Libro. “Plenitud Cuántica” – Francisco Legarreta, 2019.

Hace unos meses leí un libro sobre física cuántica para mejorar la vida, pero por razones personales no subí a este blog mi punto de vista al respecto. Aunque me propuse no volver a tocar un libro de física cuántica de ese estilo, un familiar escribió “Plenitud Cuántica” y me pidió leerlo. Yo, que soy muy crítico de la física cuántica mal entendida, le pregunté si podía ser completamente honesto con mi punto de vista sobre su texto y me dio permiso para ello. Así que, sin más preámbulo, aquí les dejo mi postura personal sobre “Plenitud Cuántica”.

Pancho - Portada

Francisco Legarreta propone un plan de ocho semanas para liberar al lector del lastre de su pasado y convertirse en la mejor versión de sí mismo. Curiosamente, el libro que leí a inicios de año estaba también formado por 20 reglas cuánticas para lograr ser una persona existosa. Los dos libros son muy parecidos en lo que buscan lograr: que quienes sigan estos pasos, estas prácticas, estos ejercicios y etcétera, logren el éxito, salgan de sus problemas, dejen atrás la depresión, puedan mejorar sus relaciones personales, alcanzar sus sueños, etcétera. ¿Suena maravilloso? Sin duda que suena maravilloso. ¿Un libro tan pequeñito (como lo son ambos) puede decirme cómo resolver mi vida? Es que bueno, ni la Lotería… la vida nos enseña un día sí y otro también que nada, nunca, es tan sencillo.

Dejaré de tocar aquí el otro texto y me enfocaré en “Plenitud Cuántica”. Pero no puedo iniciar sin considerar un tema que ya me cansó: la física cuántica mal entendida. Casi todos los libros (y revistas y películas) que tocan la física cuántica como herramienta para acercarse a la psicología, la conducta o la espiritualidad, toman como punto de vista el mismo experimento, llamado experimento de la doble ranura. Este experimento, según conclusiones mal entendidas, mostró que la realidad cambia cuando la observamos.

De un día para otro, se empezó a decir que los seres humanos pueden modificar su vida a placer, que la espiritualidad se puede demostrar por física cuántica, que la reencarnación no es más que otro fenómeno del mundo cuántico, que una persona del presente puede canalizar cuánticamente a espíritus de seres muertos hace mucho tiempo (algunos de los cuales no tienen siquiera evidencia de haber existido) o que depende del deseo personal que el tiempo, el espacio y la materia cambien. Y entonces, nos llenamos de libros como “El Secreto”, con su “ley de la atracción” basada en principios cuánticos de “si lo deseas, sucede” o películas como “¿Y Tú Qué Sabes?” que aseguran que el ser humano no puede ver lo que no conoce, que el tiempo no existe, que podemos hacer cambiar el espacio, que desconocemos un montón de dimensiones (todas ellas espirituales), entre otras cosas. Y entonces, de repente, decenas de autores y pensadores estaban usando su interpretación del experimento de la doble ranura para enseñar montones de cosas (muchas veces contradictorias entre ellas).

Plenitud Cita 06

El libro de Francisco Legarreta llega tarde a las estanterías. Este asunto de la física cuántica como herramienta para cambiar tantas cosas (el pasado, el futuro, la materia, el pensamiento, los problemas, el fracaso, la depresión y un largo etcétera) estuvo muy de moda en la primera década del siglo XXI. Desde entonces, el apego a estas ideas, por más maravillosas y atractivas que sean, ha ido disminuyendo. Ya hoy no hay quien se crea lo que propone “El Secreto” y la famosa “Ley de la Atracción” ha pasado a etiquetarse, en palabras de Odín Dupeyrón, como “exceso de pensamiento mágico pendejo”. Ya con ese preámbulo es muy difícil creer que el libro de Legarreta logre algo de verdadero valor o de aplicación concreta. Sobre todo si consideramos que nos promete cambiar enteramente nuestra vida en ocho semanas. Cualquier ser humano con dos dedos de frente que haya vivido lo suficiente en este planeta sabe que nadie cambia su vida entera en ocho semanas, menos luego de leer un libro, menos después de hacer ejercicios de meditación.

¿Qué tipo de ejercicios? Uno de los ejercicios consiste en colocarse en una habitación iluminada, frente a una puerta que dé hacia una habitación oscura. Otro de los ejercicios consiste en recordar un momento satisfactorio y llenar un cuadro informativo, y el resto de ellos consisten en colocarse en una posición cómoda, respirar profundamente y luego ir soltando el aire poco a poco. Mientras se hace esto, tenemos que pensar en una situación determinada de nuestro pasado y nos enfocamos en todos los sentimientos que esa situación nos provocó. Luego, cambiamos esa situación, la reconstruimos en nuestra mente de otra forma, con los sentimientos opuestos, con mejores herramientas para enfrentarla. Y entonces ponemos atención a cómo nos sentimos ahora que la estamos re-viviendo en nuestra mente de otra forma. Esa misma actividad la realizamos varias veces, pero pensando en un recuerdo que haga brillar la vida para la primera semana, un estado negativo para la segunda, un momento terrible con una figura de autoridad para la tercera, etcétera.

