloverfield: Monstruo”, la cámara se mueve como si nosotros, la audiencia, fuéramos uno más de los chicos en peligro. Pero, a diferencia de aquellas, no lo somos. Sí, la cámara se mueve libremente en el hombro del camarógrafo, pero en realidad está siguiendo a Kaja, es claro que nosotros, la audiencia, no estamos ahí. Al igual que en “Cloverfield: Monstruo”, hay un peligro terrible del que se está huyendo, pero es mucho más intenso porque a) ese monstruo (un terrorista armado y sin la menor capacidad de empatía y misericordia) sí existe; y b) la película nos cuenta hechos reales. No hablamos de una supuesta bruja o una especie de Godzilla, hablamos de un hecho histórico con un verdadero asesino, con una agenda psicótica y setenta y siete muertos (adolescentes casi todos).

Entonces, ¿funciona el plano secuencia? Sí. En esta película no sólo se utiliza con una finalidad estética o que busque sorprender, sino para intentar, en la medida de lo posible, ponernos en los zapatos de esos jóvenes, hacernos sentir lo que es estar en esa situación. A diferencia de una película con una narrativa más tradicional, “Utoya” no nos muestra mucho. Al menos no nos muestra nada que esperaríamos ver. ¿Queremos ver al asesino? De vez en cuando y vistazos. ¿Queremos ver las balas perforando el cuerpo de los jóvenes? No lo vemos. ¿Queremos ver los cadáveres regados tintos en sangre? No hay mucho de eso. ¿Por qué? Porque la película no nos quiere mostrar la historia más que desde el punto de vista de un solo personaje que no ve mucho y está mayormente oculta. Si ella no lo ve, nosotros no lo vemos

¿Está mayormente oculta? Sí. La película se puede dividir claramente en cinco o seis momentos de Kaja escondida. Entre casas de campaña, con la espalda en la tierra, entre las piedras, entre las ramas de un árbol gigantesco… Y la cámara se queda ahí, con ella, acompañándola en su miedo, a su lado durante el terror de esa corta pero intensa vivencia. Porque al ser un plano secuencia, obviamente la película dura exactamente lo mismo que duró el hecho real, desde un poco antes de la llegada del asesino hasta que las balsas comienzan a sacar jóvenes de la isla.

Utoya - Erik Poppe

Erik Poppe, el director

Sí, no es una película para todos los espectadores. Para quien está acostumbrado al cine norteamericano con su alternancia visual y su desarrollo continuo que no hace ni media pausa, esta película llena de momentos en los que “no pasa nada” puede ser demasiado. Tener la cámara casi fija en un solo personaje durante diez o doce minutos en los que no hace sino llorar y esconderse puede impacientar a más de uno. Pero, a la vez, deja muy clara la desesperación y la espera del miedo ante la muerte. Bravo por eso. El director se arriesgó al hacerlo así. Frío, realista…

La ambientación está increíble, el lugar se parece mucho a la isla como estaba en 2011, año en que se dieron los hechos, o así es como se ven algunas de las fotografías del lugar que aún se conservan. La película te mete directamente en la acción. Inicia con la bomba en los edificios de gobierno de Oslo, utilizando imágenes verdaderas de cámaras de seguridad y negándose a recrear el hecho. La película es claramente un trabajo que no sólo busca arrojar luz sobre los terribles hechos del 2011 en particular y los actos terroristas en particular, sino que además guarda un clarísimo mensaje en contra de las ideologías de extrema derecha y las posturas nacionalistas que están surgiendo por toda Europa.

De hecho, la película cierra con un mensaje muy claro: cuidado con las ideologías de extrema derecha. El filme busca convencer a los espectadores de detener a la derecha en Europa. Sí, el asesino no era un fundamentalista islámico como se creyó en primer momento, sino un nacionalista que masacró jóvenes de inclinación socialista protegiéndose detrás de una máscara de esquizofrenia paranoica que, al final, se concluyó que no tenía. La presencia de un musulmán entre los jóvenes de la isla subraya todavía más este mensaje político que la cinta no oculta ni pretende no tener como su necesidad, punto de partida y asidero constante.

Utoya - Kaja

Como parte del respeto a las víctimas, la película deja claro en su texto de cierre que ninguno de los jóvenes que vemos en la historia existió realmente. Todos son aproximaciones a los jóvenes verdaderos, pero nada más. Esto está bien porque nos vincula con los personajes sin pretender construir sobre la psique, los comportamientos, los miedos y las palabras de los que vivieron en realidad ese episodio.

Al parecer la película me encantó, ¿verdad? Pues creo que es una buena experiencia. Es una película brutal sin llegar a ser obvia o morbosa. Pero no creo que sea una experiencia que se pueda repetir muchas veces. Es el tipo de película que la primera vez que la vemos es una experiencia que te consume por completo y que te atrae con fuerza, es imposible escapar de quedar totalmente inmerso en la historia. Sin embargo, no es una película que me emocione volver a ver pronto. Todo lo que es impactante o fuerte de ella parte de verla por primera vez.

Pero en general, hay dos cosas que no me gustaron. La primera es el movimiento de las cámaras, que es demasiado errático. A ver, entiendo que está filmado con la técnica del falso-documental, pero caramba, no es un falso documental. No somos un joven corriendo. No somos tampoco los ojos de Kaja, ¿por qué hay momentos en que la cámara se mueve tanto que ni siquiera percibimos lo que se está viendo? La gente en el cine llegó a quejarse, a marearse y a la hora de la salida, en los pasillos la gente comentaba lo desesperante que esto se volvía por momentos. Estoy de acuerdo. Aunque el trabajo de cámara es claro en sus intenciones, de momento a momento exagera y vuelve la experiencia un poco incómoda.

Utoya - Angustia

La segunda de mis quejas, y aquí viene un SPOILER (deja de leer sólo este párrafo si no quieres enterarte) es la muerte de la protagonista. Entiendo el mensaje (que nadie está a salvo), entiendo la intención y lo que el director buscaba comunicar (aun tan cerca de la salvación, la vida sigue en peligro), incluso entiendo el rechazo a lo que se llama “el escudo del guion”, a saber, que en el cine comercial los protagonistas son prácticamente invencibles. Entiendo todo eso, pero me pareció una forma de llamar la atención de manera facilista. Insisto, entiendo todas las intenciones, pero me pareció más una forma de sorprender que otra cosa.

Vayan a ver “Utoya”. Es poco común que una película noruega llegue a los cines. Está bien hecha y es una película poco común. Además, es de lo mejor que hay ahorita en la cartelera, sobre todo si vemos que las opciones son “Venganza”, una película de Liaam Neeson vengándose de toda la mafia (¡nunca había visto nada similar con ese actor!) o “Lady Rancho” que bueno… qué les puedo decir. Vean mejor esta historia, vivan esta historia y agradezcan que, cuando los créditos empiezan a correr, podemos ponernos de pie y salir del cine sin miedo.

¡Buena Suerte!

 

 

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