Película. “Entre la Razón y la Locura” (The Professor and the Madman) – P.B. Shemran, 2019.

A pesar de que el mundo entero lo odia por sus comentarios anti semíticos luego del estreno de “La Pasión de Cristo”, yo sigo pensando que Mel Gibson es buen actor y buen director. Así que me dio gusto verlo en el avance de esta película, compartiendo pantalla con el gran Sean Penn. La película se veía intensa, con temas como las instituciones psiquiátricas, el mundo académico, la construcción del primer diccionario del idioma inglés y la amistad entre dos personas entre las cuales la línea entre la genialidad y la locura termina por disolverse. Aquí mi punto de vista

PMM - Portada

En 1857, James Murray es contratado por la Universidad de Oxford para crear un diccionario completo sobre el idioma inglés, con el significado de cada palabra, su uso a lo largo de la historia y fuentes de información sobre su evolución a lo largo de los siglos. Es una tarea titánica, sobre todo si consideramos que la Universidad no está dispuesta a pagar para que Murray tenga más de dos asistentes. Así que, ingeniosamente, el profesor le pide ayuda a todos los lectores de las islas británicas para que lo ayuden a compilar las palabras y la información necesaria.

Un buen día, Murray recibe en el correo cajas y cajas de palabras con sus citas, sus fuentes y sus significados. De un día para otro, el trabajo se le hace más fácil, la persona que las envió le hizo la mitad del trabajo. ¿Quién puede ser? Pues resulta que un médico militar norteamericano que está encerrado en un sanatorio psiquiátrico para criminales dementes: el doctor William Minor. ¿Por qué está encerrado? Porque alucina que un desertor al que castigó durante la guerra viene a matarlo. El problema es que, en un momento de crisis, asesinó a un inocente pensando que era su persecutor.

A partir de entonces empiezan a ponerse complicadas las cosas. Murray tiene que lidiar con sus enemigos en la Universidad de Oxford, que lo quieren fuera del proyecto por no tener títulos universitarios y ser tan brillante a pesar de ser autodidacta. Minor tiene que lidiar no sólo con sus crisis, sino con los tratamientos experimentales del Dr. Braye, el director del sanatorio. Por si fuera poco, la esposa del hombre asesinado comienza a visitar a Minor y, entre ellos, una relación extraña se construye sobre la culpa, el duelo y el dolor.

PMM - Ellos

Mel Gibson tenía lista esta historia para filmarla desde los años noventa, pero las compañías productoras terminaron en un conflicto que llevó a Gibson a buscar que la película no se estrenara. Ël no está de acuerdo con el corte final y muchas de las decisiones de producción, pero la compañía productora ha ganado contra Mel Gibson y por eso la película ya está en los cines. Ahora Gibson anda haciendo una campaña para que la gente no vea la película y bueno, es un caos tras bambalinas de un señor que ya de por sí no le encanta a mucha gente. Pero más allá de la controversia, ¿qué tal está la película?

El avance cinematográfico pone el acento en la relación entre Murray y Minor. Hasta el nombre de la película en inglés “el profesor y el loco” nos da a entender que el hilo conductor de la película será la amistad entre estos dos personajes. La realidad es que no. Ellos dos se encuentran apenas tres o cuatro veces durante toda la película, los actores casi ni están juntos siquiera. Una de las escenas que comparten es buenísima, muy interesante. Las demás, son necesarias para el desarrollo de la historia, pero nada más. Verdaderamente, la película se divide en dos: los conflictos que Murray tiene que superar para crear el diccionario (problemas con los académicos de la universidad, el proceso de investigación y la relación con su esposa); y los conflictos de Minor en la clínica, a saber, su relación con el psiquiatra y sus crueles tratamientos, así como la muy interesante relación que se forma entre él y la esposa del hombre al que asesinó.

