Película. “Ted Bundy: Durmiendo con el asesino” (Extremely Wicked, Shockingly Evil, and Vile) – Joe Berlinger, 2019

Ted Bundy es, quizá, uno de los asesinos en serie más famosos de la historia y quizá una de sus principales características es que, a diferencia de otros asesinos que fueron antisociales e incluso solitarios, este hombre era popular, carismático y tenía un monton de fanáticas que lo seguían como si fuera estrella de rock. En cuanto vi los avances se me antojó mucho, pero durante varias semanas no pude verla porque la encontraba sólo doblada al español y las funciones en su idioma original no se ajustaban con mi agenda. Pero finalmente aquí les dejo mi punto de vista.

Bundy - Poster.jpg

La película está mayormente contada desde el punto de vista de Liz Kendall, una secretaria que conoció a Ted Bundy en un bar de Seattle una noche que salió de tragos con una amiga. La relación comenzó con el pie derecho, y Ted resultó un tipazo. Amoroso, cuidadoso, entregado y, sobre todo, aceptaba a Liz a pesar de ser madre soltera, un asunto que, desde el punto de vista de ella, la tenía destinada a la soledad por los tabús al respecto de los años setenta en los Estados Unidos. Sin embargo, toda esa enorme felicidad de la pareja perfecta se vino abajo muy rápido.

En 1974, Ted es capturado por la policía y acusado de asesinar y amenazar a una jovencita. Aunque lo dejan salir bajo fianza, Liz no sabe qué pensar y Ted le asegura que es el Estado que quiere fastidiarlo. Según él, los policías quieren inculparlo por cosas que no hizo hasta el punto de manipular a la joven para señalarlo a él como culpable. Ted es un brillante estudiante de derecho, así que comprende las leyes y la forma en que éstas pueden ser manipuladas. Liz, por amor, le cree todo, a pesar de que al final del juicio es señalado como culpable y sentenciado a quince años de prisión.

El golpe para Liz es terrible, pero no es el primero y mucho menos el único. Con el paso de los meses, ella va perdiendo la esperanza y, aunque está profundamente enamorada de él, deja de visitarlo en la cárcel y ya no contesta sus llamadas. Está decepcionada, está confundida. Mientras las noticias y los juzgados dicen cosas terribles de él y lo persiguen por secuestrador, violador y asesino, Ted asegura entre lágrimas de impotencia que nada es verdad y que todo es un fraude del sistema judicial. Él es seguro de sí mismo, guapo y carismático, además de que asegura su inocencia con una certeza que no deja lugar a dudas… ¿o sí?

Bundy - Liz

La película está basada en el libro “The Phantom Prince: My Life With Ted Bundy”, escrito por la veradera Liz Kendall. Sin embargo, también tiene recreaciones de situaciones que sucedieron durante las estancias en prisión de Ted Bundy, sus apariciones en televisión, el desarrollo de su juicio final (que también fue televisado) y declaraciones de otras personas que fueron importantes en su vida, como las de su esposa Carole Ann Boone. Vaya, que la cosa está bastante completa, desde mi punto de vista. Lo interesante es que la película está narrada como si no supiéramos que Ted Bundy fue culpable en la realidad.

A ver, déjenme poner esa idea en orden. La película está escrita para que no sepamos si él es realmente culpable o inocente. De hecho, hay momentos en los que, como espectadores, nos preguntamos si realmente es o no el responsable de esos secuestros y asesinatos. Sin embargo, Ted Bundy es de los asesinos en serie más famosos en la historia de Estados Unidos (y miren que la mayoría de los grandes asesinos son de allá). Aunque el espectador no sepa mucho del asunto, en algún lado, algún día, escuchó del fulano y sus actos terribles. Por ende, todos en la audiencia (o la enorme mayoría), sabemos que el tío es culpable desde el segundo uno de película. Por ende, no entiendo por qué el guionista tuvo la necesidad de narrar su historia creando en nosotros la duda de si lo hizo o no lo hizo… ¡no hay misterio, todos sabemos que lo hizo!

De modo que cuando llega, al final, la declaración de Bundy sobre su propia culpabilidad, no hay ningún misterio develado ni una enorme sorpresa en la audiencia. Entonces, por ahí, no entiendo la intención, menos cuando el título de la película lo etiqueta de asesino (en español) y lo llama enfermo, malvado y vil (en inglés). Quizá lo que el creador quería, en realidad, no era crear en nosotros la duda, sino hacernos sentir lo mismo que se sentía la sociedad de aquél entonces, que por más evidencia que veía de su maldad y sus actos criminales, seguía creyendo en su inocencia, seguía apoyándolo y convirtiéndolo en una figura mediática admirada y aplaudida. El director nos puso en los zapatos de todas aquellas mujeres que eran capaces de creerlo inocente sólo por su belleza física, su intelecto agudo y su carisma imbatible.

