Libro. “Aventuras de un Guionista en Hollywood” (Adventures in the Screen Trade) – William Goldman, 1983.

3 Ago

Un día estaba platicando con un amigo mío sobre los famosos libros de formato de guion y la manera en la que te dicen qué debe ir pasando en una historia según la página en la que se va desarrollando. Este amigo, que odia este tipo de formatos con toda su alma, me dijo que se aprende más de leer las vivencias de un verdadero guionista, así que me recomendó este libro de William Goldman y aquí les dejo mi punto de vista al respecto.

William Goldman es un novelista y guionista que, antes de su muerte en 2018, fue el creador de algunos de los guiones más celebrados de Hollywood. El señor ganó dos Óscares al mejor guion (uno a guion original y otro a guion adaptado), además de un montón de otros premios y nominaciones a diestra y siniestra. Su último guion, “Wild Card” fue escrito tres años antes de su muerte. Vaya, trabajó mucho y de forma constante.

En 1983 publicó el libro que es la base de esta reseña y que se puede dividir en tres: primero, explica cómo funciona Hollywood. Segundo, nos cuenta lo que vivió en algunas de sus películas más importantes. Tercero, nos enseña cómo se adapta un cuento a guion cinematográfico. No sobra decir que las tres partes de este libro son tremendamente divertidas, Goldman escribe de forma muy sucinta y graciosa, el humor negro se le da muchísimo y no deja de asomarse cada dos párrafos.

La primera parta es buenísima. Te habla del verdadero Hollywood. No de aquél que le llega a los espectadores, la famosa fábrica de los sueños. No. Nos habla de las maquinaciones detrás de cámaras, de lo complicado que es levantar una película, de los juegos de poder entre los miembros más importantes de una producción. Pero, además, nos deja clarísimo lo importante que es el narcisismo en Hollywood, con un montón de ejemplos de la forma en la que una estrella puede tirar un proyecto, o lo fácil que los desencuentros entre un director y un actor pueden modificar un guion con muy poco que decir por parte del guionista.

William Goldman, el autor

Goldman nos pone, para todo, ejemplos. En ocasiones no comunica los nombres de las personas involucradas, para no dejarlos mal parados. Pero muchas veces nos dice claramente quiénes sacaron un proyecto adelante, quiénes hicieron berrinche, quiénes retrasaron una producción por un capricho, etcétera. Entonces el libro se vuelve muy entretenido de leer, porque no sólo estás aprendiendo cómo funciona el verdadero mundo del cine, sino que lo haces mientras te cuentan chismes sobre grandes celebridades.

Algo que es quizá de lo más rico del libro es la claridad con la que Goldman rompe el sueño hollywoodense y nos muestra cómo funciona la verdadera maquinaria cinematográfica. Las personas van al cine sin saber todo lo que tuvo que pasar para que una película se produjera, incluyendo la cantidad de proyectos que se caen, se levantan, se vuelven a caer, se guardan para rescatarse o se guardan para quedarse en cajones por toda la eternidad. Muchos de esos proyectos se pierden en la historia porque no valían la pena, pero otros pudieron convertirse en grandes películas y no lo lograron debido a desacuerdos, directores que renunciaron de último minuto, actores o actrices que no pudieron o no quisieron, ejecutivos que no estaban de acuerdo con el desarrollo de la historia, etcétera.

Es lamentable ver la cantidad de maravillosas historias que nunca vieron la luz porque no consiguieron a una “estrella” interesada (o, como dice Goldman, ninguna película despega sin una estrella). O porque la relación entre un actor o actriz y director no era buena. Es frustrante leer cómo el guionista tiene que bajar la cabeza y seguir con su vida cuando un guion no se llevó a cabo nada más porque un actor famoso no estuvo de acuerdo con los diálogos, o porque no se consiguió el director adecuado. El autor dice con toda claridad que el guionista es una especie ciudadano de tercera categoría. Todos creen saber de guionismo, todos juzgan el guion como grandes maestros y todos se creen con la autoridad de moverle y cambiarle. El guionista, cuando tiene suerte, puede defender la historia, cuando no, no hay mucho que hacer de todos modos, lo hacen a un lado y contratan a otro escritor. Y eso es en la preproducción, porque durante la producción y la postproducción ya ni se le toma en cuenta, como si no existiera.