En el caso de la habitación iluminada junto a la oscura, tenemos que colocarnos en la habitación iluinada e imaginar que del otro lado está una persona que nos hizo daño en el pasado. Entonces cruzamos el umbral y, ya en la habitación oscura, imaginamos que tomamos a esa persona del hombro, que la abrazamos, que le damos la mano y la perdonamos de todo corazón por lo que nos hizo. Luego, volvemos a la habitación iluminada y en el umbral entre una habitación y otra se construye una especie de cristal con una sustancia que nos permite ver a la persona de la habitación oscura. Somos nosotros. En realidad todo el tiempo estuvimos abrazando y perdonando a una versión nuestra del pasado que nos hizo daño. Al perdonarlo, nos perdonamos.

Plenitud Cita 05

Finalmente, en el caso del otro tipo de ejercicio, lo que se tiene que hacer es reflexionar sobre un hecho que nos diera enorme satisfacción y, con lo que sentimos, llenar un cuadro de tres columnas que indica como nos sentimos, qué pensábamos y qué hacíamos antes, durante y después de un triunfo afortunado. Entonces, en resumen son dos ejercicios diferentes y seis ejercicios iguales con un par de cambios de contenido y modificaciones superficiales en la forma entre uno y otro.

Si a estas alturas te estás diciendo “ah, ¿entonces el autor quiere que cambiemos nuestra vida con sesiones de meditación?” Pues sí, eso es más o menos lo que entendí. Y ojo, no voy a atacar el poder de la meditación, pues sirve para lograr mucha más calma, funciona para disminuir la depresión, nos ayuda a conocernos mejor de forma superficial… vaya, la meditación tiene un lugar en nuestra vida y a todos les haría bien practicarla. La meditación está apoyada por la evidencia como solución a problemas sencillos de nuestro estado de ánimo y la corrección de algunas relaciones interpersonales. Pero de eso a pensar que la meditación por sí misma va a cambiar nuestra vida, nos va a ayudar a cumplir nuestros sueños, nos sacará de situaciones de vida complicada y nos llevará al éxito… híjole… no sé si llamarlo idealismo, utopía o, en el peor de los casos, vana ilusión. Como dice un brillante colega mío: las curitas tienen su lugar en la vida, nos ayudan con heridas pequeñas y alivian heridas superficiales, pero nada más.

Ahora volveré sobre la física cuántica. El autor insiste una y otra vez que nadie entiende de física cuántica, que incluso los grandes expertos de la física cuántica dicen que si crees que le entiendes, no le entiendes. ¿Entonces cómo es posible que haya tantos libros sobre la física cuántica aplicada a la psicología, a la espiritualidad y al comportamiento? ¡Entonces sí le entienden! Y si no le entienden, ¿de dónde pueden decir que la física cuántica logra esto o logra aquello? Los mismos libros que proponen el uso de la física cuántica para alcanzar el éxito son los que insisten que la física cuántica no se entiende. Si no se entiende, ¡¿cómo se puede usar para lograr el éxito?!

Plenitud Cita 04

Pues nada, que todo es una vana ilusión. La física cuántica, complicada de comprender como es, le dio espacio a un montón de gente a creer cosas inverosímiles, desde la reencarnación hasta el cambiar nuestra vida a partir de meditaciones imaginativas, que mente y cuerpo son dos cosas diferentes, que la mente humana puede alterar la materia y todo ello disfrazado de ciencia, porque desde su punto de vista no es religión, no es metafísica, no son patrañas… es ciencia… ¡Es física! Lo que no le dicen a nadie es que la ciencia actual, sobre todo los que están metidos en la física cuántica, aseguran que las interpretaciones hechas del experimento de la doble ranura son equivocadas en el mejor de los casos y falsas en el peor de los mismos. Las conclusiones reales (y muy complejas) de este experimento dejan claras dos cosas: que la consciencia no es independiente de la materia o que la consicencia no es responsable del fenómeno. Creo que la explicación menos difícil (que no más fácil) que he encontrado sobre el fenómeno es la realizada por Robert Lea para Medium.com. Si quieres leerla, entra acá: https://medium.com/predict/the-double-slit-experiment-demystified-disproving-the-quantum-consciousness-connection-ee8384a50e2f