Bundy - Joe Berlinger

Joe Berlinger, el director

Si este es el caso, entonces tanto el director como Zac Efron, el protagonista, hicieron un gran trabajo. En buena parte de la película te crees el asunto. Suena tan real y tan honesto cuando, entre lágrimas, le dice a Liz que el Estado lo persigue y que él no cometió esos actos, que mi mente ignoró los hechos reales de su vida que yo bien conozco y, por un segundo, pensé que quizá el fulano podía haber sido inocente. Algo que ayuda en esto es que Efron, aunque es carismático y guapo, no tiene los ojos de locura que ciertamente sí tenía Bundy (como se puede ver en videos y fotos de la época). Así que la mirada inocente del actor ayuda mucho a que nos creamos la mentira que Bundy sostuvo durante décadas (o peor, la mentira que sostuvo acompañada de una actitud de victimización constante.)

Aplaudo a Zac Efron por poderse quitar de encima a “High School Musical”, algo que Vanessa Hudgens no ha podido lograr hasta el momento. Efron se ha metido a varios proyectos interesantes y, sobre todo, que no lo dejan metido en el saco del guapo heroico. Hacerle de Ted Bundy, me parece, habla de lo mucho que le interesa su carrera como actor. Lo que buscaba no era ser héroe, obviamente, ni un personaje atractivo, sino demostrar que podía representar a uno de los seres humanos más detestables (y seguidos, curiosamente) de la historia de Estados Unidos. Y lo logra, me parece. Si bien no es una copia a la calca del verdadero Bundy y Efron le pone de su cosecha aquí y allá, demuestra que es un actor con un rango mucho mayor de lo que le cuelga el prejuicio de cara bonita que otros le han colgado.

La película me gustó mucho como biografía, porque nos habla de manera escueta de la vida de Ted Bundy sin profundizar mucho en sus asesinatos, lo que hubiera atraído el morbo más que el interés. Uno esperaría que la vida de un asesino en serie fuera retratada llena de escenas de violencia y muerte. No vemos una sola. Una foto hasta el final de la película es todo lo que alcanzamos a visualizar de los crímenes de este asesino. Un flashback acá y uno allá nos muestran momentitos de sus crímenes, pero nada más. No hay una sola recreación de sus actos violentos completos y atascados de detalles. Todo lo vemos a través de fotos del juicio y nuestra propia imaginación. Igual que el jurado de aquella corte de Florida, tenemos que decidir su inocencia o culpabilidad a través de evidencia que no es capaz de comunicar con eficacia el nivel de crueldad en los actos cometidos.

Bundy - Con el Original

Zac Effron y el verdadero Ted Bundy

La película sobre un asesino violento se niega a mostrarnos violencia. Porque ojo, no sólo no vemos sus asesinatos, ni nos atascan la pantalla de fotos sobre cadáveres y desmembramientos… además, no nos muestran su muerte. Pensé por un momento que veríamos la pena capital y que seríamos espectadores en cómo Bundy se sentó en aquella silla eléctrica. Pues no. La película logra llegar a sus casi dos horas sin nada de eso y, con ello, lanza un profundo mensaje a la audiencia, sobre todo en estos tiempos de asesinatos en masa y un país que se niega a ver la gravedad de lo que estos actos representan psicológica, social y culturalmente. La película se enfoca en Ted Bundy como humano o, mejor dicho, como el humano que él presumía ser, sin serlo. Es una película sobre espejismos, sobre falsedad, sobre dobles caras y lo eficaz que pueden ser las mentiras en las manos de quien sepa manejarlas con convicción y carisma.

Fuera de eso… Pues Lilly Collins está muy bien, aunque su personaje no hace mucho. Está. Punto. No hace más que llorar, tomar alcohol, fumar y deprimirse. Entiendo que, por la naturaleza de la película, su personaje no podía hacer otra cosa. Sobre los otros nombres importantes: Jim Parsons es Sheldon. Sin importar lo mucho que se esfuerce por lograr un papel mejor logrado, le puso tanto de sí mismo al personaje de “La Teoría del Big Bang” que ya no se lo puede sacudir; esperaba que el fiscal de Florida soltara un “¡Bazinga!” en cualquier momento y eso me parece muy triste. Harry Joel Osment… ni qué decir. Hace quince años era el niño actor de la década, se perfilaba para ser actorazo y la verdad es que no, se pierde como una figura de fondo. Hasta la presencia de John Malkovich es innecesaria. La realidad es que todo el peso de la película lo carga Zac Efron y lo apaudo por ello.

Vayan a verla en la tarde, porque en la mañana las salas de cine están atascadas con la versión doblada al español… Esto me sorprende profundamente, porque no lo entiendo desde ningún punto de vista. ¿Qué tipo de público querría ver esta película en español? Pero bueno, más allá de eso, échensela antes de que la quiten, pues no falta mucho para ello. Es un retrato escueto, sencillo pero bien investigado y reproducido de uno de los nombres más infames de la historia moderna de Estados Unidos.

¡Buena Suerte!

 

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