Sí, obviamente Murray y Minor se vinculan durante la creación del diccionario, pero yo esperaba que la película tratara más sobre su amistad y la verdad es que no. ¿Eso la hace mala? Para nada. Creo que la pudo hacer más interesante, pero eso en ningún sentido significa que no esté interesante así como quedó. Porque aunque no tengamos un vínculo constante entre los dos personajes principales, sí tenemos la relación entre Minor y la viuda, que es muy interesante y arroja luz sobre los complejos procesos mentales respecto al duelo. Uno no esperaría que una mujer pudiera forjar una relación de amistad tan fuerte con quien le cambió la vida de forma tan terrible y violenta… pero sí. El duelo es un proceso que no necesariamente tiene su asidero en la salud mental y que muchas veces elige los caminos más inverosímiles para intentar superar el dolor y la pérdida.

PMM - Farhad Safinia - PB Shemran

El director, Farhad Safinia, que usa el seudónimo de P.B. Shemran

Sean Penn está increíble, como siempre. Los momentos de salud del doctor Minor contrastan mucho con sus momentos de total vulnerabilidad mental. En la vida real, Minor tenía esquizofrenia, y la actuación nos comunica muy bien la forma como esa enfermedad se ve desde el exterior. En un momento el doctor está lúcido, perfectamente bien, como cualquier ser humano. Un segundo después, alucina, no tiene asidero con la realidad, su mente se pierde en miedos y delirios de muerte y de sufrimiento. Aunque, a diferencia de muchos esquizofrénicos, el doctor Minor se da cuenta de que está enfermo, se llama así mismo “un loco” y no pretende ocultarle a nadie, mucho menos a sí mismo, su inestabilidad mental.

Un detalle que creo que no está del todo bien desarrollado en esta película es que cae y no cae en la vilificación del psiquiatra como un ser más loco que sus propios enfermos, motivado por una malvada y cruel obsesión por maltratar a los pacientes. Por un lado, el Dr. Braye es un buen psiquiatra interesado en los procesos mentales del Dr. Minor y el primero en aplaudir su relación con la viuda como un elemento que puede arrancarlo de la esquizofrenia. De repente, se convierte en el cliché del psiquiatra malvado que aplica tratamientos disfuncionales a los enfermos y que parece gozar del dolor y la tortura. Pero no hay nada que medie entre una cosa y otra. Nos medio dicen que el Braye puede estar en desacuerdo con la relación entre Minor y Murray, pero se ve que faltan escenas, que hay momentos de la película que explican estas conjunciones pero que se quedaron en el piso de la sala de edición.

He escrito sobre la viuda, Minor y Braye, pero no he mencionado casi a Murray. Pues porque a pesar de la entregada actuación de Mel Gibson, me parece que es la parte menos interesante de toda la película. Los académicos de Oxford que lo quieren fuera se comportan como villanos de cine de fantasía, acariciándose los nudillos y soñando con destruir al protagonista sin razones de peso, sólo por ser el protagonista. La esposa de Murray le hace las cosas complicadas sin razón alguna y, dos segundos después, le sonríe y le dice que todo va a estar bien. Cualquier conflicto que Murray atraviesa a lo largo de la película termina difuminándose entre diálogos que, de un plumazo, todo lo arreglan y lo ponen en lindos lugares. Finalmente, el proceso de la creación del diccionario, que pudo ser mucho más intensa y clara, termina siendo un simple escenario para el desarrollo de la historia, sin que tengamos muy claro cómo es que funciona el proceso… por ende, no podemos invertirle emocionalmente.

PMM - Académicos

Al final del día, es una película interesante si te gustan las historias de conversaciones inteligentes y relaciones humanas que salen de lo común y que están muy lejos de lo esperable. Esta es una película de seres humanos rotos que buscan no desarmarse y curar un poco su corazón desportillado, aun sabiendo que esos intentos son vanas ilusiones que durarán unos pocos días para luego desvanecerse en el aire. No es una película de “cine de arte”, sigue siendo comercial hasta el tuétano, con momentos que demuestran que Gibson quiere poner la forma sobre el fondo, pero no por eso no es una película disfrutable y, al final del día, una historia que arroja luz sobre un proceso al que poca atención le ponemos (la creación de un diccionario) y que quiere que conozcamos a dos de los responsables principales de esta proeza.

¡Buena Suerte!

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