Eso sin contar las juntas. Es bastante divertido leer lo que tiene que decir de las juntas. Muchas de ellas muy costosas (pues los diferentes miembros del equipo básico de pre-producción tienen que volar desde diferentes ciudades) y muchas de ellas inútiles hasta el tuétano. Algunas de ellas cortas y otras largas, interminables, repetitivas e insistentes. La negociación entre el guionista y otros miembros de la producción es constante y no hay nada más rico que encontrar a una estrella, un productor o un director que entienda el guion y la visión del guionista (que los tres la comprendan a cabalidad es una cosa maravillosa y brillante que pocas veces sucede).

Y, mientras habla de todo eso, no deja de hablar con toda honestidad sobre la inseguridad del escritor, sobre cómo se siente que hace mal las cosas todo el tiempo. Igual que lo dice Aaron Sorkin en su Master Class, es de escritores la inseguridad, el pensar todo el tiempo que no sabes lo que estás haciendo, el pedirle a la divina gracia inspiración para que las cosas salgan bien. Comúnmente el mismo proceso creativo de la escritura te suele dar las respuestas, si es que eres lo suficientemente trabajador y abierto para escuchar el mismo proceso. De ahí la importancia de escuchar esa voz, ese tipo de sentimiento que te dice qué hacer y por dónde llevar la historia.

Durante su experiencia en cada una de las películas que escribió nos habla de las reacciones del público, lo que una audiencia espera, lo que una audiencia ama y lo que una audiencia no puede perdonar. Nos habla también de los dueños de los estudios, de los ejecutivos y su corta vida laboral. Desarrolla el trabajo de un director, de un productor y de un director de fotografía. Pero también aclara que hay puestos que no sabe qué son, ni de dónde salieron y que muchas veces se queda mirando la pantalla sin tener la menor idea de qué hacen muchas de las personas ahí enlistadas. Suelta el chisme, en ocasiones, que hay puestos de nombre rimbombante que se inventan nada más para darle lugar dentro de la producción a personas que quizás no tendrían que estar ahí y que llegaron a la película a través de un compadrazgo, o porque tuvieron UNA idea, una liga, o estuvieron en la mesa correcta para presentar al productor A con la estrella B.

Finalmente, Goldman nos comparte un cuento que él mismo escribió años atrás. Luego, nos dice qué elementos han de considerarse para adaptarlo a un guion de cine. Durante dos capítulos piensa en voz alta, en compañía nuestra, qué se debe quedar en la adaptación, que se debe ir y las razones para todo ello. Nos deja entrar a la mente de un guionista-adaptador trabajando. En el proceso de leerlo trabajar, aprendemos mucho sobre el proceso creativo, el proceso de escritura y el proceso de adaptación. Pero, por si nos quedaba alguna duda, luego de terminar el guion de su propio cuento, se lo entregó a varios profesionales del cine para que le dieran su punto de vista, así que también leemos lo que piensa un compositor, un director, un fotógrafo, un editor y un diseñador de producción.

Es un gran libro si te gusta el guionismo en particular o escribir en general. Es un maravilloso libro para aprender el funcionamiento de la industria del cine. Más allá de los chismes de los que nos podamos enterar con este texto, lo importante es aprender las duras realidades del negocio cinematográfico, cosas como que por buena que sea la historia, una estrella jamás actuará a un personaje debilitado o malvado… Eso no lo enseñan en la escuela, eso es un aprendizaje que llega con los topes en la cabeza, topes que se da un guionista que debe hacer más superficial a su personaje porque a la estrella no le gusta la complejidad del carácter de su interpretación (y porque no todos los espectadores van a entenderlo). “La compañía más común del escritor es el fracaso”, dice el autor y quizá no suene bonito, pero es verdadero.

Los dejo con esto. No duden en comprarlo. Sé que es un libro viejo, pero sus enseñanzas sirven ahorita tanto como entonces y hay quejas del autor que aplican al cine de hoy en día sin moverles una palabra. Sé que se publicó una segunda parte con películas más nuevas y chismes más frescos, pero no le he leído aún, así que se los quedo a deber. Mientras tanto, échense éste, está muy barato en Amazon y ya hasta se consigue en PDF.

¡Buena Suerte!

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