Entonces, toda la parte de física cuántica se ve bastante comprometida con este hecho. Y la parte de los ejercicios es demasiado simple para pensar que puede arreglar nuestra vida o llevarnos al éxito. Legarreta nos pide todo el tiempo que le creamos, que le demos el beneficio de la duda, que lo hagamos y veamos los resultados. Pero todo parte de un profundo error: el autor cree que hay que desechar el pasado o, de menos, los elementos del pasado que nos afectan. Pero eso no se puede, somos seres de memoria, somos pasado. Meditar que nuestro pasado fue diferente a como fue no lo hace real. Por más que imaginemos que ya nos hicimos de herramientas diferentes, las herramientas no llegarán. Por poner un ejemplo hiperbólico (pero muy didáctico): imaginar que sé Kung Fu, meditar que aprendo Kung-Fu, que en una situación del pasado no sabía Kung-Fu pero ahora me visualizo sabiéndolo… Noticias: ¡no voy a aprender Kung Fu!

Pero Legarreta no sólo nos invita a “cambiar”, sino que es un autor profundamente exagerado con el afecto que siente por su lector: “atrévete a hacerlo” como si fuera aventarse del Bungee. “Sí has llegado hasta aquí…” como si fuera un maratón sin puntos de refresco. “Si estás leyendo estas líneas ya estás haciendo la primera acción fundamental para el resto de tu vida”… al contrario, la gente que lee libros de superación personal y auto-ayuda no hacen nada de su vida porque creen que con leer es suficiente. En realidad, cambiar nuestra vida (cuando se llega a lograr) es muy complicado y requiere de mucho esfuerzo, mucho tiempo y mucho dolor. Un libro que ofrece un cambio profundo de vida en ocho semanas es demasiado bueno para ser verdad.

Plenitud Cita 03

Pero el autor no es mal intencionado ni busca engañar a nadie, lo que sucede es que sus propuestas se basan en una comprensión muy superficial y simplificada del sistema mental. Y por ello es que dice, y cito: “pude reconstruir mi camino sin el esfuerzo que implica la reconstrucción a través de la terapia tradicional”. Eso me suena a cuando un aparato para adelgazar se anuncia como “baja de peso sin difíciles dietas y sin horas de ejercicio”. ¿Qué creen? La única forma de adelgazar es con una dieta balanceada y horas de ejercicio. Cuando algo se vende como fácil, la probabilidad de que no funcione es amplia. Y una de las formas más sencillas de reconocerlo es que los autores de estos libros de “alcanzar el éxito” no son ni Bill Gates ni Elon Musk… ¿cómo pueden explicar que el éxito que desean sea tan… deslavado? Si tienen las técnicas perfectas para alcanzar el éxito, ¿por qué no están dando conferencias en París o inventando la cura contra el Cáncer? Estos libros siempre aplican el “un montón de personas han cambiado”, “cientos se han visto beneficiados”… ¿Quiénes? ¿Dónde están? Mientras más improbable es la afirmación, más contundente debe ser la evidencia. Aquí no hay más evidencia que “créelo”, “date la oportunidad”, etcétera.

Dije que la visión del sistema mental es superficial y simplificada… Sí, porque el autor todo el tiempo nos pide que reconozcamos lo que estamos sintiendo, pero ignora que buena parte de lo que genera nuestros problemas del presente son afectos de naturaleza inconsciente y que no sabemos bien qué estamos sintiendo o el origen específico de ese sentimiento. Podemos meditar tres siglos seguidos sobre las situaciones que nos generan X o Y sentimiento, pero todo ello va a ser infructuoso porque estamos trabajando a nivel consciente, cuando que los contenidos con los que deberíamos trabajar son, en su mayoría, inconscientes. De hecho, el autor quiere que eliminemos o cambiemos los registros del pasado, lo cual es imposible si consideramos que el registro se mantiene inconsciente. Por ello todo este asunto de “pegarle a un cojín” no es más que una bonita estrategia de desahogo, pero, como bien se sabe, desahogarse alivia, pero no cura… y menos cuando no tenemos certeza de qué es lo que nos está llevando a sentirnos de esta forma y, peor aún, cuando el contenido de lo que pensamos y decimos (la forma en que lo simbolizamos y lo comunicamos) nunca es obvia.

No ayuda el hecho de que el autor difícilmente pone ejemplos. Cuando lo hace, es sobre su propio caso y casi siempre de forma muy escueta. No nos habla de casos de éxito y cómo fueron alcanzados. No nos habla de un pepenador que llegó a dirección de una empresa. Y aquí está el problema. Como no tengo ejemplos, no sé hasta dónde llegan (o cómo) estas técnicas y estos ejercicios. Pero, sólo de leer las páginas de Legarreta, me suena a que no considera siquiera los casos más difíciles. Quiero que una mujer violada o la madre de un hijo asesinado intenten aplicar estos ocho ejercicios… Que perdonen de corazón al violador o al asesino, que se recuerden con fuerza en la situación que cambió su vida para siempre y que eso cambie su presente. ¿Cómo debe recordarse la mujer violada en su reconstrucción de la violación? ¿Cómo debe pensarse la madre del hijo muerto cuando reconstruya el momento en que se enteró del hecho? Y una vez que lo hagan, ¿eso cambiará su presente? Nunca. Volvemos a lo mismo: las curitas no son cirugía reconstructiva.

