Libro. “Dios y el Sexo” (Sex and God: How religion distorts sexuality) – Darrel Rey, 2012.

Compré este libro en Amazon hace ya un montón de años, dispuesto a leerlo en un iPad 2 que ya está mas lenta que la carcacha de mi vecino. Sin embargo, nunca me llevé a leerlo, no sé bien por qué. Así que me comprometí a echármelo en cuanto antes. Como lo tengo en formato digital, no me había percatado de lo largo que es hasta que comencé a avanzar entre sus (ahora sé) trescientas páginas. Bueno, ya sin más, aquí mi postura.

S&G - Portada

Como el título del libro lo dice, es un texto que quiere explicarnos cómo la religión ha distorsionado nuestra visión y práctica de la sexualidad. Al decir de este texto, todas las religiones fastidian y han fastidiado a lo largo de los siglos nuestra relación con las prácticas sexuales. Aunque el autor es especialmente agresivo con el cristianismo y el islam, también otras religiones como el judaismo, el budismo y el hinduismo se llevan sus críticas.

El libro comienza hablando de la sexualidad de otros primates. La forma en que los gorilas, los chimpancés y los bonobos construyen sus grupos sociales alrededor de su comportamiento sexual. Pone especial empeño en dejar claro que en algunos de estos primates la sexualidad recae en el macho (los gorilas, por ejemplo, forman sociedades patriarcales en donde el macho más fuerte del grupo tiene acceso a las hembras) mientras que las sociedades de bonobos son matriarcales, con la mujer siendo selectiva y guiando la sexualidad de la manada. Pero no sólo habla de la sexualidad de los grandes primates, sino de otros animales. ¿Para qué? Para comenzar a construir el caso de que nosotros, como mamíferos (y primates africanos), deberíamos tener una sexualidad muy diferente a la que enseña la religión.

También comienza hablando de la fe como una de las herramientas más inútiles del ser humano. Asegura que nos lleva a “descubrir” lo que ya creemos, que nos ciega ante lo que es obvio o lógico. Si queremos descubrir la verdad, asegura, el mito religioso es el último lugar al que debemos acceder. No baja las creencias religiosas como creencias de “gente de la edad de bronce”, lo último a lo que debemos apegarnos para llevar una vida feliz y lejos de la culpa y la vergüenza que generan las religiones organizadas. Asegura que la religión es, sin duda alguna, una forma de tener dormida la lógica y vivir bajo reglamentos tienen su asidero en mentiras. ¿El resultado? Sufrimiento, furia, agresión, represión, vergüenza, culpa… y con ello, una sexualidad limitada. Las creencias sexuales son creadas por la religión sin base alguna.

G&R - Cita Dos

¿Pero por qué la religión querría controlar la sexualidad? Ray asegura que porque de ese modo, sus filas siguen llenándose de fieles. Si la fe convence a los padres sobre determinado comportamiento sexual como algo malo, éstos lo enseñarán igual a sus hijos y éstos a sus hijos. Como no podemos reprimir nuestra sexualidad ni nuestros deseos respecto al cuerpo y sus expresiones físicas (aunque lo intentemos), vamos a caer tarde o temprano en pecado. Entonces, ante la vergüenza y la culpa que nos genera esta trasgresión, ¿quién tiene respuesta? La religión. La religión, entonces, pone reglas que sabe que vamos a romper para luego ser el único medio que puede perdonarnos. Y comúnmente los anti-religiosos de aquí se siguen con el dinero… las religiones quieren sus templos llenos para enriquecerse y bla bla bla. Aquí no es así, y la verdad es que el argumento de Ray me parece menos eficiente. Dice que las religiones quieren propagarse… y ya. Nunca explica con claridad para qué o por qué.

Y de aquí ya se lanza a decir de forma muy detallada cómo las religiones atacan todos los aspectos de la sexualidad, cómo las religiones quieren imputarnos una sexualidad limitada en su expresión y, también, hace una larga exposición sobre las diferentes experiencias sexuales humanas y las defiende como naturales y aceptables, odiosas únicamente ante quien no se pone frente a los ojos los filtros religiosos. Todo esto con varios ejemplos de personas que le han escrito para platicarle la forma en que ellos se han deshecho de la religión en sus vidas y cómo dejar atrás la fe ha cambiado su sexualidad enormemente: ya no hay culpa, ya no hay vergüenza, hay comunicación efectiva y todo se convirtió en miel sobre hojuelas desde que abrazaron una forma de vida alejada de la religión.

