Película. “El Muñeco Diabólico” (Child’s Play) – Lars Klevberg, 2019.

La primera película del ya famoso muñeco asesino, Chucky, fue estrenada en 1988 y logró tal éxito que tuvo seis secuelas (si no se me pasa ninguna). Este año, 31 años más tarde, el productor de las anteriores decidió hacer una nueva versión de la historia, pero con una inclinación más “realista”. Aquí les dejo mi punto de vista sobre un remake más del cine de los Estados Unidos… madre santa, ya se está haciendo costumbre.

Chucky - Poster

En la versión original, un asesino en serie transfiere su espíritu a un muñeco de “niño bueno”. El juguete termina en manos de Andy, un niño de seis años. Los asesinatos comienzan a suceder y el primer sospechoso es el niño, hasta que poco a poco se descubre que es el juguete. En esta versión, no hay un asesino en serie tomando posesión espiritual del juguete, sino que el muñeco tiene una inteligencia artificial superior que, sencillamente, toma las peores decisiones del mundo basado en lo poco que entiende sobre la percepción que tiene del mundo que lo rodea.

¿Y por qué no sucede lo mismo con todos los muñecos de la serie? Ah, pues porque el empleado vietnamita que estaba armando a esta versión específica del muñeco le pareció buena idea eliminar todos los diques que el software pone a la inteligencia artificial del juguete, de modo que esta versión, tristemente única, no respeta las limitantes que se supone que los juguetes traen de fábrica. De modo que puede aprender majaderías y llevar a cabo acciones violentas, si es lo que el juguete considera necesario para alcanzar determinado objetivo.

En una película que bien podría ser el argumento de un episodio de “Black Mirror”, el juguete de inteligencia artificial avanzada comienza a matar gente para defender la amistad que lo une a su niño. En esta ocasión dicho niño también se llama Andy, pero tiene 13 años y problemas de audición que ayudan a que Chucky se comunique directamente con él a su oído. Los muertos empiezan a apilarse y Andy tendrá que lidiar con ello, o bien intentar explicar que las muertes han sido ocasionadas por un jueguete psicópata.

Chucky - Chucky

Cuando supe de qué iba esta película mi corazón se dividió en dos. Por un lado, que Chucky sea un asesino en serie atrapado en el cuerpo plástico de un juguete es una idea que, aunque es tontísima si le ponemos dos gramos de neurona, generó una saga de siete películas y uno de los villanos más representativos del cine de terror slasher. Por el otro, creo que el muñeco diabólico de 2019 se asocia más a la forma en que la actualidad nos tiene atados a nuestros celulares y otros aparatos “inteligentes” que se supone hacen nuestra vida más fácil mientras que, al mismo tiempo, nos están haciendo incapaces hasta de encender las luces de nuestra casa. Este Chucky es una versión terrible de aquél osito de “I.A.” de Steven Spielberg. Al nivel que están alcanzando las Siris, las Cortanas y las Alexas, no estamos muy lejos de juguetes que funcionen con la misma tecnología y que, además, como la película lo expone, puedan interactuar con otros objetos digitales con inteligencias similares.

Porque algo que hace interesante a esta película que no tenía la otra es que Chucky en realidad es un buen muñeco. Todos los asesinatos responden a conclusiones equivocadas que alcanza su inteligencia artificial con muy poca información, por un lado, y al contenido violento al que Andy, sin darse cuenta, lo vincula. El muñeco cree que la violencia es divertida y que alegra a su niño, pues lo ve morirse de la risa frente a películas sangrientas y lo escucha desear la desaparición de personas. Chucky sólo une los puntos y actúa según su deseo de tener a Andy contento, sin problemas y listo para jugar con él. Al igual que David de “I.A.” una vez que el muñeco se ha vinculado con un niño, hará todo por él… sobre todo sin el bloqueo que se supone que debe traer de fábrica. La película, si le busco más contenido del que realmente tiene y considero el guion como más inteligente de lo que creo que realmente es, resulta una analogía sobre la psique humana y la forma en que vamos aprendiendo en el periodo de socialización. Un nuevo ser humano aprenderá de lo que le rodea y, si le rodean la sangre, el dolor y el sufrimiento, vivirá su vida a partir de esos principios.

Por qué digo que veo la película como más inteligente de lo que realmente es? Porque nunca entendí el tono de la maldita cosa. Es muy sangrienta, con asesinatos explícitos bastante desagradables. La siguiente escena busca la risa. Pasa de la risa al chiste y del chiste a la risa de forma indiscriminada. Sí, entiendo, la película no se toma en serio a sí misma, sabe que su premisa es algo torpe… pero no creo que lo sea. Hay gente muerta de miedo porque su Alexa se despierta a media madrugada y empieza a decir cosas, o se ríe. Estas cosas sí están de susto. Y bueno, vaya, un muñeco no puede matar gente, pero carmaba, una vez que el espectador ha suspendido la inverosimilitud por ese detalle, creo que la película estaría mejor si fuera de terror y no pasara del horror a la comedia en dos segundos. El público no sabía si estar tenso o reírse, o ambas, o ninguna.

Chucky - Lars Klevberg

Lars Klevberg, el director

Las actuaciones son lo normal para una película de este estilo. Amo a Aubrey Plaza con todo mi corazón y ella hace lo necesario. El niño Andy también está bien, nada extraordinario. Aplaudo, sobre todo, la voz de Mark Hamill. Fue todo un atrevimiento cambiar la ya establecida voz de Chucky (que es de Brad Dourif), la misma que ha posicionado al personaje durante las últimas tres décadas, por otra… la de quien fuera. Pero es Mark Hamill, el incónico Guasón de la serie animada y, según algunos, el mejor Guasón en la historia de los medios audiovisuales. Hamill adoró su papel y lo estuvo cacareando durante meses en sus redes sociales. Escucharlo cantar el tema principal de la película me deja con sentimientos encontrados. No sé si me da risa, miedo, ansiedad o qué demonios. Y creo que era su intención clarísima, no por nada es uno de los mejores actores de voz de Estados Unidos, a pesar de que se le siga encasillando por su papel de Luke Skywalker.

La música, de Bear McCreary, también es de lo más sobresaliente. Y bueno, no puedo despedirme sin aplaudir también que una película de terror regrese al estilo ochentero de las muertes sangrientas a las que nos acostumbraron películas como “Viernes 13”. Dos segundos, un segundo, tres segundos de sangre, huesos y charcos rojos. Me encantó cómo volvieron a ser políticamente incorrectos en este sentido. Extrañaba este tipo de slashers. Luego de ver “Cementerio Maldito” en su nueva versión, siento que hasta el terror está siendo deslavado en el cine actual. Ya nada puede ser intenso y “El Muñeco Diabólico” lo intenta con un poco de más ganas que sus pares.

¡Buena Suerte!

 

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