Plenitud Cita 02

Negar el pasado, negar el afecto, negar el dolor e intentar eliminar su registro, no lleva a nada bueno. Un hecho de psicología básica es que todo sentimiento que se intenta reprimir, ignorar o negar regresa con mucha más fuerza. Sin embargo, es lo que este libro nos pide que hagamos. El amor duele, la pérdida duele, la muerte duele… y es parte de lo que hace valiosa la vida. Borrarlo (o intentar borrarlo para “alcanzar el éxito” es una pésima idea… además de que no funciona). Luego el autor nos pide que, si nos atrevemos, nos acerquemos a personas imaginarias que no están ahí y que somos nosotros mismos, que debemos perdonarnos por lo que hicimos en el pasado. ¿De qué se tiene que perdonar la madre del hijo asesinado? ¿De qué se tiene que perdonar la mujer violada? ¿De no ser fuerte para quitarse de encima al violador; de vestirse menos sexy para no ser violada; de verse menos hermosa al espejo? Este libro necesita de muchas explicaciones, pero el autor prefiere que lo malentendamos (si es que lo estoy malentendiendo… y mi corazón espera que así sea).

No puedo dejar de señalar otras afirmaciones sobre pseudo-física que me parecen osadas, como decir que el tiempo es un constructo humano (supongo que el tiempo no aplicaba a los dinosaurios, que vivieron muchos millones de años antes que los seres humanos… y con lo de “millones de años” no sé qué estoy diciendo, si no había humanos y el tiempo es una convención humana). También dice que el espacio es una ilusión absoluta y lo dice de manera categórica. Quisiera que el autor saltara desde la azotea del Empire State para que viera lo ilusorio que resulta. Ojo, ¿entiendo que desde el punto de vista de la física cuántica el tiempo y el espacio no son lo que en la física común? Sí. Pero nosotros, nuestra mente, nuestro tiempo y nuestro espacio no funcionan a nivel cuántico ni podemos suponer que lo hacen. Nuestras neuronas no funcionan a nivel cuántico, por ende nuestra psique, nuestros afectos y nuestro comportamiento. Y entonces todo el texto, a pesar de sus buenos deseos, se derrumba.

¿Buenos deseos? Sí. No creo que el autor de este libro (ni de la mayoría que he leído sobre “física cuántica para alcanzar el éxito”) sea malintencionado. Al contrario, ellos quieren creer en ello, ellos quieren compartirlo. En sus palabras y sus intenciones se lee que quieren tenderle la mano a otro, ayudarlo a alcanzar la felicidad. El problema es que creen que es fácil. Parte de su psique se adecua a esta triste época en donde se cree que el éxito es para todos, es rápido y es sencillo. Legarreta nos pregunta todo el tiempo si nos atrevemos a seguir y nos felicita por nuestra valentía, esa que se exhibe porque decidimos leer un libro que se termina en una sentada. ¡Eso no es valentía, por favor! Pero en nuestros días de darle diploma al que quedó en último para “no bajarle la autoestima”, nos vemos forzados a aplaudir este tipo de cosas.

Plenitud Cita 01

Recomiendo este libro para aquellos que son fanáticos de este tipo de textos; para aquellos que aman los libros de superación personal y autoayuda, aquellos que quieren creer que la fe y la religión son asuntos de ciencia y no de creencia. Si te gustó “El Secreto” o “¿Y Tú Qué Sabes?”, si te gustó “El Prisionero” o “Gracias por ser Feliz”, si te gustan los libros de física cuántica aplicable a la psicología y el comportamiento… entonces este libro es para ti. Sin embargo, sí pido que haya más ejemplos sobre todas y cada una de las afirmaciones, los ejercicios y las formas en que cambian la vida estas técnicas. URGEN para la próxima edición, sin duda alguna.

Yo, en lo personal, quiero que lo compren. Primero, porque hay que apoyar a los autores mexicanos, para quienes es cada vez más complicado publicar y ser leídos. Segundo, porque quiero que generen sus propias conclusiones. No se queden con lo que yo digo y es más, pongan en duda (y debatan conmigo, si quieren) todo lo que aquí se dijo, porque no hay nada que le haga más falta a esta sociedad contemporánea que el debate de fondo, el debate con argumentos.

¡Buena Suerte!

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