¿Estoy de acuerdo con todo lo que dice este libro? Sí y no. Por un lado, su mensaje es importante, porque sí, las religiones (y con mucha más fuerza el cristianismo y el islam) se llevan pesado con la sexualidad. Aunque algunas líneas cristianas, como el catolicismo, han cambiado con los siglos su postura ante las relaciones sexuales y hoy son más abiertos respecto a lo que se puede y no se puede en la pareja, sigue siendo una postura bastante vetusta. Ya ni hablar del islam, que en algunos países sigue aplicando castigos tremendos contra las mujeres que no son vírgenes, el adulterio o incluso el comportamiento “no femenino”. Y ojo, en ocasiones este tipo de reglas las ponen sobre la mesa las instituciones religiosas y en ocasiones lo hacen los seguidores de las religiones. Sí, el Papa Francisco no promueve el rechazo a la homosexualidad, pero muchísima gente sigue acosando homosexuales en nombre de la Iglesia.

G&R - Cita Uno

Entonces, por ese lado, este libro es importante. Es necesario arrojar luz sobre como incluso nuestro tecnológico y moderno siglo XXI se sigue viendo influido en sus ideas, creencias e inclinaciones, por sistemas de creencias de siglos y siglos atrás. Y es que no es para menos, no se pueden borrar tantos años de un pensamiento en tan sólo unas cuantas décadas. Y es que en sociedades como la norteamericana o la latina, el pensamiento judeo-cristiano está metido en todo, sean o no cristianas las personas que se adecuan a este pensamiento. ¿Alguna vez te ha pasado que dices “es que eso está mal” pero no sabes por qué está mal? Quizá es por un dogma religioso, una regla o un mandamiento que te fue heredado de la cultura sin que tuvieras consciencia de ello. No necesariamente, pero quizá.

Y aquí entra mi primer conflicto con el libro: todo es por culpa de la religión. Poco le falta para decir que si se descompuso mi refrigerador es por culpa de la religión organizada. En un punto del libro critica al psicoanálisis, cuando que en realidad creo que a este autor le hace falta comprender la mente humana a mucha mayor profundidad (quizá por ser psicólogo social está tan lejos de los laberintos más complejos de la mente). ¿A qué me refiero? Un montonal de cosas que este señor expone en su libro son conflictos intra-mentales que nada tienen que ver con la religión. Pero él no ve otras causas y, cuando las pone sobre la mesa, las desecha con facilidad. ¿Miedo al sexo? Dice que es culpa de la religión, sin considerar que muchas veces la religión es el escudo tras del cual se esconde una fobia sexual que no tuvo su origen en los reglamentos de una fe. ¿Sentimientos de culpa luego de tener relaciones sexuales? Dice que es culpa de la religión, sin considerar que la sexual humana tiene muchas más aristas y dificultades psico sociales y biológicas que van más allá de la religión. Por eso muchos ateos tienen patologías ligadas al sexo que no están ni vinculadas a la religión ni tampoco a juicios de fe.

Entonces me frustré mucho al ver cómo este hombre hace interpretaciones forzadísimas de por qué esto o lo otro es culpa de la religión cuando que, en realidad, son fenómenos que surgen de otros lados, a saber, la relación con los miembros de la familia, el proceso de socialización, la herencia genética y el comportamiento social. “Oye”, podrían decirme, “pero el comportamiento social está ampliamente ligado a la religión”. No siempre, no necesariamente. Hay ateos que rechazan la homosexualidad… ¿Porque Dios la odia? No, ni siquiera creen en Dios. ¿Entonces? Pues las razones son muchas, no podemos meter a todos en la misma bolsa, pero desde el temor a su propio núcleo homosexual hasta una postura obsesiva sobre la sexualidad de género, hay muchas razones no-religiosas ni de fe por las que personas rechazan la homosxualidad… o la transexualidad, para esos casos. Y sí, muchas personas le tienen asco al sexo, a los aromas corporales del otro, a los afectos que se ponen sobre la mesa durante un encuentro sexual y a otras muchísimas cosas sin la necesidad de que una religión les diga que están haciendo algo malo.

S&G - Autor

Darrel Rey, el autor

El libro hace énfasis en la culpa y la vergüenza como las armas básicas de las religiones. Pero no comenta ni una sola vez que estos dos sentimientos existen en los seres humanos más allá de las religiones y que son vividos por ateos y creyentes por igual. La culpa y la vergüenza surgen de la relación que tenemos con las personas importantes de nuestra vida y del proceso de socialización. Lo que nos hace sentir culpa en una cultura no nos hace sentir culpa en otra… igual con las épocas… igual con las diferentes poblaciones y sociedades dentro de una misma cultura. Claro, la religión se siente cómoda con la culpa y la vergüenza, eso es innegable, son fanáticos de estos sentimientos, pero no son los únicos ni podemos decir que son armas particulares de estas instituciones y sistemas de fe.

De hecho, en mi práctica clínica he descubierto sin lugar a dudas, que la relación con Dios se crea a partir de las relaciones humanas y sociales del sujeto y no al revés. Un paciente que odia su sexualidad porque “Dios odia el sexo” es en realidad un paciente que odia el sexo por otras razones que luego pone en Dios porque es mucho más fácil trabajarlo de ese modo. Cuando su relación con la sexualidad va mejorando a través de la cura de los elementos que llevaron a su rechazo, curiosamente van descubriendo a este Dios al que el sexo no le molesta tanto o no le molesta para nada. Por este tipo de fenómeno es que tenemos homosexuales cristianos a pesar de que el cristianismo en 99% de sus vertientes (y hasta en sus textos originarios) es anti-homosexual hasta el tuétano. Lo mismo podemos decir de la vergüenza de hablar sobre sexo abiertamente, de pedir cosas “fuera de lo común” en el sexo y hasta de llevar a cabo prácticas como las relaciones abiertas y el poliamor.

Por cierto, Darrel Ray defiende durísimo este tipo de prácticas y dice que si bien no son para todos, una pareja debería ser capaz de hablar de estas cosas. Dice que si no lo podemos hablar es por culpa de… ¡correcto! La religión. En realidad hay parejas de ateos o desinteresados religiosos que no pueden hablarlo. ¿Por qué? Porque no necesariamente es la religión, es la idea de que el otro va a juzgarnos si le decimos que queremos tener relaciones sexuales disfrazados de conejitos. Y ese es un ejemplo muy superficial, porque ya si nos metemos a lo profundo, tenemos fenómenos mentales mucho más complejos. Por ejemplo, una chica puede tener miedo de decirle a su chico “tengamos una relación abierta” porque igual la manda al diablo. ¿La manda al diablo debido a la religión? No, la manda al diablo porque él quiere una relación monógama, la relación que desea y que ha conocido desde su infancia a través de la situación edípica. Pero este tipo de fenómenos son ya muy complejos para este texto.

G&R - Cita Tres

¡Y ahi está mi principal problema! Darrel Ray se queda durísimo en su área de confort a lo largo de todo el texto. Hace críticas superficiales que, al ojo no entrenado, pueden parecer profundas. Pone sobre la hoja juicios de valor completamente injustificados y los adereza con ejemplos seguramente escogidos de entre todos los que recibe. Además, no olvidemos que recibe los testimonios en su página, que lo primero que te pregunta es “¿Cómo escapaste del virus de Dios?” Quienes visitan y participan en una página que llama a Dios un virus tienen cierta inclinación a echarle a la religión la culpa de todos sus problemas. Vaya, que sus evidencias están cargadas. Vayamos a un sitio evangélico a preguntar cómo la fe en Dios mejoró la sexualidad de los creyentes y nos daremos cuenta hasta que punto las evidencias de este libro no lo son del todo.

Eso sin contar que hace afirmaciones sin una sola cita. Sí, cita mucho, de que tiene citas las tiene, pero no las suficientes para todo lo que asegura. También presenta estudios que le dan la razón a su diatriba y curiosamente omite los que no le dan la razón y ni siquiera se molesta en decir, aunque sea de vez en cuando, que sobre determinado fenómeno hay varios estudios contradictorios (como sucede mucho en el campo de la psicología moderna). Además, habla muchísimo de los animales como si eso ayudara a que los seres humanos tuvieran una sexualidad diferente. Habla de la poligamia animal y niega que haya animales monógamos (nota importante: sólo desmitifica la monogamia de los animales que sí son polígamos aunque la realidad sea otra, pero ni menciona a los animales con monogamia reafirmada). Perdón, señor autor, que los animales tengan determinado comportamiento no legitima que los seres humanos lo tengan (al menos que quiera identificar a las personas de una fiesta oliéndoles el culo). El argumento “si pasa en el mundo animal, entonces no está mal que los humanos lo hagamos” me parece un pésimo argumento, a decir verdad.

Pero bueno. Luego de mi propia diatriba sobre las diatribas del Dr. Ray, puedo concluir con lo siguiente: sí, la religión tiene influencia en nuestra cultura y la forma en que vemos y vivimos nuestra sexualidad. Pero la religión institucionalizada y sus reglamentos nunca serán más fuertes que nuestras inclinaciones mentales inconscientes, a donde la religión y sus reglamentos difícilmente tienen acceso más que como representaciones simbólicas. Fuera de eso, el libro tiene varios puntos interesantes, como el cambio de la sexualidad a lo largo de la historia, la forma en que las religiones han cambiado su postura ante la sexualidad e incluso cómo algunas de ellas han cambiado la “historia oficial” para adecuarse a posturas más severas contra la apertura y la liberación de la sexualidad humana.

G&R - Cita Cuatro

Si estos temas te interesan y si no te molesta sentir que estás leyendo un libro que se siente como propaganda cada dos párrafos, entonces échatelo, pero a sabiendas de que me parece que está mucho más largo de lo que debería estar para lo que contiene de valor real. La finalidad del autor, más que otra cosa (y cueste lo que cueste) es convencerte de su punto de vista y, para ello, escribe y argumenta con la misma objetividad que una porra futbolera.

¡Buena Suerte!

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